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Un visitante
0,5
Publicada el 28 de enero de 2021
Creo que es la primera vez que critico algo en internet, así que pido piedad. Respecto a esta película, me hizo producir la idea en mi mente de que hacer cine debería ser legalmente equivalente a robar un banco. Es decir, si te sale bien: genial, te hiciste millonario! Pero..., si te sale mal seguramente te juzguen por tus actos, y en este caso puntual estaría bueno que el juicio fuera por ejemplo en Texas, ya que sin lugar a dudas el jurado votaría por la pena capital para el director y sus cómplices. Si les gustan los diálogos plagados de citas de películas, libros y canciones rebuscadas, pero llevados a cabo de la manera más inconexa posible, yo creo que van a adorar a esta película. Particularmente me puso muy nervioso el tema de las escenas dentro del auto, que duran como 20 minutos y en las cuales se llevan a cabo estos diálogos y soliloquios realmente insoportables e innecesarios. Ojo, quizá el director nos quiso hacer reflexionar acerca de la muerte, ...y yo creo que lo logró: uno no deja de pensar en pegarse un tiro en todo momento. Sumemos a todo esto idas y venidas en la línea del tiempo, en la historia de cada personaje y hasta en el género mismo del film, que pasa de comedia romántica, a thriller psicológico, suspenso, roza el terror y hasta se vuelve musical (!) entre otros géneros y estilos. Leí un par de críticas re rebuscadas acerca de esta película que hablaban del surrealismo y cosas así... Qué sé yo, para mí es sencillamente mala. Un verdadero pastiche. Una orgía de la infumabilidad. Como decía Nimo: "...por lo menos así lo veo yo". Saludos!
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4,0
Publicada el 6 de septiembre de 2020
"La mujer joven" (Jessie Buckley) y Jake (Jesse Plemons), quienes se conocieron hace seis semanas, hacen un viaje en auto para visitar a los padres de él (Toni Collette y David Thewlis) a la granja en la que viven, para emprender luego el retorno. Ese es el argumento aparente de esta extraña y difícil película. Los dos protagonistas durante los viajes hablan, y mucho, sobre cine, filosofía, literatura, física... charla a la que se suma el monólogo interior del personaje de Buckley.
A partir de cierto momento, la película incursiona en el surrealismo, asoma lo siniestro y las referencias de tiempo e identidad para seguir el relato comienzan a desdibujarse y no queda otra que entregarse al mismo con nuestros propios recursos.
He visto casi todas las películas guionadas y dirigidas por Kaufman (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, El ladrón de orquídeas, Anomalisa) y todas me han cautivado intelectual y emocionalmente. Pero éste no ha sido el caso.
El pesimismo y el patetismo de Kaufman dicen nuevamente presente (sobre todo en la secuencia con los padres de Jake), su tono por momentos depresivo es semejante al de la extraordinaria y demoledora Anomalisa... pero a pesar de apelar a más de un formato y a la cruza de géneros, el peso del texto hablado y del pensado en off por la protagonista es excesivo y no es equilibrado por lo estrictamente cinematográfico.
La película nos envuelve en sus climas lyncheanos y helados (la nieve y el frío son actores fundamentales), nos intriga durante sus más de dos horas de duración, nos desconcierta con sus coordenadas témporo-espaciales, pero satura con lo discursivo y, a diferencia de lo que logra David Lynch, no logra interpelarnos desde lo dramático o lo poético.
O a usted tal vez sí. Vale la pena que haga la prueba, ya que es una película abierta a múltiples interpretaciones. Pueden leer la zona spoiler.
spoiler: Sin dudas que Pienso en el final es una película pasible de múltiples interpretaciones y la lectura de sus críticas y las charlas con amigos arrojan nueva luz sobre su sentidos e interrogantes.
¿Quién es el verdadero protagonista de la película? ¿No es acaso Jake, quien nos la relata desde su presente de ese anciano que deambula por ese colegio desierto, recordando o rearmando a una amada ideal o a un compendio de sus amores perdidos? ¿No es un intento por detener el tiempo en una relación destinada al fracaso y postergar su final? ¿No es esta teoría la que expone en la conferencia final? ¿El baile final no es su canto del cisne?
Si el punto de vista fuera el de ella ¿esa inquietante visita no representa TODAS las visitas a sus suegros, las del presente y las del futuro?
De este modo la película se emparienta con Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.
Una película sobre el frente a lo irremediable e irrecuperable.
Película excelente desde mi punto de vista. A pesar de ser muy compleja, te sumerge de lleno en la historia desde el minuto 1 y conforme avanza te plantea preguntas que más tarde serán respondidas. Es una historia basada en pensamientos y no en acciones, por lo que no es lo suficiente "entretenida" como una buena película de acción, pero los pensamientos están expresados de forma magnífica con grandes referencias y metáforas muy profundas sobre la vida de los personajes. La película es arte en todos los sentidos y el director logra transmitir a la perfección lo que quiere de cada situación y relación de los personajes. Una obra de arte sin duda.
Exquisita desde el primer momento, siempre la tensión está en ver cómo todo se desenvolverá, aportado por su música y atmósfera atrapantes. Todos los papeles son muy bien interpretados y nos brindan más genialidad a esta de por sí genial película.
Su final es grandioso, nos dejará con la boca abierta y no lo entenderemos muy bien, pero si perfecta ejecución nos dejará satisfechos.
