Igor Grom contra el Doctor Peste
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3,0
Publicada el 28 de junio de 2026
Igor Grom contra el Doctor Peste es una de esas películas que llaman la atención, antes que nada, por su procedencia. No porque el cine ruso sea una rareza absoluta, claro, sino porque en Occidente no nos llegan tantas producciones comerciales rusas de este tipo: cine de acción, superhéroes, cómic, thriller policial y espectáculo con ambición visual. Y eso ya le da cierto interés. Se nota que hay presupuesto, que hay ganas de competir en el terreno del blockbuster y que la película no quiere parecer pequeña.

La historia sigue a Igor Grom, un policía de San Petersburgo con métodos poco ortodoxos, que debe enfrentarse al Doctor Peste, una figura enmascarada que empieza a castigar violentamente a ricos y poderosos bajo una supuesta idea de justicia. La comparación con V de Vendetta aparece casi sola: máscara, discurso contra la corrupción, violencia como espectáculo público, ciudad convertida en tablero moral y un villano que se presenta como símbolo. Aquí, sin embargo, la película va menos lejos en lo político y bastante más hacia el entretenimiento de cómic.

Lo mejor está en el acabado. Igor Grom contra el Doctor Peste luce bien. San Petersburgo da mucho juego como escenario, la fotografía aprovecha la ciudad, los efectos especiales son buenos y las escenas de acción tienen energía. Hay momentos de cámara, montaje y puesta en escena que demuestran oficio y ambición. No parece una película hecha con cuatro duros ni un intento torpe de imitar Hollywood, sino una producción con empaque, ritmo y personalidad visual.

También funciona como entretenimiento. No aburre demasiado, tiene acción, investigación, humor ligero, persecuciones, villano teatral y ese tipo de protagonista chulo, impulsivo y brillante que siempre parece ir un paso por delante de los demás. El material viene del cómic y eso se nota en el tono, en los personajes y en la manera de plantear los conflictos. La película abraza bastante bien esa energía de viñeta grande, exagerada y colorida.

El problema es que casi todo suena a algo ya visto. Hay ecos de V de Vendetta, de Batman, del cine de policías rebeldes, de Marvel, de La purga y de muchas historias sobre vigilantes que dicen luchar contra la corrupción mientras siembran el caos. La localización rusa y San Petersburgo aportan frescura, pero la estructura narrativa es bastante convencional. El héroe, el compañero, la periodista, el superior, el villano con discurso moral y los giros de guion entran en moldes muy reconocibles.

Tampoco termina de profundizar demasiado en lo que plantea. La idea de un justiciero que castiga a las élites corruptas podría haber dado una reflexión más incómoda sobre poder, desigualdad, violencia, populismo y manipulación social. Pero la película prefiere mantenerse en una zona más segura, más de aventura policial y espectáculo. Eso no es necesariamente malo, pero limita su fuerza. Parece que quiere tener comentario social, pero sin dejar de ser una película de acción accesible y comercial.

Los actores cumplen, aunque aquí también pesa cierta distancia cultural. Seguramente, si estas películas rusas llegaran más a menudo a Occidente, tendríamos más familiaridad con sus rostros, sus registros y sus estrellas. Tikhon Zhiznevsky tiene presencia como Igor Grom, Sergei Goroshko funciona bien como figura opuesta y el reparto sostiene la maquinaria. Pero, visto desde fuera, cuesta valorar del todo el peso real de esos actores en su industria.

Igor Grom contra el Doctor Peste no es una maravilla, pero se puede ver perfectamente. Tiene dinero, buenos efectos, una ciudad atractiva, acción competente y una premisa con gancho. Le falta originalidad, le sobran algunos minutos y no llega a exprimir del todo sus posibilidades políticas ni emocionales. Aun así, como blockbuster ruso de cómic, resulta curioso, entretenido y bastante más sólido de lo que uno podría esperar si llega a ella sin saber nada.
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