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Hay algo especialmente auténtico en la forma en que Jonah Hill observa a estos chavales. No intenta convertir su adolescencia en una época maravillosa ni construir una postal idealizada de los noventa. Hay amistad, skate, música y libertad, pero también violencia, humillaciones, alcohol, necesidad desesperada de pertenecer y decisiones bastante estúpidas. Precisamente por eso En los 90 termina funcionando como recuerdo: porque los buenos momentos y los malos aparecen mezclados, como suelen hacerlo cuando pensamos en nuestra propia adolescencia.
Es inevitable que recuerde a Kids. La manera de seguir a los chicos por las calles, escuchar conversaciones que parecen surgir espontáneamente y observar comportamientos sin explicarlos demasiado conecta claramente con aquel cine de Larry Clark y Harmony Korine. Pero Jonah Hill es bastante menos nihilista. Aquí hay oscuridad y situaciones muy duras, aunque siempre queda debajo cierta ternura hacia los personajes. No los juzga desde la distancia de un adulto que ya sabe lo que deberían haber hecho; los deja comportarse como chavales que todavía están aprendiendo dónde están los límites.
Sunny Suljic sostiene muy bien a Stevie porque transmite perfectamente esa mezcla de vulnerabilidad y fascinación. Quiere desesperadamente formar parte del grupo y está dispuesto a aguantar casi cualquier cosa para conseguirlo. Los demás tampoco parecen personajes diseñados para cumplir funciones dramáticas: tienen esa mezcla de crueldad, compañerismo, inseguridad y pose que resulta muy reconocible. Incluso las conversaciones más absurdas ayudan a crear la impresión de estar mirando un grupo real y no una versión adulta de cómo deberían hablar unos adolescentes.
La película también entiende muy bien algo peligroso de esa edad: sentirse invulnerable. Los chicos beben, se golpean, se desafían y hacen cosas sin pensar demasiado en las consecuencias. La escena del coche funciona precisamente porque sabemos que quien conduce está completamente borracho y la película hace que durante unos minutos pensemos que una de esas estupideces puede terminar de la peor manera posible. De repente, la diversión, la pose y la necesidad de impresionar dejan de parecer inocentes.
La música es magnífica y forma parte esencial de esa sensación de época sin parecer una colección de canciones metidas únicamente para provocar nostalgia. También funcionan mucho el formato de imagen, el grano y la fotografía de Christopher Blauvelt: todo parece provenir de una cinta encontrada años después en alguna caja. No se trata solo de reconstruir cómo se vestía o qué se escuchaba en 1995, sino de recuperar la textura de un recuerdo.
Y ahí es donde el final me ganó definitivamente. Fourth Grade reúne las imágenes que ha estado grabando y las convierte en un pequeño vídeo de aquellos días. No hace falta explicar qué ocurrirá con ellos después ni ofrecer un gran cierre dramático. Basta con verlos juntos, riendo, patinando y haciendo el idiota. El presente de la película se convierte de repente en pasado, casi delante de nuestros ojos.
Ese vídeo final es precioso precisamente porque parece poca cosa. Dentro de unos años esos chavales probablemente recordarán aquel verano de una forma completamente distinta, pero ahí queda una pequeña prueba de quiénes fueron durante un instante. Jonah Hill entiende que crecer también significa descubrir demasiado tarde que determinados días normales terminarán convirtiéndose en recuerdos fundamentales. En los 90 es áspera, imperfecta y a ratos bastante triste, pero también tiene una enorme calidez. Y cuando termina, queda esa sensación tan difícil de fabricar: la de haber visto un trozo de juventud que ya no puede volver.
Es inevitable que recuerde a Kids. La manera de seguir a los chicos por las calles, escuchar conversaciones que parecen surgir espontáneamente y observar comportamientos sin explicarlos demasiado conecta claramente con aquel cine de Larry Clark y Harmony Korine. Pero Jonah Hill es bastante menos nihilista. Aquí hay oscuridad y situaciones muy duras, aunque siempre queda debajo cierta ternura hacia los personajes. No los juzga desde la distancia de un adulto que ya sabe lo que deberían haber hecho; los deja comportarse como chavales que todavía están aprendiendo dónde están los límites.
Sunny Suljic sostiene muy bien a Stevie porque transmite perfectamente esa mezcla de vulnerabilidad y fascinación. Quiere desesperadamente formar parte del grupo y está dispuesto a aguantar casi cualquier cosa para conseguirlo. Los demás tampoco parecen personajes diseñados para cumplir funciones dramáticas: tienen esa mezcla de crueldad, compañerismo, inseguridad y pose que resulta muy reconocible. Incluso las conversaciones más absurdas ayudan a crear la impresión de estar mirando un grupo real y no una versión adulta de cómo deberían hablar unos adolescentes.
La película también entiende muy bien algo peligroso de esa edad: sentirse invulnerable. Los chicos beben, se golpean, se desafían y hacen cosas sin pensar demasiado en las consecuencias. La escena del coche funciona precisamente porque sabemos que quien conduce está completamente borracho y la película hace que durante unos minutos pensemos que una de esas estupideces puede terminar de la peor manera posible. De repente, la diversión, la pose y la necesidad de impresionar dejan de parecer inocentes.
