La mejor comedia pasiva.
Hay algo profundamente reconfortante en esta película. No es una comedia que ataque de primeras, sino que poco a poco va acomodándose. No necesita exagerar para funcionar, porque hay plena confianza en los personajes y en las situaciones que los rodean.
Ben Stiller demuestra por qué es uno de los mejores actores que tiene el cine. Tiene un carisma particular, una presencia que pesa incluso cuando está fuera de plano. Gracioso y humano. No me canso nunca de mirarlo. De hecho, quiero que esté siempre en pantalla. Con Teri Polo ocurre algo similar. Juntos funcionan naturalmente bien y de manera envidiable. Hay equilibrio; no se eclipsa ninguno. Eso, tratándose de una película que gira claramente en torno al personaje de Stiller, tiene mérito. De Niro se limita a cumplir, a funcionar dentro del engranaje, pero la película no me entusiasma por él.
El guion también es uno de los grandes aciertos. El humor ser apoya en lo físico y lo cotidiano, evitando el posible surrealismo. Todo fluye orgánicamente. Curiosamente, es una de las comedias más serias que he visto. Valoro el equilibrio impecablemente bien conseguido: lo gracioso no se convierte en parodia, el drama aparece lo justo para no hacerla triste innecesariamente, y el romance no se convierte en una novela pedante.
Al terminarla, me queda un muy buen sabor de boca. La sensación de haber visto una buenísima película. Sólida, sencilla, inteligente y con personalidad. Me deja con ganas y expectativas de ver la secuela. Eso, en películas del estilo, no es poco.