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..PICARD..
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3,0
Publicada el 1 de febrero de 2021
Producción de intrigante -aunque previsible- desarrollo, filmada principalmente en interiores pero que mantiene el suspense durante toda su extensión. Su director, acredita a Kiera Allen, actriz realmente discapacitada. La actual pandemia impide que, películas como esta que nos ocupa, sean estrenadas en cines, de manera que ya sabéis: al mercado del vídeo. Y, racional que esto lees: cuidado con tu mamá que te quiere. Un trabajo EFICIENTE. .2 sobre 5. ..PICARD..
Esta película nos recuerda que si bien los fantasmas, los monstruos y los asesinos enmascarados suelen causarnos miedo, este no se compara con lo aterrador que el amor y la realidad pueden causar.
Hay películas que no necesitan complicarse para funcionar, y esta es una de ellas. Mamá te quiere entra rápido en materia y no pierde el tiempo en explicaciones innecesarias. Plantea una situación inquietante desde lo cotidiano, casi doméstico, y a partir de ahí va apretando poco a poco, sin prisas pero sin pausa. No busca sorprender por acumulación de giros, sino por la sensación constante de que algo no encaja del todo.
El gran acierto está en cómo administra la información. La película prefiere sugerir antes que subrayar, y eso juega a su favor. El suspense se construye a base de detalles, miradas, silencios y decisiones pequeñas que, sumadas, van creando una tensión muy efectiva. No es un thriller sofisticado ni pretende serlo, pero sabe exactamente qué teclas tocar para mantenerte enganchado.
Gran parte del peso recae en sus dos protagonistas. Sarah Paulson vuelve a moverse con enorme soltura en terrenos incómodos, dominando esa ambigüedad que hace que cada escena tenga una capa más de inquietud de la que parece. Su trabajo es contenido, preciso, y evita caer en gestos evidentes. Frente a ella, Kiera Allen sostiene la película con una presencia clave, tanto física como emocional, haciendo que el conflicto resulte creíble y nunca decorativo.
La dirección apuesta por un ritmo muy medido y un uso inteligente del espacio. Hay una clara voluntad de encierro, de limitación, que refuerza la sensación de amenaza sin necesidad de recurrir a grandes artificios. Todo está pensado para que el espectador sienta esa presión constante, incluso cuando aparentemente no está pasando nada.
Puede que algunos movimientos se vean venir y que la película no sea especialmente sutil en ciertos momentos, pero eso no le resta eficacia. Al contrario: juega con las reglas del thriller clásico y las ejecuta con oficio, ofreciendo un entretenimiento sólido, tenso y muy disfrutable. No pretende reinventar el género, pero cumple con creces lo que promete.