La música es magnífica y forma parte esencial de esa sensación de época sin parecer una colección de canciones metidas únicamente para provocar nostalgia. También funcionan mucho el formato de imagen, el grano y la fotografía de Christopher Blauvelt: todo parece provenir de una cinta encontrada años después en alguna caja. No se trata solo de reconstruir cómo se vestía o qué se escuchaba en 1995, sino de recuperar la textura de un recuerdo.
Y ahí es donde el final me ganó definitivamente. Fourth Grade reúne las imágenes que ha estado grabando y las convierte en un pequeño vídeo de aquellos días. No hace falta explicar qué ocurrirá con ellos después ni ofrecer un gran cierre dramático. Basta con verlos juntos, riendo, patinando y haciendo el idiota. El presente de la película se convierte de repente en pasado, casi delante de nuestros ojos.
Ese vídeo final es precioso precisamente porque parece poca cosa. Dentro de unos años esos chavales probablemente recordarán aquel verano de una forma completamente distinta, pero ahí queda una pequeña prueba de quiénes fueron durante un instante. Jonah Hill entiende que crecer también significa descubrir demasiado tarde que determinados días normales terminarán convirtiéndose en recuerdos fundamentales. En los 90 es áspera, imperfecta y a ratos bastante triste, pero también tiene una enorme calidez. Y cuando termina, queda esa sensación tan difícil de fabricar: la de haber visto un trozo de juventud que ya no puede volver.
Con un estilo sobrio y cargado de nostalgia noventera, Mid90s se adentra en la vida de un grupo de adolescentes duros que recorren las calles de Los Ángeles buscando pertenecer a algo más grande que ellos mismos. Jonah Hill construye un retrato íntimo donde conviven las tensiones dentro del hogar y la dinámica casi tribal de un pequeño clan de skaters. Aunque la película no pretende ofrecer grandes lecciones ni discursos sociales universales, sí captura con honestidad la forma en que la lealtad, la amistad y la necesidad de encajar pueden definir (aunque solo sea por un instante) el mundo emocional de un adolescente. El resultado es un vistazo auténtico, a veces crudo y a veces tierno, a una etapa de la vida que muchos recordarán con la misma mezcla de caos y cariño.
La he vuelto a ver y por dios no me acordaba de lo extraordinaria, divertida y emotiva que era, En Los 90 me sigue encantando muchísimo pero muchísimo, una Obra Maestra Moderna de nuestros tiempos actuales.
El debut como Director de Jonah Hill es una auténtica maravilla y de los mejores que he visto. Lo que Jonah nos ha regalado es una película brillante que hoy en día no se ve. El desarrollo sigue siendo excelente, que lo han hecho con mucho cariño y corazón, la dirección de Jonah sigue siendo puramente magnífica, el guión y la historia siguen siendo increíbles y originales se nota el buen trabajo que hizo Jonah, la banda sonora pufff sigue estando a otro nivel y el cast todos siguen estando extraordinarios pero más el protagonista principal.
Ahí una escena que vamos te hace reflexionar y seguir adelante en la vida, toda una maravilla esa escena es puro cine.
En resumen En Los 90 es y siempre será una extraordinaria, divertida y emotiva película con uno de los mejores debuts de la historia del cine.
Una Obra Maestra
La amo infinita pero infinitamente❤️
El debut como Director de Jonah Hill es una auténtica maravilla y de los mejores que he visto. Lo que Jonah nos ha regalado es una película brillante que hoy en día no se ve. El desarrollo sigue siendo excelente, que lo han hecho con mucho cariño y corazón, la dirección de Jonah sigue siendo puramente magnífica, el guión y la historia siguen siendo increíbles y originales se nota el buen trabajo que hizo Jonah, la banda sonora pufff sigue estando a otro nivel y el cast todos siguen estando extraordinarios pero más el protagonista principal.
Ahí una escena que vamos te hace reflexionar y seguir adelante en la vida, toda una maravilla esa escena es puro cine.
En resumen En Los 90 es y siempre será una extraordinaria, divertida y emotiva película con uno de los mejores debuts de la historia del cine.
Una Obra Maestra
La amo infinita pero infinitamente❤️
El paso de la niñez a la adolescencia en los 90. Nuevas amistades, nuevos intereses, deseo de validación entre los pares, y primeros acercamientos sexuales. Todo esto, que no parece para nada novedoso, lo veremos aquí, pero con un toque especial, el joven director Jonah Hill, nos sumerge en los dorados 90, con chistes, videojuegos y música de la época. Todo esto con una fotografía con tonos que nos sumergen en la época. El humor está presente transversalmente en el film (cómo no, tomando en cuenta el historial cómico del su guionista y director) y además toca, pero no profundiza, en temáticas como las dificultades de vivir en suburbios estadounidenses, el dilema de superarse o quedarse varado en la calidad de vida de siempre. Jonah Hill en vez de conectar todas estas temáticas para entregar un mensaje fuerte, prefiere lo sencillo y se queda con entregar un noventero y agradable mensaje sobre la amistad incondicional adolescente.
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