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La ciencia ficción más inquietante no siempre necesita explicar de dónde viene una criatura, qué quiere exactamente o cómo funciona su mundo. Under the Skin entiende eso desde el principio y construye su fuerza a partir de la observación, el silencio y una sensación constante de extrañeza. Su premisa podría reducirse a algo casi cercano a Species: una presencia no humana utiliza apariencia femenina para atraer hombres. Pero Jonathan Glazer lleva esa idea a un terreno mucho más frío, abstracto y perturbador.
Lo primero que impresiona es la forma en que mira a los seres humanos desde fuera. Scarlett Johansson interpreta a alguien que parece estudiar gestos, conversaciones, cuerpos y comportamientos como si estuviera aprendiendo una especie desconocida. Al principio esa mirada es clínica, casi depredadora, pero poco a poco empieza a aparecer algo más difícil de definir: curiosidad, desconcierto, vulnerabilidad. Ahí es donde la película deja de ser simplemente una historia de caza y se convierte en una reflexión sobre identidad y pertenencia.
Johansson está extraordinaria precisamente porque hace muy poco. Su interpretación depende de pequeñas variaciones en la mirada, la postura y la forma de escuchar. No necesita explicar lo que siente; muchas veces ni siquiera sabemos si realmente siente lo que creemos estar viendo. Esa ambigüedad convierte su rostro y su cuerpo en parte esencial del relato. La película utiliza su belleza como herramienta de seducción, pero luego también la cuestiona: ¿qué significa habitar un cuerpo humano sin ser humano?
El diseño visual es uno de los grandes logros. Los espacios oscuros, las superficies negras, las carreteras, la lluvia y los paisajes escoceses producen una mezcla extraña de realismo y pesadilla. Hay escenas que parecen casi documentales y otras que funcionan como imágenes mentales. Esa combinación hace que la película resulte familiar y alienígena al mismo tiempo.
La música de Mica Levi es fundamental. No acompaña simplemente las imágenes: parece deformarlas. Sus sonidos repetitivos, ásperos y casi físicos convierten situaciones cotidianas en algo incómodo. Pocas bandas sonoras consiguen que la sensación de amenaza aparezca antes incluso de que sepamos por qué deberíamos sentirla.
También me interesa mucho cómo selecciona a sus víctimas. No busca únicamente hombres disponibles, sino personas aisladas, sin vínculos fuertes, gente cuya ausencia podría tardar en notarse. Eso vuelve su conducta todavía más inquietante porque implica aprendizaje social: no solo comprende cómo atraer, sino también cómo identificar la vulnerabilidad.
Pero la película empieza a cambiar cuando esa observación deja de ser unilateral. La protagonista comienza a experimentar aspectos de la vida humana que hasta entonces solo había utilizado desde fuera. La amabilidad, la intimidad, el deseo, el cuerpo, la confianza y el miedo dejan de ser simples mecanismos ajenos. Ese desplazamiento es lento, pero es lo que da verdadero peso emocional a una película que al principio parecía deliberadamente helada.
Ahí aparece también una lectura muy potente sobre género y poder. Durante buena parte del metraje ella ocupa la posición de depredadora y los hombres son quienes quedan expuestos. Sin embargo, cuanto más se aproxima a la experiencia humana, más descubre que la vulnerabilidad también forma parte de ella. Glazer no convierte esto en una moraleja sencilla; lo deja flotando de una manera incómoda y bastante triste.
No todo me funciona igual. El ritmo es muy lento y la repetición de ciertos patrones puede resultar agotadora. La narración es mínima y quien necesite explicaciones claras probablemente termine desesperado. Entiendo perfectamente que algunos espectadores la consideren vacía o pretenciosa. Es una película que exige aceptar que muchas preguntas no van a recibir respuesta.
A mí, sin embargo, esa falta de explicación me parece una virtud. Cuanto menos concreta es la mitología, más inquietante resulta. Saber exactamente quiénes son, qué quieren o cómo funciona todo habría convertido la película en una ciencia ficción mucho más convencional. Glazer prefiere mantenernos en la misma posición de incertidumbre que su protagonista: observando algo que no terminamos de comprender.