Charlie Kaufman brinda una obra impresionista, sumamente ligada al pensamiento existencialista, con una narración intelectual y actuaciones sobresalientes. Es cierto que su complejidad puede asustar a algunos espectadores y puede que Kaufman caiga en la pretensión a veces, pero no deja de ser uno de los mejores estrenos del año.
Es una obra de arte, no para todo el mundo porque si tus películas favoritas son las comedias románticas no te recomiendo verla, pero para los amantes del cine es la mejor película del 2020, tiene que ganar si o si el Oscar
Truño infumable con propaganda globalista animalista feminista e insufrible ritmo lento que te hará sentir verdadero asco por la vida.
Terrorismo mediático con recursos estilisticos que camuflan un vacío de contenido haciendolo pasar por cultura.
Así los que critican bien a la película lo hacen con la intención de fingir que "saben de cine", mientras hacen el más espantoso ridículo perpetuando una bazofia sólo promocionable en Netflix.
Una auténtica pérdida de tiempo. Dos horas y cuarto tiradas a la basura.
Es más emocionante ver cómo gira la ropa en la lavadora.
Hay películas que se entienden mejor cuando uno deja de exigirles que se comporten como una narración convencional. Estoy pensando en dejarlo pertenece de lleno a ese grupo. Puede desconcertar, irritar o incluso expulsar al espectador, pero precisamente ahí está parte de su fuerza: obliga a mirar de otra manera, a aceptar que la lógica emocional puede pesar más que la lógica narrativa.
Charlie Kaufman construye una experiencia donde identidad, memoria, deseo, arrepentimiento y soledad parecen contaminarse entre sí. El tiempo no se siente estable, la percepción tampoco y las conversaciones adquieren una densidad extraña, como si cada frase estuviera cargada de algo que todavía no terminamos de comprender. Es una película que no quiere ser descifrada de una vez, sino habitada durante un rato.
Eso también explica por qué puede dejar a mucha gente fuera. Quien busque una historia clara, progresiva y cerrada probablemente se canse o piense que todo cambia porque sí. Incluso hay espectadores que seguramente no llegarán al final. La película exige paciencia, tolerancia a la ambigüedad y disposición a aceptar que algunas imágenes funcionan más como estados mentales que como piezas de un puzle tradicional.
A mí, sin embargo, esa dificultad terminó jugando a favor. Me recordó, salvando todas las distancias, a la sensación que tuve la primera vez que leí El almuerzo desnudo: entrar en una obra que parece negarse a funcionar según las reglas habituales y que obliga a cambiar de posición como lector o espectador. No porque ambas obras sean iguales, sino porque producen esa mezcla de desconcierto, rechazo, fascinación y necesidad de reconstrucción.
Y también importa muchísimo el momento en que uno llega a una obra así. Ninguna película se ve en el vacío. Igual que ciertos libros dialogan entre sí cuando los lees en una misma época, aquí también pesa todo lo que uno lleva dentro: otras películas, otras lecturas, otras ideas sobre la identidad, la soledad, el paso del tiempo o la posibilidad de haber vivido de otra manera. Por eso es fácil imaginar que una segunda visión produzca una película distinta.
Jessie Buckley y Jesse Plemons son fundamentales. Ambos sostienen una incomodidad constante sin necesidad de grandes gestos. Ella aporta inteligencia, extrañeza y una sensación de desplazamiento difícil de definir; él transmite una mezcla de fragilidad, rigidez y tristeza que encaja perfectamente con el universo de Kaufman. Toni Collette y David Thewlis completan el tono con interpretaciones capaces de resultar cercanas e inquietantes casi al mismo tiempo.
La puesta en escena contribuye mucho a esa sensación de inestabilidad. Los espacios parecen normales y, sin embargo, nunca terminan de sentirse seguros. La fotografía, el sonido, los silencios y la duración de las conversaciones generan una atmósfera que roza por momentos el terror psicológico sin convertirse realmente en una película de terror. Hay humor, incomodidad, melancolía y absurdo conviviendo en un mismo plano.
Lo que más me interesa es que la película no se agota cuando termina. No ofrece esa satisfacción inmediata de haber comprendido cada pieza, pero sí deja preguntas, asociaciones y sensaciones que continúan trabajando después. Eso puede ser desesperante para quien necesite respuestas claras, pero para mí es exactamente lo que la vuelve interesante.
También tiene algo profundamente triste. Bajo toda la arquitectura intelectual hay una reflexión sobre la distancia entre lo que pensamos, lo que hacemos y lo que terminamos siendo. Kaufman puede parecer frío o excesivamente cerebral, pero aquí la emoción está precisamente en esa acumulación de posibilidades, miedos y recuerdos que nunca terminan de encajar del todo.
No todo me parece perfecto. Su duración pesa, hay fragmentos deliberadamente agotadores y por momentos la película parece disfrutar demasiado de su propia dificultad. Entiendo perfectamente a quien la considere pretenciosa o hermética. Pero esa resistencia forma parte de su identidad y, en mi caso, acabó compensando.
Estoy pensando en dejarlo no es una película que recomendaría a cualquiera. Exige bastante y puede provocar rechazo. Pero a mí me gustó precisamente porque no se cierra. Es de esas obras cuya lectura depende también de quién eres cuando la ves y de qué otras cosas llevas contigo en ese momento. Puede que dentro de unos años me parezca otra película. Y pocas cosas me resultan más interesantes que eso.