Ha estado bien. No inventa nada, pero tampoco creo que lo necesite. Es una de esas películas que cogen una idea muy simple —un animal convertido en máquina de matar humanos— y la exprimen con bastante oficio. En el fondo es eso: Tiburón, pero con un león cabreadísimo en vez de un tiburón, y con Idris Elba intentando sobrevivir en medio de la sabana.
Lo mejor es que va bastante al grano. No se pierde demasiado en explicaciones ni en subtramas innecesarias. Plantea el peligro, mete a los personajes en la ratonera y se dedica a generar tensión con bastante eficacia. Hay momentos que son un poco absurdos, sí, pero forman parte del juego y la película más o menos sabe qué tipo de serie B quiere ser.
También ayuda mucho Idris Elba. Tiene presencia de sobra para sostener una historia así, y eso hace que incluso cuando el guion se pone más básico o más inverosímil, la película no se venga abajo. No es un papel especialmente complejo, pero él le da la consistencia necesaria para que todo aguante.
Visualmente está bastante bien resuelta. La sabana, los ataques, la sensación de aislamiento y algunas secuencias de suspense funcionan de verdad. El león a veces canta un poco más de la cuenta, pero en general la película sabe cómo usarlo para mantener la amenaza y no gastarlo demasiado pronto.
Es verdad que el guion tiene agujeros, que algunas decisiones son discutibles y que todo es bastante predecible. Pero tampoco creo que venga por ahí su gracia. Su gracia está en ser una peli directa, tensa, simple y entretenida, de las que ves sabiendo perfectamente lo que te va a dar.
En conjunto, me ha parecido una película entretenida, bastante eficaz dentro de su fórmula y con ese punto de “animal asesino” clásico que sigue funcionando cuando está bien llevado. No es nada del otro mundo, pero se deja ver muy bien.