The Art of the Steal
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decatur555
decatur555

3 usuarios 954 críticas Sigue sus publicaciones

3,5
Publicada el 9 de septiembre de 2026
Esta película me ha entretenido bastante más de lo que esperaba.
Y eso, en una película de atracos, ya es una pequeña victoria.
Porque al principio parece que sabemos perfectamente qué vamos a ver.
Un grupo de ladrones.
Una obra valiosa.
Un último golpe.
Viejas rencillas.
Un plan complicado.
Y Kurt Russell reuniendo otra vez a gente con la que probablemente no debería volver a trabajar.
Nada especialmente nuevo.
Pero poco a poco la película empieza a jugar con algo bastante más divertido:
te cuenta una cosa mientras está haciendo otra.
Y ahí es donde empieza a funcionar de verdad.
El género de atracos siempre ha vivido del engaño.
No solamente del que los personajes realizan dentro de la historia.
También del que la película hace con nosotros.
Nos enseñan un plan.
Nos explican cómo debería funcionar.
Nos distraen con una dificultad.
Algo sale mal.
O parece salir mal.
Y cuando creemos haber entendido lo que ocurre, descubrimos que estábamos mirando exactamente donde querían que mirásemos.
El arte de robar entiende bastante bien ese juego.
No siempre es brillante.
Ni muchísimo menos.
Hay partes de la trama que pueden resultar confusas y algunos giros se ven venir.
Pero tiene suficiente sentido del humor y suficiente ritmo como para que me dé bastante igual.
Y luego está Kurt Russell.
Ahí reconozco que soy poco objetivo.
Me encanta.
Siempre me ha encantado.
Es uno de mis héroes de acción de los ochenta y pertenece a esa generación de actores cuya presencia ya me coloca automáticamente de mejor humor.
Snake Plissken.
Jack Burton.
MacReady.
Tango.
Puede que aquí Crunch Calhoun esté varios escalones por debajo de cualquiera de ellos, pero sigue siendo Kurt Russell.
Y eso para mí cuenta.
Además, este tipo de personaje le va perfectamente.
Crunch es un ladrón veterano que ya ha recibido suficientes golpes como para saber que probablemente debería retirarse, pero sigue teniendo esa mezcla de orgullo, cansancio y entusiasmo que hace inevitable que vuelva a meterse en problemas.
Russell sabe hacerlo sin esfuerzo.
Tiene presencia.
Tiene humor.
Tiene esa forma de parecer relajado incluso cuando todo se está complicando.
Y, sobre todo, no necesita demostrar constantemente que es el protagonista.
Eso ayuda muchísimo al reparto.
Matt Dillon funciona muy bien como Nicky precisamente porque tiene una energía distinta.
Es más nervioso.
Más egoísta.
Más difícil de confiar.
Y entre los dos existe una relación que añade algo de fondo a todo el juego de engaños.
No se trata únicamente de robar una obra.
También hay cuentas pendientes.
Traiciones anteriores.
Desconfianza.
Y la pregunta constante de quién está preparando algo contra quién.
Jay Baruchel aporta además el punto de ingenuidad necesario.
Su Francie está metido entre delincuentes profesionales sin terminar de asumir que Interpol, las fronteras y la cárcel son cosas reales que pueden arruinarle la vida.
Algunas de sus escenas son probablemente las más divertidas.
También me gusta Terence Stamp.
Tiene poco que hacer comparado con Russell o Dillon, pero posee tanta presencia que basta con dejarle hablar unos minutos sobre arte para que la película parezca momentáneamente mejor de lo que es.
Y ahí aparece otra cosa interesante.
Para ser una comedia de ladrones bastante ligera, la película siente cierto cariño por aquello que están robando.
El arte no es solamente una excusa para mover la trama.
Hay falsificaciones.
Originales.
Copias.
Valor económico.
Valor emocional.
Y constantemente volvemos a la misma idea:
¿qué es auténtico y qué no?
Eso conecta perfectamente con el propio funcionamiento de la película.
Porque aquí prácticamente todo puede ser una falsificación.
Un cuadro.
Un plan.
Una alianza.
Una traición.
Incluso la historia que creemos que estamos viendo.
Jonathan Sobol intenta claramente acercarse al tono de Guy Ritchie.
Montaje rápido.
Personajes excéntricos.
Rótulos.
Narraciones.
Criminales simpáticos.
Planes que se cruzan.
Diálogos rápidos.
Se nota muchísimo.
Y la película nunca alcanza la precisión ni la mala leche de los mejores Ritchie.
Pero tampoco me importa demasiado.
Porque consigue algo más sencillo:
divertirme.
A veces una película de atracos no necesita reinventar el género.
Necesita buenos personajes.
Un reparto que tenga química.
Un plan suficientemente retorcido.
Un par de engaños bien colocados.
Y la sensación de que todos los implicados se lo están pasando estupendamente.
Aquí la hay.
No es una gran película.
Probablemente tampoco sea especialmente memorable.
Pero funciona.
Y además dura alrededor de hora y media, algo que en este tipo de comedia debería ser obligatorio.
Entra.
Monta el golpe.
Te engaña unas cuantas veces.
Deja que Kurt Russell haga de Kurt Russell.
Y se marcha.
Perfecto.
Quizá precisamente por eso me ha gustado más de lo esperado.
Porque mientras yo pensaba que estaba viendo una película sobre robar arte, la película estaba intentando robarme otra cosa:
la atención.
Y durante hora y media lo consiguió bastante bien.
Lourdes L.
Lourdes L.

