Lo mejor que se puede decir de esta película es que sorprende. Arranca con un tono de comedia gamberra, pero pronto se transforma en una mezcla de ciencia ficción, sátira social y thriller conspirativo que no se parece demasiado a nada reciente. Esa originalidad, en un panorama saturado de fórmulas repetidas, ya es un punto a favor.
El trío protagonista —John Boyega, Jamie Foxx y Teyonah Parris— es la clave del éxito. Su química hace que cualquier escena funcione, incluso cuando el guion se enreda o se alarga más de lo necesario. Boyega aporta solidez, Foxx roba planos con su desparpajo habitual y Parris equilibra la balanza con carisma y frescura.
Visualmente, la película juega con un estilo retro que homenajea al blaxploitation, pero con un acabado moderno y muy cuidado. Esa estética, unida a diálogos rápidos e ingeniosos, le da un aire único que atrapa desde el principio.
No todo funciona igual de bien: algunos giros se sienten forzados y el metraje podría haber sido más ajustado. Aun así, la energía del reparto y la mezcla de géneros mantienen el interés y logran que el experimento salga adelante.
En definitiva, El clon de Tyrone es una propuesta distinta, divertida y con más fondo del que parece a simple vista. Una muestra de que todavía se pueden hacer películas originales dentro del cine comercial.