Drive My Car
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9 Críticas del usuario

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Luis Alberto Serrano
Luis Alberto Serrano

7 usuarios 45 críticas Sigue sus publicaciones

3,0
Publicada el 4 de marzo de 2022
              El cine es arte, pero también es entretenimiento. Esta película hay que saber seleccionarla, a la hora de verla. Quizás, el fondo y la forma están muy bien combinados, pero el ritmo pausado típico en la narrativa cinematográfica oriental no es para todos los públicos. Aquí está perfectamente justificado por los perfíles psicológicos de los personajes. Las largas conversaciones y, sobre todo, los silencios nos presentan los estados anímicos del director teatral Yûsuke Kafuku (Nishijima). La muerte tan repentina de su esposa (Kirishima) lo sume en un mar de dudas, inseguridades y miedos. Esta película habla, sobre todo, de eso, de soledad, desamor, dolor y miedo. Y ahí, podemos decir que es una gran película.

            Pero dura tres horas. No estamos acostumbrados a metrajes tan largos. Aquí juegan en contra ese exceso de diálogos en plano contra plano (y que, al ser dentro de un coche son ineludiblemente en primeros planos). Si a las conversaciones les unimos los silencios en los que mostrar la lentitud con la que la mente del protagonista procesa todo el dolor y las incertidumbres que lleva dentro, se entiende que el público en general se haya aburrido mucho. A mi me aburrió. Tenía ganas de que terminara. Quizás no elegí el mejor día para verla o que el exceso de secuencias en los que se ensaya la obra de teatro y los largas que son, me sacaban de la trama principal.

            Esta película es una adaptación mucho más que libre del Relato de mismo nombre escrito por el autor japonés Haruki Murakami, eterno candidato al Premio Nóbel de Literatura. Está recogido en su libro de relatos cortos “Hombres sin mujeres” (2014). Seguramente me encantaría más leerlo que ver esta película por la cadencia en sí de cada medio. La literatura es más pausada y reflexiva. El cine lo puede ser, pero no estamos acostumbrados a que lo sea. Este film parece plano, pero no lo es. Las conversiones de los estados anímicos de los personajes, genera ritmo narrativo. spoiler: Las conversaciones del director con uno de los actores en el coche, por ejemplo, dará nuevas dimensiones al protagonista para disipar sus dudas y lograr entender la relación con su esposa y el amor que le tenía.


            A mí, personalmente, el personaje que más me ha gustado es el de Oto, la chica que hace de chófer (Miura). Pese a su juventud, tiene mucha experiencia en la vida por haber vivido situaciones límites. Su apertura para hablar de ellas sin tapujos irá consiguiendo que su jefe se empiece a abrir y a contar sus reflexiones y sus lagunas.

            No creo que parta como favorita a ganar el Óscar a la Mejor Película a pesar de los premios en el Festival de Cannes. Pero sí la veo firme candidata ser la ganadora a la Mejor Película en Habla no Inglesa, como ya sucedió en los Globos de Oro.
Nicolás Díaz Rivas
Nicolás Díaz Rivas

48 usuarios 296 críticas Sigue sus publicaciones

3,0
Publicada el 29 de abril de 2022
UN COCHE A RALENTÍ

Exitoso drama existencial muy alabado por la crítica internacional. Multipremiado en diferentes festivales, es una obra delicada y preciosista. Muy envolvente, pero solo si te prestas a ello. Tienes que entrar en su juego.
Un film que funciona como un minucioso juego de espejos entre la realidad y la ficción teatral. Su excesivo metraje y su pausado ritmo no la hacen fácil de ver precisamente. Sólo destinada a espectadores pacientes. Aunque siempre puedes verla en varios episodios, como así lo hice yo
Daniel
Daniel

