Tras toda la polémica generada por “Shivers” y a su vez dar un primer paso para crear un nuevo tipo de cine dentro del género del terror, David Cronenberg estrena en 1977 “Rabid”, lo que ya si al cien por cien sería la obra fundamental de consolidación para el body horror y donde plasma todas las idea recogidas de “shivers”, pero con una narrativa mucho más pulida y con una dimensión en la trama más amplia.
Aunque a mí personalmente me gusta más “Shivers”, está claro que en este segundo largometraje de Cronenberg el director mejora en muchos términos una barbaridad.
Temas tratados en la cinta no se alejan mucho a los de su anterior película, aunque aquí ya vemos un terror más a lo grande, es decir, un apocalipsis directo. Lo que sí es cierto es que su estilo en mi parecer cambia bastante, mantenemos ese estilo seco casi clínico y frío de “Shivers”, pero por otro lado agremos un terror más abrupto y funcional para la época.
La trama narra la historia de Rose (Marilyn Chambers), una joven que sufre un accidente de moto mortal, y en donde la única manera de que una clínica privada pueda salvarle la vida es mediante un procedimiento experimental de cirugía reconstructiva. Aunque se le logra salvar la vida, Rose desarrolla un apéndice oculto en las axilas que obliga al cuerpo de la joven a alimentarse solamente de sangre, y provocando que la víctima de ese apéndice se convierta en una persona en un estado de furia muy violenta.
La premisa que nos trae Cronenberg es buenísima, como en muy común en sus películas, en donde el director nos habla del miedo a las pandemias, la desconfianza de la ciencia (como siempre en sus cintas) e inaugura ya por completo su corriente propia, donde el cuerpo humano es el verdadero campo de batalla.