Under the Skin me ha parecido una película extraña, fría y muy bella, pero también más triste de lo que esperaba. Debajo de su superficie de ciencia ficción hay una historia sobre alguien que empieza mirando a los humanos como objetos y termina acercándose demasiado a aquello que intentaba imitar. Scarlett Johansson sostiene todo con una interpretación magnética y mínima, y Glazer consigue que el miedo nazca menos de lo que vemos que de la sensación de no saber del todo qué estamos viendo.
Lo primero que impresiona es la forma en que mira a los seres humanos desde fuera. Scarlett Johansson interpreta a alguien que parece estudiar gestos, conversaciones, cuerpos y comportamientos como si estuviera aprendiendo una especie desconocida. Al principio esa mirada es clínica, casi depredadora, pero poco a poco empieza a aparecer algo más difícil de definir: curiosidad, desconcierto, vulnerabilidad. Ahí es donde la película deja de ser simplemente una historia de caza y se convierte en una reflexión sobre identidad y pertenencia.
Johansson está extraordinaria precisamente porque hace muy poco. Su interpretación depende de pequeñas variaciones en la mirada, la postura y la forma de escuchar. No necesita explicar lo que siente; muchas veces ni siquiera sabemos si realmente siente lo que creemos estar viendo. Esa ambigüedad convierte su rostro y su cuerpo en parte esencial del relato. La película utiliza su belleza como herramienta de seducción, pero luego también la cuestiona: ¿qué significa habitar un cuerpo humano sin ser humano?
El diseño visual es uno de los grandes logros. Los espacios oscuros, las superficies negras, las carreteras, la lluvia y los paisajes escoceses producen una mezcla extraña de realismo y pesadilla. Hay escenas que parecen casi documentales y otras que funcionan como imágenes mentales. Esa combinación hace que la película resulte familiar y alienígena al mismo tiempo.
La música de Mica Levi es fundamental. No acompaña simplemente las imágenes: parece deformarlas. Sus sonidos repetitivos, ásperos y casi físicos convierten situaciones cotidianas en algo incómodo. Pocas bandas sonoras consiguen que la sensación de amenaza aparezca antes incluso de que sepamos por qué deberíamos sentirla.
También me interesa mucho cómo selecciona a sus víctimas. No busca únicamente hombres disponibles, sino personas aisladas, sin vínculos fuertes, gente cuya ausencia podría tardar en notarse. Eso vuelve su conducta todavía más inquietante porque implica aprendizaje social: no solo comprende cómo atraer, sino también cómo identificar la vulnerabilidad.
Pero la película empieza a cambiar cuando esa observación deja de ser unilateral. La protagonista comienza a experimentar aspectos de la vida humana que hasta entonces solo había utilizado desde fuera. La amabilidad, la intimidad, el deseo, el cuerpo, la confianza y el miedo dejan de ser simples mecanismos ajenos. Ese desplazamiento es lento, pero es lo que da verdadero peso emocional a una película que al principio parecía deliberadamente helada.
Ahí aparece también una lectura muy potente sobre género y poder. Durante buena parte del metraje ella ocupa la posición de depredadora y los hombres son quienes quedan expuestos. Sin embargo, cuanto más se aproxima a la experiencia humana, más descubre que la vulnerabilidad también forma parte de ella. Glazer no convierte esto en una moraleja sencilla; lo deja flotando de una manera incómoda y bastante triste.
No todo me funciona igual. El ritmo es muy lento y la repetición de ciertos patrones puede resultar agotadora. La narración es mínima y quien necesite explicaciones claras probablemente termine desesperado. Entiendo perfectamente que algunos espectadores la consideren vacía o pretenciosa. Es una película que exige aceptar que muchas preguntas no van a recibir respuesta.
A mí, sin embargo, esa falta de explicación me parece una virtud. Cuanto menos concreta es la mitología, más inquietante resulta. Saber exactamente quiénes son, qué quieren o cómo funciona todo habría convertido la película en una ciencia ficción mucho más convencional. Glazer prefiere mantenernos en la misma posición de incertidumbre que su protagonista: observando algo que no terminamos de comprender.