47 usuarios 103 críticas Sigue sus publicaciones

3,5
Publicada el 26 de julio de 2022
La elegancia de los diálogos de Drive My Car, le dan una profundidad a la cinta muy natural; el como los personajes hablan entre si es simplemente brutal, hablando entre historias y matizando sus líneas con simbolismos y alegorías. Ya sea el mismo Carro que tiene como eje central la trama, o el como el personaje de Oto, habla entre historias ocultando la verdad en la ficción y la ficción en la verdad. Las historias planteadas por este personaje son hermosas, te dan ganas de que sean una película independiente a esta. Aunque la trama en si se desarrolle dentro del vehículo eso no es impedimento de dar secuencias hermosas tanto visual como narrativamente, ya sea esa increíble escena en la que el personaje de Koji cuenta la historia completa de la esposa de Yusuke o la increíble compostura de la escena de los cigarrillos con una paleta de colores hermosa. Esta película es un deleite en estos 2 apartados. Tanto los personajes principales como de apoyo son muy carismáticos y en el desarrollo de la historia se van desenvolviendo la verdadera personalidad de cada uno, conjuntándose muy bien con las pistas que te puede dar la historia. A pesar de que la primicia de la trama puede sonar muy simple. Un director de Teatro que se embarca en un nuevo proyecto, pero por una enfermedad le asignan una chofer para que lo lleve y lo traiga. Puede sonar muy simple pero la película se encarga que en el diálogo repercutan todos los acontecimientos de la historia, sin recurrir a escenas explicativas o físicas; como el increíble sub diálogo de la culpa de Misaki y Yusuke por creer que podrían haber echo algo más en la muerte de sus familiares y el como van superando el duelo hasta entender de que no había nada que se pudiera hacer. Y para mi ese es el principal simbolismo de la película encarnado por el carro "El viaje del duelo" que se puede hacer notar en los largos trayectos que los personajes tienen que hacer y como cada quien lo afronta de maneras diferentes. Drive My Car narrativamente es una extraordinaria película, que si puede llegar a ser sobre explicativa, pero si eres fan de este tipo de películas vas a disfrutar cada párrafo del guion que se encarga de contar algo que aporte a la trama, no hay relleno en las 3 horas que dura la película, un trabajo de escritura brutal, que hasta pareciera que no acabaron de profundizar los conceptos planteados en la película. Una película tan precisa en profundizar los sentimientos humanos que sabe como contrastarlos y empatizarlos a la vez para cerrar con un clímax hermoso. Simplemente una obra de arte.
BeniDolç Villaescusa
BeniDolç Villaescusa

135 usuarios 137 críticas Sigue sus publicaciones

3,5
Publicada el 8 de marzo de 2022
Película japonesa del 2021, de una duración de 179 minutos, con una valoración de 7/10, bajo dirección y guión de Ryusuke Hamaguchi, con un presupuesto de 10 millones. Drama metateateatral cinematografica, surrealista.

El director japonés Ryusuke Hamaguchi escogió uno de los cuentos del legendario escritor Haruki Murakami. colección de cuentos de 2014, Hombres sin mujeres, sus obrad están influida por el surrealismo y se centra en temas como la soledad y la alienación. Es considerado una figura importante en la literatura  posmoderna.
Por lo este largometraje nos sitúa en su fondo, ante como afrontamos la perdida, con lo que nos sentimos complementado.

El director teatral Yūsuke Kafuku (interpretado por Hidetoshi Nishijima) dirige una producción multilingüe de la obra Tío Vania (del dramaturgo 
ruso Antón Chéjov publicada en 1899)
 en Hiroshima envuelto ante la muerte de su esposa y guionists Oto.

Esta película que no es facil de ver, siempre tiene presente un Saab 900 turbo rojo (primer hot hatch moderno de mediados de los 80), que sirve como vínculo entre Kafuku y Misaki dos personas similares de lo que creen y aparentan en un principio. Este coche es el lugar donde el destino hace que ambos personajes congenien y se sinceren, en sus giros. La intimidad del coche, permite que durante los viajes debidos al trabajo como destacado director de Kafuku, y Misaki su joven chofer de 23 años, compartan vivencias, sentimientos y reflexiones sobre sus peculiares vidas.

Ryûsuke Hamaguchi, en su sensitivo diseño interior nos sumerge en una historia y unos personajes tan vivos que, a través de su viaje, uno tiene la sensación de que nos intenta llevar en descubrir verdades ocultas de la naturaleza humana.

Hamaguchi, en una filimación muy rivettiana, concibe el texto y la actuación teatral como un hecho expansivo. O, haciendo un poco más abstractos los términos, dispone el juego de la ficción como una vía de verdad personal.

El texto del propio Hamagûchi en colaboración con Takamasa Oe consigue, a lo largo de su filme, revelar de forma sutil pero constante la verdad que hay detrás de cada uno de sus personajes. La gran técnica empleada hace parecer fácil uno de los principios más complicados del guion: conseguir una escala progresiva de conflicto, en la cual ninguna escena sobre y cada acción nos revele de manera aparentemente imperceptible nuevas capas ocultas de los personajes.

Este enfoque impecable, acompañada de una dirección en punto, la convierten en una buena película.
De entre todas sus grandes escenas, hsy que destacar una conversación en el coche entre Kafuku y Takatsuki su joven protagonista en la obra de teatro. Mediante únicamente diálogo y en un viaje aparentemente tranquilo, la tensión y la lucha de poder escala hasta llegar a una revelación desgarradora que deja atónitos tanto a los espectadores como al protagonista, en un giro emocional.

