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Ozonero
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3,5
Publicada el 10 de junio de 2021
BlumHouse siempre se ha caracterizado por sus producciones de terror comercial, en su gran mayoría muy acertadas y entretenidas. En esa línea, en los últimos años hay una corriente con aires retro de slasher ochentero que en mi opinión han sido un acierto dentro de su contexto, como por ejemplo "Feliz día de tu muerte". Por eso no es de extrañar que, con esas premisas y el mismo director, "Este cuerpo me sienta de muerte" sea otra mezcla divertida, con tintes ochenteros no solo al slasher sino también a ese tipo de comedia tan habitual en aquellas décadas con los intercambios de cuerpo de por medio. Si a "Feliz día de tu muerte" la podíamos ver como una especie de versión de terror ochentero de "Atrapado en el tiempo", en un símil, "Este cuerpo me sienta de muerte" sería una especie de "De tal astilla, tal palo" llevado al género. Vince Vaughn hace tiempo que demostró que es mucho más que un simple actor de comedia romántica y está divertido y convincente en esta interesante muestra (una más) de que Jason Blum sigue siendo sinónimo de entretenimiento palomitero con el terror de por medio.
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4,0
Publicada el 19 de mayo de 2021
No soy mucho de películas de terror pero si son comedias de terror pues si. Este cuerpo me sienta de muerte y las actuaciones de Kathryn Newton y Vince Vaughn me han gustado mucho
No me ha gustado mucho. Típico instituto de USA que hay un asesino sanguinario que por una daga se ha cambiado de cuerpo con una estudiante. Tiene puntos de humor típicos, pero el argumento es predecible, algunas escenas y situaciones son bastantes falsas y surrealistas, de hecho a veces tenía la impresión de que estaba viendo una más de las de "scary movie".
La peor peli que he visto en mucho tiempo. Simplemente una perdida de tiempo. Los actores bien en su papel que no es suficiente para aliñar una peli sin sentido y desagradable
Lo mejor de una mezcla tan improbable como esta es que Christopher Landon entiende que no basta con juntar una comedia de intercambio de cuerpos y un slasher: hay que conseguir que ambos géneros se alimenten entre sí. Este cuerpo me sienta de muerte funciona precisamente porque el humor no interrumpe el terror ni el terror parece colocado para justificar unas cuantas bromas. La película vive de esa fricción y, cuando acierta, resulta muchísimo más divertida de lo que su premisa podría hacer pensar.
Vince Vaughn es una de las grandes claves. Tiene un físico enorme, muy asociado aquí a la amenaza, pero lo utiliza también para la comedia corporal con una entrega sorprendente. Sus gestos, la forma de moverse y la manera de alterar por completo su energía convierten el intercambio en algo visible antes incluso de que el guion tenga que recordárnoslo. No se limita a “hacer de adolescente”; construye una versión exagerada, sí, pero suficientemente precisa para que el chiste no se agote enseguida.
Kathryn Newton está igual de bien en el otro extremo. Tiene que sostener la parte más fría y peligrosa del juego sin perder de vista que la película sigue siendo una comedia negra. Su trabajo funciona porque no intenta competir con Vaughn en volumen, sino que apuesta por una presencia mucho más contenida. Esa diferencia hace que el intercambio sea todavía más divertido y evita que todo dependa de una sola interpretación.
Landon ya había demostrado en Feliz día de tu muerte que sabe usar mecanismos de género muy reconocibles sin tratarlos con cinismo. Aquí vuelve a hacer lo mismo. Hay una evidente conciencia de los códigos del slasher, del instituto norteamericano y de las películas de intercambio de identidad, pero el filme no parece burlarse de ellos desde fuera. Los utiliza con cariño, juega con ellos y los lleva a un terreno más sangriento y macarra.
También se agradece que las muertes tengan imaginación. La película no se conforma con cumplir el expediente del slasher, sino que entiende que buena parte del placer de este tipo de cine está en la creatividad, en la puesta en escena y en ese instante de “a ver con qué salen ahora”. El gore está presente, pero normalmente llega con una intención juguetona. La violencia es gráfica sin convertir la película en algo desagradable de ver, porque el tono siempre conserva una distancia cómica.
Ahí está probablemente su mayor virtud: el equilibrio. Podría haberse convertido fácilmente en una parodia demasiado tonta o en un slasher convencional con un truco llamativo, pero casi nunca cae del todo en ninguno de esos extremos. Hay chistes que funcionan mejor que otros y algunos elementos adolescentes son bastante familiares, pero la energía de los intérpretes y el ritmo impiden que la fórmula se vuelva pesada.
Además, detrás de la broma hay algunas ideas interesantes sobre identidad, inseguridad y la manera en que uno cambia cuando deja de mirar su propio cuerpo como una limitación permanente. La película no pretende convertir eso en una tesis, y hace bien. Son apuntes que enriquecen el juego sin frenar el entretenimiento. También hay espacio para cuestiones de género y sexualidad tratadas con bastante naturalidad dentro de una comedia comercial.
Quizá por eso da tanta rabia que pasara relativamente desapercibida. Tiene una premisa muy vendible, dos protagonistas entregadísimos y un director que conoce perfectamente el tipo de película que está haciendo. Su estreno en 2020 no ayudó nada, pero vista ahora sorprende que no haya generado una continuación, porque el universo permitía ampliar la idea sin repetir exactamente el mismo mecanismo.
De hecho, lo más estimulante después de verla es imaginar hasta dónde podría haberse llevado una segunda parte. El concepto de intercambio de cuerpos da para mucho más que repetir la misma jugada, y un enfoque más cercano a Fallen, con una identidad homicida saltando entre distintos cuerpos, habría encajado perfectamente con el tono de la saga. Eso dice bastante de la eficacia de la película: termina y todavía apetece seguir jugando con sus reglas.
No es una obra maestra del terror ni pretende serlo. Es una comedia slasher consciente de sí misma, ágil, sangrienta y muy simpática, sostenida por dos interpretaciones que entienden exactamente dónde está la gracia. Landon consigue algo bastante difícil: que el concepto no sea solo un chiste de una línea, sino una película completa con ritmo, personalidad y bastante mala leche. Una sorpresa mucho mejor de lo que esperaba.