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La trama es decente y las actrices son muy buenas; la recomiendo si eres un fan de las películas españolas.
El film da más miedo que todos los del género de terror juntos.
Un juicio sobre seis supuestas brujas en 1609, en tiempos de lobreguez
y oscuridad eclesiástica de la Inquisición, con la connivencia de la Corona. Resulta un
registro histórico sobre aquellas aberrantes prácticas y creencias.
.FUNCIONAL. .2 sobre 5. ··PICARD··
Un juicio sobre seis supuestas brujas en 1609, en tiempos de lobreguez
y oscuridad eclesiástica de la Inquisición, con la connivencia de la Corona. Resulta un
registro histórico sobre aquellas aberrantes prácticas y creencias.
.FUNCIONAL. .2 sobre 5. ··PICARD··
Una buena película española drl 2020, dr 90 minutod, con una loracion de 6/10, bajo direccion y guion de Pablo Aguero, con un presupuesto de 2'5 millones, que tiene mas merito de ser bilingue, por lo que la hace muy identificativa, siendo esto un valor añadido cultural.Dar cabida a un segundo idioma la hace mas amplia, y se sale de convencional.
El argumento da mucho de si y tiene llamamiento de parecer ser interesante, y pone en juego Feminismo y Religión, así como el cultural con el euskera.
El interpretación es fabulosa, así como música original, vestuario, maquillaje y peluquería.
La corta duración hace que no termine haciéndose pesada.
Ahora a mi gusto le falta más ritmo, profundidad histórica en el tema, demasiado oscura, no aprovecha la fotografía, y abusa de los primeros planos. por lo que al final aunque parece prometer mucho, después se queda en menos.
De poder ser una MUY buena película, tan solo se queda en INTERESANTE.En los Goyas tal vez le sobre algún que otro premio, para entrar en le club de lo muy bueno.
El argumento da mucho de si y tiene llamamiento de parecer ser interesante, y pone en juego Feminismo y Religión, así como el cultural con el euskera.
El interpretación es fabulosa, así como música original, vestuario, maquillaje y peluquería.
La corta duración hace que no termine haciéndose pesada.
Ahora a mi gusto le falta más ritmo, profundidad histórica en el tema, demasiado oscura, no aprovecha la fotografía, y abusa de los primeros planos. por lo que al final aunque parece prometer mucho, después se queda en menos.
De poder ser una MUY buena película, tan solo se queda en INTERESANTE.En los Goyas tal vez le sobre algún que otro premio, para entrar en le club de lo muy bueno.
No es precisamente una película fuera de lo común, sin embargo, me impresiona y me encanta la forma en la que Pablo Agüero lleva a cabo la caza de brujas.
Además, la actuación de las actrices principales es de admirar, parece que ellas mismas hayan vivido esos tiempos
Además, la actuación de las actrices principales es de admirar, parece que ellas mismas hayan vivido esos tiempos
La peor pelicula que he visto en mucho tiempo, perdida la tarde del domingo. No tiene ninguna motivación
Grandes actuaciones, diseño de producción y retrato de una época oscura para la humanidad. Un tratado sobre la dignidad humana y la perversidad que alcanzan los hombres cuando son impunes.
Me gustó bastante, aunque entiendo que no sea una película redonda. Lo que más me atrapó no fue tanto el misterio de la brujería como la idea, bastante terrible, de unos inquisidores obsesionados con encontrar demonios donde solo hay chicas jóvenes cantando, bailando, hablando entre ellas y tratando de sobrevivir. En serio: cuanto más la piensas, más absurdo y siniestro resulta. La película funciona cuando muestra ese choque entre la vida y el fanatismo, entre unas mujeres que todavía respiran y unos hombres que solo saben mirar el mundo a través del miedo, la culpa y el castigo.
La premisa tiene mucha fuerza porque parte de una barbaridad histórica que parece ridícula hasta que recuerdas que fue real: acusar a unas muchachas de brujas porque se reúnen, cantan, bailan, se ríen o simplemente no encajan en la idea de obediencia que tenían los hombres de poder. Ahí la película tiene su mejor baza. No necesita convertirlas en monstruos ni en criaturas sobrenaturales; basta con enseñar cómo la Inquisición proyecta sus fantasías enfermas sobre ellas.