131.450 usuarios 920 críticas Sigue sus publicaciones

3,0
Publicada el 19 de diciembre de 2014
"La fortuna favorece a los audaces", audacia de tibia fortuna para un texto que se viste con excesivas capas que entorpecen, no ayudan, para llegar a su deseado corazón y sentir su esperada piel y movimiento suntuoso.
El arte de robar o el arte de volver loco a un espectador saturado de ilustraciones y apéndices informativos que van y vienen al gusto de un "Ocean´s eleven" de segunda división que no acaba de alcanzar su estilo pretendido ni saborea las mieles del éxito al que aspira.
Demasiados mareos y excesivas vueltas argumentales para un guión que sólo debe mostrar la sencillez e ingenio de la preparación de un fraude-hurto-estafa, su hábil y diestra ejecución y su avezado desenlace, abuso de rellenar los fotogramas y el tiempo con chismorreo, cuentos y una verborrea en la que sus propios personajes se pierden y eclipsan lo que debería haber sido el objetivo centro de la historia, planear-realizar-solucionar-divertirse, todo ello combinado con buena y potente acción, algunos gags irónicos, sutil comicidad espontánea, sabia combinación de los quehaceres repartidos y un toque distintivo en la picardía y gracia de cada uno de los papeles configurados, tan bien ejecutados en "The italian job" del que también se alimenta.
Un clásico grupo de ladrones de pinturas valiosas a quienes seduce el engaño y las trampas, donde encontramos al cabecilla, un añorado Kurt Rusell de fantásticos tiempos mejores al que le hacen dar demasiadas volteretas para ejercer su mando..., a la mente pensante de las ideas y estrategias, un Mat Dillon que aún conserva parte de su encanto y captación aunque excede en la venta de un glamour, gloria y elegancia que no necesitaba hipotecar ni alquilar, a un falsificador francés que aporta supuesta exquisitez y personalidad estilosa y al abuelo veterano de todo grupo que se precie, querido y estimado por su experiencia, aquí encarnado por un Terence Stamp que se ríe de si mismo como, más o menos, hacen todos sus miembros en una composición que gusta y entretiene, ameniza con ligereza válida pero a quien no le favorece esa referencia continua a éxitos previos de películas que si alcanzaron la huella e impronta que ésta deja a medio camino pues, su recuerdo no deja de ser anécdota curiosa, bonita y entrañable que no deja mayor poso ni peso profundo ni tiene más importancia que su visión cómoda y relajada.
No hay mucha sudoración nerviosa ni tensión electrizante ni pasión efervescente ni ambición estratégica ni gran locura de desmadre, un montaje de pollo más que lioso que suculento, que sitúa su acción entre Europa y Detroit para dar a entrever ese carisma internacional innecesario que se suicida el sólo ya que, el público busca la magnificecia de lo simple, la gran sencillez de lo siempre visto mil veces pero saboreado con gusto y placer a pesar de ello.
El guión necesita limpieza perceptiva de escenas sobrantes, de relleno de pavo que estorba, de locuciones torpes en su habilidad auditiva y de diálogos con fisuras que abren y plantean caminos cuya ruta atravesada no está del todo conseguida, una complicación voluntaria de la que sale medio airoso, más por tu cariño y estima hacia sus protagonistas y el intento de ambiente perseguido que por el mérito y acierto de un director que cumple y poco más.
Para complacer a la audiencia no hace falta tanto galimatías complicado ni tanto desbarajuste mental ni volteo direccional que hace más bien de tiovivo o noria descontrolada que otra cosa, la simplicidad-facilidad-claridad de saber lo que se quiere, a donde ir a por ello y como obtenerlo es gratitud apreciada y considerada con esmero, no por más rodeos, chistes y ocurrencias escénicas tienes más éxito.
Ser comedido es un valor que, en esta ocasión, no se aprecia y que se pierde, incluso, antes de tastarlo pues..., puedes probar muchos sabores, hacer combinaciones locas a gusto del ingenio del creador, dar mil giros con invenciones de todo tipo inspirador pero, aunque hay muchos tipos de refresco de cola que pueden valer para momentos alternos de distensión grata..., es indicutible que ¡Coca-cola sólo hay una!, sin apaños ni remiendos, la reina de las reinas; en la presente, estamos ante un logro aceptable de liga inferior.
Resultado gustoso y ameno aunque esquivo y desconcertante ante tanto giro de tuerca, el arte de robar el espíritu de muchos otros trabajos previos, de beber de su esencia más innata y audaz para no mejorarla ni superarla en la muestra compuesta.
La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, acá se les ha ido de las manos y han perdido de vista el punto, la línea y su perspectiva.
Manuel F.
Manuel F.

