No está tan mal, podría haber sido peor.
Me deja sensaciones muy contradictorias. No termino de tener del todo claro qué he sentido al verla. Por un lado, estoy descolocado, quizá pasmado, porque sabía que iba a ver algo muy distinto a la original, y desde luego como remake no cumple esa definición: se aleja tanto de la de los 60, que esta nueva moderna podría servir perfectamente como película completamente independiente. En el fondo era algo que ya esperaba, así que no puedo decir que me haya decepcionado mucho. De hecho, me ha gustado sinceramente. Tampoco me entusiasma ni es una gran película, pero me entretiene y eso es suficiente.
No me aburro en sus dos horas de duración. La historia es mínimamente interesante en todo momento, incluso siendo tan distinta a la versión clásica, que personalmente me encanta. Tampoco esperaba una obra maestra y menos mal. Hay disgustos, por supuesto, especialmente en el cambio que sufre el personaje del investigador, el doctor David Marrow, interpretado aquí por Liam Neeson. Su versión no me convence en absoluto. Pierde casi todo lo que le hacía carismático, y eso afecta considerablemente a la película.
Aun así reconozco que esta "moderna" versión tiene algo a favor: es mucho más rica narrativamente, con una subtrama distinta, un conflicto que cambia lo suficiente y una historia con más capas narrativas. En argumento es incluso más curiosa que la original, pero menos reflexiva. Y aunque me guste este guion de todas formas, también traiciona mucho la esencia de Wise y Nelson Gidding. Aquí, el discurso entre los racional y lo sobrenatural no existe de la misma manera. La Eleanor de Julie Harris era clave en esa propuesta, porque su psicología y su fragilidad emocional daban profundidad al relato. Con Lyli Taylor desaparece esa complejidad emocional, o no conserva la misma riqueza. Eso perjudica todo, porque si eso me encantó anteriormente, aquí es un simple "vale":
El enfoque sobre todo es lo que peor sienta. Como digo, antes era mucho más reflexivo y jugaba a la duda. Pero aquí se apuesta por algo más infantilizado y directo. Es mucho más fantasioso, exagerado y caricaturesco. El tratamiento sobrenatural es mucho más fantástico pero también entra bien a la vista. Tiene encanto visual, pero desaparece ese misterio que daba Wise. El terror no es lo mismo. Antes el miedo era más sutil, más natural, más creíble y psicológico. Aquí se intenta hacer un poco lo mismo, pero sale la inversa.
El guion no queda intacto, por supuesto. Los diálogos son más simples y menos inspirados. Se mantienen elementos principales de la historia central, pero la genialidad desaparece. Es la misma base argumental --casi--, pero reinterpretada de manera más espectacular y menos sofisticada. Aunque donde sí creo que gana puntos es en la puesta en escena. No tiene el expresionismo en blanco y negro, pero visualmente puede ser más interesante. La escenografía es inmersiva, más grande y más llamativa. La casa sigue con su presencia y capta mi atención constantemente.
Los personajes es lo que peor me sienta en un principio, pero poco a poco voy conectando más con ellos y conociéndolos más y más. Termino ganándoles respeto. El problema es que nunca llego a implicarme del todo con ellos, y me ocurre más precisamente con la protagonista. El resto me gusta, son personajes correctos, pero aun así, pero sigo pensando que lo de Liam Neeson es atroz, y no por el actor, sino por el personaje tan pobremente escrito y mal desarrollado.
Es puro entretenimiento y algo comercial, No me quita el sueño ni me remueve por dentro, pero tiene mi atención siempre. Los elementos fantasmagóricos son un okey y eso es importante, porque curiosamente, esta versión tiene todas las cualidades de las que carecía la anterior, y el no tenerlas la hacía casi perfecta. Es buena para verla una tarde. Está lejos de tener la misma profundidad, misterio y elegancia, pero no es un completo fracaso.