Me gustó especialmente la lectura feminista, porque no va solo de “brujas”, sino de quién tiene derecho a contar lo que ocurre. Los inquisidores llegan con una historia ya escrita: quieren encontrar un aquelarre, quieren ver al demonio, quieren confirmar sus prejuicios. Las chicas, en cambio, intentan ganar tiempo, resistir, manipular esa mirada y convertir la ignorancia de sus verdugos en una posibilidad de supervivencia.
Amaia Aberasturi sostiene muy bien la película. Tiene una mezcla de fragilidad, rabia, inteligencia y miedo que hace que el personaje no sea solo una víctima pasiva. Se nota que Amaia está atrapada, pero también que piensa, calcula y busca cómo usar las propias fantasías de los hombres contra ellos. Esa tensión entre vulnerabilidad y astucia le da mucha vida al relato.
Alex Brendemühl también funciona mucho como rostro de esa locura institucional. Su inquisidor no da miedo por ser un monstruo exagerado, sino por algo peor: porque convierte sus obsesiones en procedimiento, sus prejuicios en investigación y su deseo de dominar en supuesta defensa de la fe. La película acierta cuando deja ver lo ridículo que puede ser ese poder sin quitarle su capacidad de destruir vidas. Es un tipo patético, sí, pero peligrosísimo.
Visualmente me pareció muy potente. Tiene una fotografía preciosa, oscura, húmeda, con una luz que convierte los espacios cerrados en lugares de interrogatorio y los exteriores en una especie de libertad amenazada. Hay planos muy cuidados, una atmósfera tenebrista y un uso del canto y del cuerpo que dan mucha personalidad al conjunto. La película entra mejor por lo sensorial que por la intriga pura.
También me gustó cómo usa las canciones. Esas voces femeninas no son un adorno bonito, sino una forma de comunidad, de memoria y de desafío. Frente a hombres que quieren traducirlo todo a pecado, pacto y demonio, ellas cantan como quien se agarra a lo único que todavía no le han quitado. Ahí la película encuentra una energía muy bonita: la música como resistencia, como burla y como manera de seguir siendo ellas mismas.
Ahora bien, también tiene defectos. La primera mitad puede hacerse algo repetitiva y machacona, como si insistiera demasiado en la misma idea antes de encontrar su mejor ritmo. A veces el mensaje es tan claro que la película no deja demasiado espacio para la ambigüedad. Sabemos quiénes son las víctimas, quiénes son los verdugos y qué está denunciando. Eso no la invalida, pero por momentos la vuelve algo esquemática.
Tampoco todo el drama emocional me llegó con la misma fuerza. Hay momentos muy bellos y otros en los que el tono se vuelve un poco solemne, casi demasiado consciente de su importancia. Cuando la película se apoya en la tensión entre las chicas y el inquisidor, funciona muy bien; cuando intenta elevarse demasiado hacia lo alegórico, puede perder naturalidad. Para mí, lo mejor está en lo concreto: miradas, cantos, miedo, encierro y negociación.
Aun así, me parece una película valiosa. Me gusta que no tire por el susto fácil ni por el terror sobrenatural convencional. El verdadero horror no está en si hay brujas o no, sino en esos hombres convencidos de que tienen derecho a interpretar el cuerpo, la voz y la libertad de las mujeres como amenaza. Esa es la parte que más queda: la estupidez del fanatismo, pero también su brutalidad.
Al final, me queda como una película notable, imperfecta, visualmente preciosa y con una idea muy poderosa: el monstruo no está en el bosque, sino en quienes llegan con cruces, leyes y certezas para aplastar cualquier forma de vida que no entienden. Me gustó porque convierte una persecución absurda en algo inquietante, porque tiene imágenes muy fuertes y porque deja claro que, a veces, lo que los poderosos llaman brujería no es más que libertad vista por ojos enfermos.
