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    Yo, él y Raquel
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    Yo, él y Raquel

    Las películas, el instituto y la enfermedad

    por Quim Casas

    Me and Earl and the Dying Girl, rebautizada aquí Yo, él y Raquel, tiene algunas cosas en común con Restless (2011), una película de Gus van Sant que pasó más desapercibida de lo que se merecía, dada su voluntad de mezclar en un mismo producto las tendencias indie y mainstream del director. Algo parecido le pasa a este largometraje realizado por Alfondo Gómez-Rejón, que tiene bastante de cine independiente estadounidense, acepción suave, y algo también de cine para todos los públicos (jóvenes: el filme ganó el Premio del Público en Sundance y casi logró el mismo en San Sebastián).




    Yo, él y Raquel- Cartel

    Como en la película de Van Sant, se trata de mostrar una relación adolescente condicionada por la enfermedad terminal del personaje femenino, la dying girl del título original. Pero el tono es aún más ligero, por momentos evanescente. La película se concentra en la relación entre los tres personajes protagonistas; la cotidianidad de la figura central, Greg, que está terminando el instituto sin saber a ciencia cierta quién es ni que quiere; las divertidas películas caseras que Greg realiza con su amigo Earl inspirándose en títulos del último clasicismo como La naranja mecánica o Cowboy de medianoche; la escasa interacción en el instituto; las disputas familiares.

    El cambio se produce cuando la madre de Greg le obliga a pasar varias horas al día con Raquel, enferma de leucemia. Lo que en principio es una desagradable imposición se torna poco a poco, sin secuencias de choque ni salidas de tono dramáticas –si que las hay cómicas–, una nueva forma de vida, o mejor aún, otorga sentido a la monótona existencia de Greg, parcialmente redimida solo por sus aficiones cinéfilas.

    El buen gusto del que hace gala el director, un cineasta aplicado aunque no un nombre a seguir, se confirma con la excelente utilización que hace de varias canciones de diferentes etapas de Brian Eno, de la más pop a la ambient, que funcionan de manera ejemplar en las escenas en las que son empleadas (la música de Eno siempre ha tenido mucho de banda sonora aunque cuando la compusiera fuera para filmes inexistentes). Careciendo de pretensiones se consiguen, a veces, propuestas estimables que en ningún momento pretenden ser lo que no son, como ocurre en este caso.

    A favor: su tono delicado y a la vez ligero.

    En contra: la indefinición en la que sigue el indie estadounidense.

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