Me ha gustado mucho. Tiene algo casi teatral, porque en realidad estamos viendo casi todo el tiempo al protagonista en su puesto del servicio de emergencias, recibiendo llamadas, reaccionando, sudando, agobiándose y dejando que todo pase a través de su voz, su cara y lo que imaginas al otro lado del teléfono. Y, aun así, funciona de verdad.
Lo mejor es precisamente eso: cómo consigue ser tan entretenida con tan poco. La película va abriendo poco a poco la historia, no solo del caso principal, sino también del propio personaje, y te va metiendo en una espiral de tensión bastante eficaz. Empiezas viendo una noche complicada de trabajo y acabas atrapado en algo bastante más turbio y personal.
Jake Gyllenhaal sostiene la película casi él solo, y además lo hace muy bien. Está en pantalla prácticamente todo el tiempo, así que si él fallara, la película se vendría abajo. Pero no pasa. Consigue transmitir ansiedad, rabia, culpa y desesperación sin necesidad de grandes artificios. Todo depende mucho de él, y responde de sobra.
También me gusta que la película sepa jugar con lo que no vemos. Todo entra por las llamadas, por los silencios, por lo que alguien cuenta o deja de contar, y eso obliga al espectador a reconstruir el puzzle constantemente. Tiene esa virtud de las historias sencillas bien planteadas: te engancha con muy pocos elementos y no necesita mucho más.
Es verdad que en algunos momentos se nota el mecanismo, y que hay giros o explicaciones que pueden parecer algo más subrayados de la cuenta. Pero, incluso así, la tensión aguanta bastante bien y el conjunto nunca se cae. Puede que no reinvente nada, pero está muy bien montada para mantenerte pendiente de cada llamada.
En conjunto, me ha parecido una película muy entretenida, intensa y muy bien sostenida por su protagonista. Ese formato cerrado, casi de obra de teatro filmada, le sienta muy bien, y hace que todo dependa de la interpretación, del ritmo y del suspense. Y ahí cumple de sobra.