La premisa tiene mucha fuerza porque parte de una barbaridad histórica que parece ridícula hasta que recuerdas que fue real: acusar a unas muchachas de brujas porque se reúnen, cantan, bailan, se ríen o simplemente no encajan en la idea de obediencia que tenían los hombres de poder. Ahí la película tiene su mejor baza. No necesita convertirlas en monstruos ni en criaturas sobrenaturales; basta con enseñar cómo la Inquisición proyecta sus fantasías enfermas sobre ellas.
Me gustó especialmente la lectura feminista, porque no va solo de “brujas”, sino de quién tiene derecho a contar lo que ocurre. Los inquisidores llegan con una historia ya escrita: quieren encontrar un aquelarre, quieren ver al demonio, quieren confirmar sus prejuicios. Las chicas, en cambio, intentan ganar tiempo, resistir, manipular esa mirada y convertir la ignorancia de sus verdugos en una posibilidad de supervivencia.
Amaia Aberasturi sostiene muy bien la película. Tiene una mezcla de fragilidad, rabia, inteligencia y miedo que hace que el personaje no sea solo una víctima pasiva. Se nota que Amaia está atrapada, pero también que piensa, calcula y busca cómo usar las propias fantasías de los hombres contra ellos. Esa tensión entre vulnerabilidad y astucia le da mucha vida al relato.
Alex Brendemühl también funciona mucho como rostro de esa locura institucional. Su inquisidor no da miedo por ser un monstruo exagerado, sino por algo peor: porque convierte sus obsesiones en procedimiento, sus prejuicios en investigación y su deseo de dominar en supuesta defensa de la fe. La película acierta cuando deja ver lo ridículo que puede ser ese poder sin quitarle su capacidad de destruir vidas. Es un tipo patético, sí, pero peligrosísimo.
Visualmente me pareció muy potente. Tiene una fotografía preciosa, oscura, húmeda, con una luz que convierte los espacios cerrados en lugares de interrogatorio y los exteriores en una especie de libertad amenazada. Hay planos muy cuidados, una atmósfera tenebrista y un uso del canto y del cuerpo que dan mucha personalidad al conjunto. La película entra mejor por lo sensorial que por la intriga pura.
También me gustó cómo usa las canciones. Esas voces femeninas no son un adorno bonito, sino una forma de comunidad, de memoria y de desafío. Frente a hombres que quieren traducirlo todo a pecado, pacto y demonio, ellas cantan como quien se agarra a lo único que todavía no le han quitado. Ahí la película encuentra una energía muy bonita: la música como resistencia, como burla y como manera de seguir siendo ellas mismas.
Ahora bien, también tiene defectos. La primera mitad puede hacerse algo repetitiva y machacona, como si insistiera demasiado en la misma idea antes de encontrar su mejor ritmo. A veces el mensaje es tan claro que la película no deja demasiado espacio para la ambigüedad. Sabemos quiénes son las víctimas, quiénes son los verdugos y qué está denunciando. Eso no la invalida, pero por momentos la vuelve algo esquemática.
Tampoco todo el drama emocional me llegó con la misma fuerza. Hay momentos muy bellos y otros en los que el tono se vuelve un poco solemne, casi demasiado consciente de su importancia. Cuando la película se apoya en la tensión entre las chicas y el inquisidor, funciona muy bien; cuando intenta elevarse demasiado hacia lo alegórico, puede perder naturalidad. Para mí, lo mejor está en lo concreto: miradas, cantos, miedo, encierro y negociación.
Aun así, me parece una película valiosa. Me gusta que no tire por el susto fácil ni por el terror sobrenatural convencional. El verdadero horror no está en si hay brujas o no, sino en esos hombres convencidos de que tienen derecho a interpretar el cuerpo, la voz y la libertad de las mujeres como amenaza. Esa es la parte que más queda: la estupidez del fanatismo, pero también su brutalidad.
Al final, me queda como una película notable, imperfecta, visualmente preciosa y con una idea muy poderosa: el monstruo no está en el bosque, sino en quienes llegan con cruces, leyes y certezas para aplastar cualquier forma de vida que no entienden. Me gustó porque convierte una persecución absurda en algo inquietante, porque tiene imágenes muy fuertes y porque deja claro que, a veces, lo que los poderosos llaman brujería no es más que libertad vista por ojos enfermos.
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