1.462 usuarios 90 críticas Sigue sus publicaciones

2,0
Publicada el 7 de noviembre de 2014
Y vamos con una de robos que suelen entretener jejeje, normalmente este tipo de película son muy parecidas a no ser que alguna tenga algo que se salga del guión establecido y sorprenda, esta va de eso, de robos de cuadros, de falsificaciones de obras de arte, de bandas y de todo eso; dan mucho juego y suelen enganchar al personal. La película cuenta con un buen reparto, entre ellos Kurt Rusell que hacía tiempo que no lo veía, también tenemos a Mat Dillon, Jay Baruchel, Katheryn Winnick, Chris Diamantopoulos y algunos más. La película va circulando bien en su trayecto y no aburre, aunque tampoco llega a sorprender, a ratos también afloja un poco y es ahí el momento para la pausa e ir a por el refresco y las palomitas que se ha acabado jajaja. Hay demasiada charla contando batallitas pasadas. Todo comienza viendo a Crunch entrando en una cárcel polaca..... y así voz en off nos van contando la historia de un robo en la capital polaca. Crunch es Kurt Rusell y Mat Dillon es Nicky que es su hermano y que junto a un grupo mas le propone un trabajo importante a su hermano; Crunch, Nicky, Pad y Francy son el conjunto de la banda que se van a encargar de liarla bastante, porque todo a medida que va avanzando se va complicando y hay bastante lío en la historia; hay algunas escenas que no están mal, bastante ocurrentes pero en general la película es normalita, no hay mucho que deje huella. Lo que si que no está mal es la música, hay muy buenas canciones que suenan en la película y son de esas tramas que lo que parece una cosa al segundo cambia y es otra diferente; y en su parte final se anima más, pero hay mucho enredo y hay que estar muy atento, minuto a minuto se va aclarando. Lo mejor, lo del cuadro de la "vagina", es genial jajajaj. No es una película que se vaya a recordar y bien puede pasar por una de las que se ponen en un domingo tarde.
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