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Adolfo Garcia Gonzalez
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2,0
Publicada el 30 de mayo de 2021
Nada que ver con la gran "Buried". No es claustrofobica y apenas tiene tensión. Esta muy bien echa y tiene una buena trama pero que se empieza a enrevesar y lo único que consigue es confundirte por momentos. Mélanie Laurent lo hace muy bien pero eso no salva la película.
Comienzo a ver más este estilo de película donde la angustia y la esperanza predominan desde el primer minuto. Primeras impresiones muy buenas para este género que cada vez está más en alza.
Nos encontramos en una atmósfera futurista pero sin ser del todo conscientes de lo que pasa.
El uso de primeros planos durante escenas continuadas potencia la información que nos van dando a cuentagotas... Sin embargo cada palabra cuenta para poder resolver la trama que se nos viene encima con toda la intriga haciéndote estar atento.
El reparto es acertado adaptándose muy bien al personaje y logrando transmitir esa sensación al espectador de estar en plena faena.
La producción y el guion están bien construidos y la banda sonora es la adecuada manteniendo esa sintonía a veces imperceptible y muy sutil, ya que la propia respiración de la protagonista más la ambientación hacen todo lo necesario para que percibas segundo a segundo cómo pueden desarrollarse los eventos que hacen avanzar la propia trama.
Hay películas que viven o mueren por su premisa. Oxygen parte de una idea muy sencilla y muy arriesgada: una mujer atrapada en un espacio cerrado sin recordar cómo ha llegado allí. Es inevitable pensar en Buried, aquella de Ryan Reynolds bajo tierra, pero aquí el enfoque es distinto. Más tecnológico, más frío, más cercano a la ciencia ficción que al puro thriller de supervivencia.
Lo que funciona desde el principio es la tensión. Alexandre Aja demuestra que no necesita grandes escenarios para generar angustia. La cámara se mueve con inteligencia dentro de un espacio mínimo y consigue que ese entorno reducido nunca resulte visualmente plano. Hay ritmo, hay urgencia, y la sensación de que el oxígeno —literal y narrativamente— puede agotarse en cualquier momento.
Gran parte del mérito es de Mélanie Laurent. Sostener casi toda la película desde un único encuadre exige una presencia enorme, y ella la tiene. Transmite vulnerabilidad, desconcierto y determinación sin caer en el exceso. Es fácil conectar con su desesperación, y eso mantiene el interés incluso cuando la historia empieza a revelar sus cartas.
Es cierto que, a medida que se desvelan los misterios, la película pierde algo de la pureza inicial. La intriga es más potente cuando no sabemos nada. Cuando las respuestas llegan, el impacto disminuye ligeramente. Aun así, el conjunto se mantiene sólido y no se derrumba, algo que no siempre ocurre en este tipo de propuestas cerradas.
Oxígeno es un thriller contenido, eficaz y muy bien dirigido. No reinventa el género ni ofrece un giro absolutamente demoledor, pero sí consigue algo más difícil: mantener la tensión casi constante durante todo su metraje. Es entretenida, claustrofóbica y lo bastante inteligente como para dejar buen recuerdo.