Under the Skin me ha parecido una película extraña, fría y muy bella, pero también más triste de lo que esperaba. Debajo de su superficie de ciencia ficción hay una historia sobre alguien que empieza mirando a los humanos como objetos y termina acercándose demasiado a aquello que intentaba imitar. Scarlett Johansson sostiene todo con una interpretación magnética y mínima, y Glazer consigue que el miedo nazca menos de lo que vemos que de la sensación de no saber del todo qué estamos viendo.
Tras 7 años de retraso desde su rodaje se estrena en nuestro
país esta película pero que, viéndola ahora, se comprende que
ningún distribuidor español se arriesgara entonces a importar
esta aburrida, lastrante, oscura y perezosa producción "de
culto". (Según algunas pensantes críticas oficiales). .BODRIO
MONÓTONO. .0 sobre 5. ..PICARD..
país esta película pero que, viéndola ahora, se comprende que
ningún distribuidor español se arriesgara entonces a importar
esta aburrida, lastrante, oscura y perezosa producción "de
culto". (Según algunas pensantes críticas oficiales). .BODRIO
MONÓTONO. .0 sobre 5. ..PICARD..
algo confusa la peli
Pero Scarlet semidesnuda lo compensa si la termine de ver fue gracias a ella........................
Pero Scarlet semidesnuda lo compensa si la termine de ver fue gracias a ella........................
Capto mi atencion desde el principio aunque es algo monotona, la idea es simple y aun mas los dialogos casi inexsistentes. El tipo de la moto es casi ridiculo, pero ella adorable, mas aun con sus cuestionamientos humanos. El final mas violento que triste.
"...te he visto por dentro y no brillas así" parece que cante Malú a esta diva historia.
¿Qué haces con 108 minutos de aburrimiento, desasosiego, movimientos repetitivos y monótonos que se mueven en constante pésimo círculo que no te dicen nada aparte de anular toda la atracción sublime y espectacular de esos interesantes y deslumbrantes 20 minutos de comienzo? ¿Debo sentirme complacida porque lo intenta compensar con un cierre que se acerca a la maravilla de inicio pero que, llegados a ese punto de asfixia penetrante en todos tus sentidos y agotamiento mental por no compartir información ni conocimiento sobre el personaje protagonista, ya no motiva ni atrae ni provoca reacción alguna más que un esperado cierre para descansar de tanta inutilidad perceptiva? ¿Se puede vivir sólo de belleza estética y maravilla visual sin contenido cognitivo que lo complemente, sin combustible que lo recargue para que no se estanque en una pesadez rutinaria que ni convence ni sugestiona ni provoca sensaciones más allá de perder a sus adeptos esperanzados, cuya esperanza ya aniquilada sin compasión, remedio o solución de mejora nunca será redimida?
Porque, durante la sesión interminable de conducción en furgoneta e interrogatorio direccional para elegir a la víctima-candidato del menú reservado para estómagos de otro mundo, he echado de menos a una "Species" que con más cuerpo material y un estilo más mundano, básico y terrenal, no tan altivo ni trascendental, ofrecía más acción, chicha, adrenalina y emoción que todo este torpedo filosófico de miras visionarias que se mira el ombligo continuamente pero, sólo ella lo encuentra, porque al resto ¡ni nos va ni nos viene!
¿Cómo cargarse una buena idea subversiva, de potente pronóstico, nacimiento explosivo y previsora seguida hechizadora cuya originalidad se desvanece por abusar del misterio de no compartir, por encerrarse en sí misma y matar toda perspectiva interesante, por exceder los límites de esa curiosidad espontánea surgida inicialmente por saber y profundizar más en ello que no son satisfechas, por no saber manejar ni sacarle beneficio a su propia creación?
