Canina
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3,0
Publicada el 1 de agosto de 2026
Canina empieza muy bien. Durante su primera parte parece que va a ser una película incómoda, extraña y bastante valiente sobre la maternidad, la pérdida de identidad y la frustración de una mujer que siente que su vida ha quedado reducida a cuidar de su hijo mientras todo lo demás desaparece.

Amy Adams interpreta a una madre que ha abandonado temporalmente su carrera artística para quedarse en casa. Su marido trabaja fuera, viaja con frecuencia y, aunque no parece una mala persona, vive la paternidad desde una posición mucho más cómoda. Ella carga con las rutinas, el cansancio, la soledad y la sensación de haberse convertido únicamente en “la madre”.

Al principio, la película observa muy bien esa situación. Las conversaciones con otras madres, los días repetidos, la falta de espacio personal y la dificultad para reconocer a la mujer que era antes resultan bastante creíbles. Hay humor, pero también amargura. Amy Adams consigue transmitir agotamiento, rabia y culpa sin convertir al personaje en una simple víctima.

La transformación animal funciona inicialmente como una buena metáfora. Esa mujer, obligada a ser paciente, correcta y maternal durante todo el día, comienza a conectar con una parte más salvaje de sí misma. La idea de convertirse en una perra puede representar la necesidad de escapar, recuperar el cuerpo, dejar de pedir permiso y liberar una ira que lleva demasiado tiempo contenida.

El problema aparece cuando la película tiene que desarrollar esa premisa. En lugar de llevarla hacia un lugar más arriesgado, más oscuro o más absurdo, empieza a repetir las mismas ideas. La protagonista está frustrada, el marido no comprende la situación, ella se siente atrapada y la transformación se convierte en una forma de expresar todo aquello que no sabe decir.

Y ahí empecé a dudar. La película parece construir una situación artificial para obligarnos a entrar en la historia, cuando buena parte del conflicto podía abordarse desde el principio mediante una conversación real, una reorganización de la vida familiar o una decisión concreta. Evidentemente, las personas no siempre encuentran soluciones sencillas cuando están agotadas, pero el guion estira demasiado la falta de comunicación para mantener su alegoría.

El marido está escrito de una manera demasiado conveniente. No es cruel ni especialmente egoísta, pero parece incapaz de ver algo que resulta evidente para todos. La película necesita que tarde demasiado en comprender el estado de su mujer porque, si ambos afrontaran el problema antes, gran parte de la historia dejaría de existir.

Eso debilita también el final. Después de presentar la maternidad como una experiencia capaz de borrar la identidad, despertar resentimiento y provocar una crisis casi física, la solución resulta demasiado limpia. La película termina acercándose a una reconciliación doméstica bastante convencional, como si repartir mejor las responsabilidades pudiera cerrar por completo todo lo que había abierto.

No digo que esa solución sea incorrecta. Claro que compartir los cuidados y recuperar tiempo propio puede cambiar una vida. Pero la película había planteado algo mucho más profundo: una mujer que no sabe si puede seguir siendo madre, artista, pareja y persona sin desaparecer dentro de alguno de esos papeles.

Amy Adams es lo mejor. Está entregada por completo y consigue que incluso los momentos menos convincentes tengan verdad emocional. Su interpretación evita que la película caiga del todo, porque detrás de cada gesto se percibe una mezcla de amor por su hijo, agotamiento, rabia y miedo a admitir que no está disfrutando de la maternidad como se supone que debería hacerlo.

Marielle Heller dirige con sensibilidad, pero quizá con demasiada prudencia. La película podía haber sido más feroz, más incómoda y más extraña. La premisa pedía una sátira con dientes o un verdadero descenso hacia el horror corporal. Sin embargo, casi siempre elige una versión más amable y accesible.

Canina plantea preguntas muy interesantes sobre todo lo que se exige a las mujeres cuando se convierten en madres, pero no termina de seguirlas hasta sus últimas consecuencias. Comienza como una historia original y provocadora y acaba ofreciendo respuestas bastante conocidas.

No es una mala película. Tiene una gran interpretación, momentos muy buenos y una primera parte realmente prometedora. Pero cuanto más pienso en su desarrollo, más me parece que fuerza demasiado el conflicto y después lo resuelve con excesiva facilidad.

Una película que empieza enseñando los dientes, pero termina sin atreverse a morder.
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