Generaciones de códigos mafiosos se desmoronan ante una historia de venganza bastante convencional en Violent Ends, un thriller correcto pero esencialmente carente de estilo que sigue las poco memorables disputas internas de una familia criminal en los muelles de los Ozarks, Arkansas. En su segundo largometraje, el guionista y director John-Michael Powell demuestra un interés discreto -aunque comprensible- por capturar el sabor local de su estado natal, pero ese rasgo apenas aporta personalidad a la película. Su tono excesivamente solemne termina chocando con una trama criminal predecible y una intriga familiar demasiado simplista.