Esto no significa que se trate únicamente de una clase de maestría técnica sin corazón. Cada aspecto está al servicio de lo más importante en toda historia: hacernos sentir. Pese a una temática en un inicio triste, el universo de la película está lleno de personajes que traen vida y color al mundo de Kafuku.
Particularmente brillante es Yoo-rim Park en el papel de Lee Yoon-a, una mujer incapaz de articular palabras, pero cuyo cuerpo y rostro transmiten más emoción de lo que muchos otros actores logran con grandes monólogos, elevando a la persoectiva a otro plano.

El metraje se toma su tiempo para construir el poder de entretenimiento que tiene una buena historia. Pese a su larga duración y a la ausencia de grandes efectos, resulta una experiencia conmovedora y universal. Ryûsuke Hamaguchi nos recuerda cómo las grandes historias llegan a nuestro corazón, y nos obligan a encontrar verdades propias a través de personajes que se vuelven tan reales para nosotros como nuestros padres o hermanos. Esta es una película nada pretenciosa a la cual todo aquel que le dé una oportunidad puede encontrar empatia como espectador.

No hay una gran conclusión que solucione todos los conflictos planteados, como acostumbramos a ver en otros filmes con la clásica estructura del viaje del héroe. La propuesta de Hamaguchi es, en cambio, un viaje sobre en cuatro ruedas con destino a la introspección. Y el camino no es precisamente en línea recta.

A diferencia, quizás, del cine comercial occidental, donde la prioridad es la emoción de un cine blockbuster, el cine de Ryusuke Hamaguchi intenta volver a estos planos clásicos del cine japonés. Pero la sensación está, no en que estén pasando muchas cosas a la vez, sino en el detalle perfecto en su momento, justamente en esa imposibilidad, de la hipervelocidad de una sociedad capitalista.
Detenerse. Quedarse. Las conversaciones, los espacios mudos. Da cierto peso dramático, en esta puesta de escena metateatral, en el que el poder esta en las palabras, para poder crear emociones, con los gestos y los movimientos, que encierra la narrativa en que tras la muerte, la vida busca seguir caminando.
cine
Un visitante
3,0
Publicada el 24 de febrero de 2022
Al principio cuesta entrar en la película, pero una vez pasada media hora, se ve bastante fácil aunque la película dura tres horas.
cine
Un visitante
4,0
Publicada el 8 de febrero de 2022
A cualquier lector de Murakami le sorprenderá que se defina el guion como una adaptación libre del relato "Drive My car", y así figure en las críticas. Pues no, la historia de la adolescente que se cuela en la casa de su amor platónico pertenece a otro relato dentro de la colección de "Hombres sin mujeres", si has leído la obra del genial autor te das cuenta enseguida, pero yo diría que hay referencia también a otros cuentos de la colección; hace tiempo que la leí y no recuerdo bien..
La película, en mi opinión, es muy buena técnicamente, y mantiene un ritmo constante que te mantiene inmerso en la historia, sin sobresaltos ni bajones. Para nada se me ha hecho pesada como algunas -pocas- críticas dicen.
la tavola pacheco
la tavola pacheco

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1,0
Publicada el 12 de julio de 2022
Un quiero y no puedo, película que te deja asombrado, pues esperas algo que no llega nunca, y ese algo sería algo de cine. Los personajes no te llegan. Y no hay conexión entre ellos.
La historia de amor...... No existe.
Quién os paga para hacer estas críticas tan maravillosas????
cine
Un visitante
1,0
Publicada el 24 de febrero de 2022
Lenta y mal contada. No se sabe muy bien qué mensaje pretende transmitir siquiera. No engancha, no despierta interés, a ratos desconcierta y sobre todo aburre.Superficial e infantil.
Jhonny Calderón
Jhonny Calderón

