Jake pasa la mayor parte de su tiempo inmerso en los videojuegos, aislado del mundo real. Todo cambia cuando su madre le regala un perro, un compañero inesperado que transformará su rutina y le enseñará a conectar con la vida más allá de la pantalla.
A través de esta nueva amistad, Jake descubre el valor del afecto, la responsabilidad y la alegría de compartir momentos auténticos, dando paso a un crecimiento personal lleno de emociones y aprendizajes.