Un alien que utiliza la piel humana para encubrir su identidad y que va buscando presa inocente con la que aumentar sus reservas de alimento y nutrición para su especie, argumento nada novedoso ni original por otra parte, que intenta desmarcarse con una presentación portentosa, plasmación sutil-elegante-deliciosa que no tiene más y, la verdad, uno se cansa de observar la belleza física si no hay inteligencia de fondo que la complemente, mejore o perfeccione, un ver desfilar a la guapa Scarlett Johansson sin nada que decir, sin guión decente que la sustente, sólo enseñando pechuga y teta, como que no, como que necesita algo más, como que si eliges a otra actriz como protagonista esta historia se pierde entre su propia nubada y tanto halago gratuito desaparece cual fantasma incompetente que se mueve sonámbulo y torpe hacia destino pasado por absurda insistencia de seguir con su paupérrimo caminar de andadura lerda, lenta, opaca e inconclusa.
¡Hasta Kim Basinger tenía más gracia, simpatía e ímpetu haciendo de extraterrestre!, ¡mira cómo están las cosas!
¡Menos caviar y más huevo y patatas fritas en el plato!, que ¡del aire místico y del vacío existencial uno no se alimenta como es debido!
Adorable confusión de apertura reforzada con imágenes exquisitas de gran impacto y asombro para el sentido de la vista, escena magistral de mirada inquietante, perturbadora y atractiva q te mantienen expectante a su evolución, sólo que ésta, al contrario que un buen videoclip en el que Jonathan Glazer es experto genio, no es rematado con calidad argumental, argucia expectativa o refuerzo adicional que altere la pesadumbre de ver sin salsa, alumbre o pasión que te incite a más.
Escocia resulta fría, gélida y distante y el intuido intento de escape hacia una previsible transformación humana de sentimientos y afecto se queda neutralizada ante un moribundo cuerpo que vive de la genialidad creativa de su principio y final pero..., ¿de qué me sirve un bocadillo cuyo primer y útlimo bocado es suculento pero todo su interior es desaborido, neutro y ciego?
Lo dicho, déjate de tanto estilismo, altivez y grandilocuencia anímica y da más material y sustento con el que entretenerse pues, la sencillez, en ocasiones, es un valor al alza, acá no visto ni de lejos por un presuntuoso director que tuvo una idea de embalaje artístico soberbio pero se olvidó de rellenarla con algo más que un bonito traje de hermosa presencia que no sabe comunicar ni dialogar ni tender un puente con el espectador para invitar a una aventura de teoría apetecible pero práctica cansina, apetencia descafeinada de obvias carencias y donde encarar la pantalla con mira para los ojos, olvidándose del resto de los sentidos, es jugársela a una carta rancia que tiene las de perder pues deja coja y con hambre a la concurrida audiencia meditando la insistente pregunta..., ¿el libro será tan soporífero?
¿Qué haces con 108 minutos de aburrimiento, desasosiego, movimientos repetitivos y monótonos que se mueven en constante pésimo círculo que no te dicen nada aparte de anular toda la atracción sublime y espectacular de esos interesantes y deslumbrantes 20 minutos de comienzo? ¿Debo sentirme complacida porque lo intenta compensar con un cierre que se acerca a la maravilla de inicio pero que, llegados a ese punto de asfixia penetrante en todos tus sentidos y agotamiento mental por no compartir información ni conocimiento sobre el personaje protagonista, ya no motiva ni atrae ni provoca reacción alguna más que un esperado cierre para descansar de tanta inutilidad perceptiva? ¿Se puede vivir sólo de belleza estética y maravilla visual sin contenido cognitivo que lo complemente, sin combustible que lo recargue para que no se estanque en una pesadez rutinaria que ni convence ni sugestiona ni provoca sensaciones más allá de perder a sus adeptos esperanzados, cuya esperanza ya aniquilada sin compasión, remedio o solución de mejora nunca será redimida?
Porque, durante la sesión interminable de conducción en furgoneta e interrogatorio direccional para elegir a la víctima-candidato del menú reservado para estómagos de otro mundo, he echado de menos a una "Species" que con más cuerpo material y un estilo más mundano, básico y terrenal, no tan altivo ni trascendental, ofrecía más acción, chicha, adrenalina y emoción que todo este torpedo filosófico de miras visionarias que se mira el ombligo continuamente pero, sólo ella lo encuentra, porque al resto ¡ni nos va ni nos viene!
