Me ha parecido una película interesante, rara y bastante extraña, de esas que no terminan de encajar del todo en una sola idea. Por un lado es ciencia ficción íntima, por otro parece un viaje mental, y a ratos da la sensación de que lo que estás viendo puede ser tanto real como una proyección de alguien que lleva demasiado tiempo solo.
Lo que más me ha interesado es precisamente eso: la duda constante. No tanto qué pasa, sino desde dónde lo estamos viendo. La película juega con la soledad, con la culpa, con el desgaste emocional y con esa posibilidad de que la cabeza empiece a deformarlo todo cuando ya no hay nadie alrededor que te devuelva una versión fiable de la realidad.
Adam Sandler funciona bien en este registro apagado. No busca grandes gestos, va más por dentro, y eso le sienta bien a una historia que está construida desde la introspección. El problema es que la película a veces se pasa de contenida y entra en una lentitud que puede volverse algo pesada.
Visualmente tiene cosas atractivas. El espacio, la nave, el silencio, esa sensación de aislamiento total… todo eso está bastante logrado. El tono también tiene personalidad, aunque no siempre se traduzca en una historia igual de potente. Hay buenas ideas, pero no todas terminan de despegar.
Aun así, no me ha parecido una mala película. Me interesa más por lo que intenta que por lo que consigue. Tiene algo hipnótico, algo incómodo incluso, como si estuvieras viendo una mezcla entre duelo emocional, fábula existencial y posible alucinación prolongada.
En conjunto, me ha resultado una película curiosa y bastante estimable, aunque irregular. No creo que sea para todo el mundo, pero sí tiene un punto extraño que se queda rondando después. Y eso, al menos, ya es algo.