Un engranaje de las rom-com.
Comedia romántica sólida, de esas que probablemente no encabezan el podio del género, pero que sin duda comparten el listón alto. No es una obra que pretenda redefinir la rom-com dinamitando los códigos, sino habitar ese espacio cómodo donde el encanto, el ritmo y la química hace el trabajo silencioso pero efectivo.
La película depende casi por completo de la química entre Heath Ledger y Julia Stiles. Algo que trascienda el guion, se sienta orgánica y dé sentido profundo a la historia para no dejarla en un sin más. No es una química explosiva ni desbordante, pero sí sostiene sin esfuerzo. No es un romance atormentado, ni hay personajes que se rompen la cabeza decidiendo si el otro es el amor de su vida. Hay una sencillez emocional que es lo que me gusta de esta obra, evitando que caiga en el dramatismo impostado tan habitual en el cine adolescente.
El humor no es invasivo, no satura, no cae en la vergüenza ajena ni en el chiste fácil. Es un humor funcional, limpio, acompañante y si uno no es demasiado tiquismiquis, hasta consigue sacar una risa. Ligera, amable, perfecta para verla con la guardia baja y dejarse llevar.
Eso sí, es una película que sufre el efecto del desgaste. Cada revisionado tiene de a reducir el impacto. No porque se vuelva mala, sino porque es un tipo de cine que se apoya en la sorpresa emocional y en la identificación inmediata. Una vez conoces sus cartas, el ojo se vuelve más crítico, más analítico y empiezas a ver los engranajes. Cada vez que la veo la disfruto menos, no por desagrado, sino por conciencia.
Está construida sobre clichés, arquetipos reconocibles y una previsibilidad que nunca intenta disimularse. Aunque eso no juega a su contra. No pretende ser más profunda de lo que es. Es una trama sencilla, directa y por eso precisamente funciona. No sorprende, pero acompaña.
A los ojos es básica. La fotografía no cumple con grandes hazañas. Es funcional, narrativa, sin alardes ni búsquedas estéticas destacables. Pero tampoco se necesita mucho más. La imagen está al servicio de los personajes, lo que la hace suficiente. La música tampoco es protagonista, ni busca robar la escena. Se limita a puramente empujar las emociones cuando toca.
Ledger no llega a cautivarme, ni siquiera Julia Stiles. Ambos ofrecen interpretaciones memorables. Están bien, cumplen, pero encarnan figuras que responden a los moldes típicos, evitando que conecte por completo con ellos. Repito que no quiero decir que sean malos actores, al contrario, son muy naturales, el problema reside en sus personajes. El talento está ahí, pero el material que ofrecen sus personajes carece de sumo interés. Hay carisma y presencia, elementos que siempre suman.
Un producto honesto, entretenido, consciente de lo que es y de lo que no pretende ser. No es imprescindible, ni un referente absoluto del género, pero sí una comedia romántica eficaz, con alma, química y tono. Es de esas películas que no te cambian la vida, pero te hacen más amable la noche.