¿Cómo cargarse una buena idea subversiva, de potente pronóstico, nacimiento explosivo y previsora seguida hechizadora cuya originalidad se desvanece por abusar del misterio de no compartir, por encerrarse en sí misma y matar toda perspectiva interesante, por exceder los límites de esa curiosidad espontánea surgida inicialmente por saber y profundizar más en ello que no son satisfechas, por no saber manejar ni sacarle beneficio a su propia creación?
Un alien que utiliza la piel humana para encubrir su identidad y que va buscando presa inocente con la que aumentar sus reservas de alimento y nutrición para su especie, argumento nada novedoso ni original por otra parte, que intenta desmarcarse con una presentación portentosa, plasmación sutil-elegante-deliciosa que no tiene más y, la verdad, uno se cansa de observar la belleza física si no hay inteligencia de fondo que la complemente, mejore o perfeccione, un ver desfilar a la guapa Scarlett Johansson sin nada que decir, sin guión decente que la sustente, sólo enseñando pechuga y teta, como que no, como que necesita algo más, como que si eliges a otra actriz como protagonista esta historia se pierde entre su propia nubada y tanto halago gratuito desaparece cual fantasma incompetente que se mueve sonámbulo y torpe hacia destino pasado por absurda insistencia de seguir con su paupérrimo caminar de andadura lerda, lenta, opaca e inconclusa.
¡Hasta Kim Basinger tenía más gracia, simpatía e ímpetu haciendo de extraterrestre!, ¡mira cómo están las cosas!
¡Menos caviar y más huevo y patatas fritas en el plato!, que ¡del aire místico y del vacío existencial uno no se alimenta como es debido!
Adorable confusión de apertura reforzada con imágenes exquisitas de gran impacto y asombro para el sentido de la vista, escena magistral de mirada inquietante, perturbadora y atractiva q te mantienen expectante a su evolución, sólo que ésta, al contrario que un buen videoclip en el que Jonathan Glazer es experto genio, no es rematado con calidad argumental, argucia expectativa o refuerzo adicional que altere la pesadumbre de ver sin salsa, alumbre o pasión que te incite a más.
Escocia resulta fría, gélida y distante y el intuido intento de escape hacia una previsible transformación humana de sentimientos y afecto se queda neutralizada ante un moribundo cuerpo que vive de la genialidad creativa de su principio y final pero..., ¿de qué me sirve un bocadillo cuyo primer y útlimo bocado es suculento pero todo su interior es desaborido, neutro y ciego?
Lo dicho, déjate de tanto estilismo, altivez y grandilocuencia anímica y da más material y sustento con el que entretenerse pues, la sencillez, en ocasiones, es un valor al alza, acá no visto ni de lejos por un presuntuoso director que tuvo una idea de embalaje artístico soberbio pero se olvidó de rellenarla con algo más que un bonito traje de hermosa presencia que no sabe comunicar ni dialogar ni tender un puente con el espectador para invitar a una aventura de teoría apetecible pero práctica cansina, apetencia descafeinada de obvias carencias y donde encarar la pantalla con mira para los ojos, olvidándose del resto de los sentidos, es jugársela a una carta rancia que tiene las de perder pues deja coja y con hambre a la concurrida audiencia meditando la insistente pregunta..., ¿el libro será tan soporífero?
ahi no mas la cinta, buena banda sonora (lo mejor).
El cuerpo de sacrlet lo segundo mejor.
Pero me hice muchas expectativas y no las logre.
Me imaginaba una version similar a Låt den rätte komma in, pero no... ni siquiera cerca.
El cuerpo de sacrlet lo segundo mejor.
Pero me hice muchas expectativas y no las logre.
Me imaginaba una version similar a Låt den rätte komma in, pero no... ni siquiera cerca.
Película extremadamente surrealista y bien hecha. Un logro visual que te mantiene en tensión hasta el último minuto. Genial en todos los sentidos.
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