La idea tiene su gracia: críos atrapados en un campamento cuando todo se va al garete y, de repente, toca espabilar. El problema es que la película se queda en la idea y ya. Quiere ser aventura ochentera, quiere ser “coming of age”, quiere ser sci-fi ligera… pero al final no cuaja del todo en ninguna.
El guion es bastante cutre, de esos que van tirando de situaciones porque sí, con diálogos que suenan a plantilla y decisiones que no te crees ni aunque pongas mucha voluntad. Y cuando una historia depende tanto de que te metas en el juego, eso pasa factura rápido.
Los niños tampoco ayudan demasiado. No es que estén horribles, pero les falta carisma y naturalidad, y en una peli así necesitas que el grupo te caiga bien casi por inercia. Aquí, a ratos, parecen puestos para ir marcando casillas en vez de vivir la aventura.
Técnicamente tampoco levanta el vuelo: montaje nervioso, ruido, y una sensación constante de estar viendo algo que quiere parecer más grande de lo que es. Hay momentos entretenidos, sí, y si la pillas con pocas exigencias puede pasar el rato… pero te deja bastante frío.
Lo que más fastidia es que con un poquito más de cuidado podría haber sido una peli simpática de verdad. En cambio, se queda en “producto” sin chispa, sin emoción y sin ese punto de imaginación que haga que te acuerdes de ella mañana.