La Momia no es lo monstruoso aquí
Constreñidas son las sorpresas que guarda el recuentro con una de las maravillas clásicas por excelencia, propiedad de Universal Pictures. Entre este reducido mosaico de satisfacciones se encuentra lo que sería un confortante y palpitante inicio de universo. Simbolizado por la antítesis del emblemático logo de apertura de la compañía, trasmutado por una paleta de tonalidades de dorados, ocres y negros que se posicionan en la cara anterior de aquel globo terráqueo que es abrazado por el nombre propio del estudio, sustituido aquí por un grandilocuente ‘Dark Universe’—no proyectado en los avances publicitarios para contener el factor sorpresa—. Intentado emular la retributiva formula creada por Marvel Studios con su cosmos de superhéroes cinematográficos—por supuesto, esa está basándose en sus comics—, Universal planea esquematizar su propia minita de oro reutilizando a los personajes que deberían ser intocables debido a su irreproducible legado en la Historia del Cine, sin embargo, la aridez creativa de Hollywood, un fidedigno adefesio que merece su correspondiente largometraje, ha empezado a meterse, sin vergüenza alguna y con bastante parafernalia, con los monstruos en función de saciar las, en ningún momento solicitadas, demandas de los millennials sobre conocer a aquellos oscuros seres. Clásicos de antaño tales como “Bride of Frankenstein” (James Whale /1935), “Creature from the Black Lagoon” (Jack Arnold /1954) o “The Invisible Man” (James Whale /1933) resucitaran en años venideros de la mano de Johnny Depp, Julian Bardem e innegablemente un compendio de actores y actrices que brillan actualmente en la meca del cine norteamericano. El pistolazo de salida llevaba como rotulo “Dracula Untold”, cinta de 2014 protagonizada por Luke Evans y fuertemente criticada por la pérdida de foco retratando la historia “jamás contada” de este personaje icónico y letal. Por mor del chasco económico y de recepción tanto por crítica como audiencia, el estudio no se dio por vencido y programo un supuesto borrón y cuenta nueva, pasando por alto tal traspié cinemático para, supuestamente, reorganizar las pretensiones y empezar con el pie derecho semejante mega-proyecto, pero ¿Cuál sería la historia que realmente redimiría al mismísimo Drácula? “The Mummy”.
Las mitologías y/o legendas abarcan un sinfín de oportunidades y las vivarachas mentes Hollywoodenses han sabido aprovecharse de estas para erguir el primer universo oscuro de la historia. Posterior a una decena de flores y aplausos por cintas con gran éxito público y un revival liderado por Hammer Films en los 50s, la meca del cine norteamericano Universal Pictures inaugura su correspondiente travesía fílmica con el doctor Henry Jekyll—el homólogo de Nick Furia de Marvel—, director y creador de la organización subrepticia “Prodigium”, la cual tiene como misión hallar, combatir y destruir cual entidad réproba pise la tierra. La primera en realizar su no tan entrada triunfal es la Princesa Ahmanet, interpretada por Sofia Boutella (“Kingsman: The Secret Service” – “Star Trek Beyond”), una formidable guerrera que decide, iracunda e irreflexiva, contactar a un maligno antepasado luego de que su padre, fortuitamente, adjudicara el codiciado trono a su hijo recién nacido. Desafortunadamente, llegando al punto cumbre del ritual es interceptada, momificada y enterrada viva en las profundidades de los infecundos desiertos Mesopotámicos. Ya en la actualidad, Nick Morton (Tom Cruise) y Chris Vail (Jake Johnson) son contratados junto a una unidad militar estadounidense en Irak para recuperar un ancestral sarcófago egipcio, sin embargo, en medio de su estrepitosa epopeya, se topan con el mausoleo de la princesa y, sin precaución alguna, el temerario Nick consigue su peligroso despertar.
Posterior al visionado del filme, se puede concluir que el más grande fallo, tanto como filme independiente y obra inaugural, es la pobre estructuración en términos argumentales, ya que, aunque la introducción de la antagonista y las escenas retrospectivas por parte de Nick consolidan con firmeza un primer acto, es difícil sentir esa constante extática y seductora que engloba la Momia, verbi gratia, en la película de Brendan Fraser de 1998. Tal error narrativo origina consecuentes que continúan lacrando el relato audiovisual; el primero viene en nombre del mismísimo actor principal, quien tuvo participación activa en la concepción del guion, para a la postre, ocasionar intervenciones prominentes en el metraje que deberían venir de la verdadera estrella, cediendo el protagonismo a un personaje que, seguramente, tendrá peso en futuras entregas, dando pie así, a la segunda gran equivocación: no decidir género(s) y tono(s) específico(s) para el universo debido a la finalización narrativa precipitada. ¿Un filme de horror o comedia, un filme de iniciación/Nick Morton o un filme de La Momia, un filme de aventuras o de suspenso? El filme no cesa en la producción de mensajes subliminales para la audiencia con motivo de avisar del gran flujo de monstruos que están por llegar, introduciendo con poca fluidez referencias e indicios de filmes venideros. El tercer desacierto proviene del esbozo de los personajes, otra área en la que el grupo de escritores no salen bien librados. Echando mano de las ideas de seis guionistas (impresionante cantidad que afianza mi teoría sobre el triste resultado que puede producir la mezcla de varias mentes ), la historia general es admisible, a secas, no obstante, el papel de Cruise no tiene la suficiente potencia y madurez para sustentar un viaje completo a su lado, sumándole que, pese a que el ídolo y actor fetiche de Hollywood posee un carisma, chispa y vigorosidad reluciente para sacar triunfante cual escena de riesgo o proyecto se proponga, sus dotes actorales no le permiten llegar al rango del personaje que debe vivir en una moralidad gris. El error cobra mayor fuerza advirtiendo los fútiles prospectos de damisela en peligro y capitán honorifico que les corresponden a Annabelle Wallis y Courtney B.Vance, dos intérpretes que son desperdiciados sin ton ni son. En la otra cara de la moneda, Boutella brinda a su personaje sensualidad y flexibilidad intimidante mientras que Rusell Crowe es el actor idóneo y con la fibra requerida para acaudillar este universo que pende de un hilo.
La versión femenina de la Momia en el largometraje de Kurtzman hace gala de diferentes presentaciones que van desde un inhumano ente que se arrastra hasta el afrodisiaco e intimidante look que gasta la mayor parte del tiempo encadenada o robándole la vida a personas mediante el contacto labial. Los visuales en los que se desarrolla el relato tienden a la opacidad, un complejo de efectos especiales que se apoyan en una paleta de colores y tonos pesimistas en función de trasmitir, sin éxito alguno, el terror e inseguridad que debe producir la obra. En cuanto a los aspectos técnicos, destacan por excelencia propia la ejecución de la mejor secuencia de acción en la película: el accidente aéreo, aunque no propone algo profundamente revolucionario dentro de la materia fílmica de acción, consiguió generar en mí, gracias al timing acelerado, una expectación y emoción inexplicable por el futuro de los personajes, un merecido aplauso para este logro tanto técnico como artístico.
“The Mummy” (2017) de Alex Kurtzman es un frustrante traspié y disrupción inaugural en los optimistas planes de Universal. Una obra que no pudo descollar sus posibilidades debido a su intento insatisfactorio por lograr lo que ha construido la formula Marvel, e inclusive la de DC. Un correcalles que se extravía en el desorden de las pretensiones. Al parecer, del mismo modo que Disney, Universal debe momificar las ideas ya concebidas para despertar nuevos ases bajo las mangas con la mayor prontitud.