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5,0
Publicada el 14 de enero de 2026
Drive my car: envidia de la mala y envidia de la buena
Por: Joni Calderón
Cuando vi “Drive my car” del nuevo genio del cine japonés Ryüsuke Hamaguchi, infinidad de sentimientos nutrieron mi ser a medida que digería gustosamente sus impecables ciento setenta y ocho minutos de poesía visual y narrativa, no sólo como amante del séptimo arte, sino como padre, esposo y teatrero: hermosa palabra banalmente utilizada en el sector de la escena colombiana que unifica una o varias funciones de un profesional en las artes escénicas (actor, director, dramaturgo, escenógrafo, etc.). Utilizo el término “banalmente” porque uno de los sentimientos que esta obra maestra despertó en mí fue la envidia, tanto de la mala como de la buena.
Empecemos por la mala. Un teatrero en Colombia (teatrista en otros países hispanohablantes) no es lo mismo que un teatrero en Japón. Es muy probable que yo no tenga la misma experiencia, talento y nivel socioeconómico del actor, director y dramaturgo Yüsuke Kafuku, personaje principal del film, pero su envidiable talento y experiencia no serían valorados en un país tercermundista como el nuestro, que a pesar de realizar uno de los festivales de teatro multilingües más importantes del mundo, poco valora la labor del teatrero criollo segregándolo a una subcategoría compartida con la de circo para competir por una miserable ayuda anual del gobierno.
Sería maravilloso que todos los grupos de teatro de nuestro país tuvieran las mismas capacidades económicas y logísticas para montar “El tío Vania” de Anton Chejov, como ocurre en la película, pero la realidad de nuestros días nos dice que no es así. Aunque el material humano en todas las facetas del arte dramático es invaluable su remuneración es menos que simbólica, lo que nos obliga a montar monólogos u obras de máximo diez actores con escenografías minimalistas, que afecten lo menos posible el presupuesto de estas. Generalmente no hay pagos, pero sí, acuerdos económicos, que si bien, ayudan a cubrir algunos gastos, la verdadera ganancia es moral e intelectual: altos niveles artísticos y bajos niveles económicos que llevan a los teatreros a priorizar o alternar sus actividades en otros campos como la televisión, la educación, la informalidad o trabajar fuera del país dando razón a la famosa frase bíblica “nadie es profeta en su tierra”.
Para Yüsuke no es así; no tuvo ningún inconveniente laboral para trasladarse de ciudad, ni para poner condiciones ambiciosas como alojarse a una hora del lugar de montaje, sin embargo, debe aceptar que no puede conducir su propio carro mientras esté en proceso de montaje y repertorio de la obra. Una lógica muy entendible que hasta el mismo maestro Enrique Buenaventura expresaba “Un actor no puede tener moto…”, pues un accidente de tránsito no sólo afecta a la persona sino el montaje de la obra; un riesgo bastante normalizado en nuestro contexto donde la mayoría de los teatreros no cuentan con transporte propio, y los que lo tienen deben manejar sus propios vehículos, siendo el carro, el menos utilizado, no tanto por amor al medioambiente sino por la incapacidad económica de conseguir uno.
Podría seguir comparando los detalles más profundamente, pero ahora prefiero hablar de la envidia buena, de la que me hizo amar la película, de las tres horas de sutil catarsis chejoviano y del homenaje a uno de los autores teatrales más importantes de todos los tiempos. Esta película es una fiel muestra del evidente parentesco entre el cine y el teatro, no porque nos relate un episodio personal de un genio teatral, sino porque las mejores películas, así como las mejores obras de teatro son grandes historias, sencillas o complejas, en tiempos y lugares definidos cuyos personajes tienen objetivos claros y definidos con agentes que les ayudan y/o se oponen en alcanzar los mismos.
En el caso de Chejov, lo más importante de sus obras son sus personajes, usualmente desafortunados y con el corazón hecho pedazos. En el caso de “Drive my car”, también lo son; vemos a un protagonista sensible, devastado e infinitamente admirado por aquellos que no conocen su triste pasado. Su enemigo principal es él mismo al querer conservar su dolor y soledad. Vemos a la chica que conduce su carro también reprimiendo su dolor inmenso que no necesita contar, con la mirada basta, lo que evidencia también un altísimo nivel actoral, no sólo en ella sino en todo el reparto. Al igual que ellos, encontramos otros personajes que corren la misma suerte, pero comparten el mismo objetivo: estrenar “El tío Vania”.
En esta nueva experiencia artística, Yüsuke descubre que su dolorosa historia no es única, que compartir el dolor sana y ayuda a sanar y que su mejor opción para superar a su enemigo interno es la actuación: aquella a la que le ha cerrado las puertas culpándola de sus mayores desgracias, pero, aunque no lo quiere, debe acudir a ella, porque interpretar a Chejov requiere de aquello a lo que se ha estado resistiendo: mostrarse como realmente es. Sólo de esta forma, el teatro, decir, él mismo volverá a darle sentido a su vida.
Para finalizar, la película está llena de imágenes icónicas que perdurarán por mucho tiempo en la memoria de los amantes del cine, de las cuales sólo quiero mencionar algunas como el Saab 900 rojo, tan fiel como Woody con Andy en las tres primera entregas de Toy Story; vemos a la imponente ciudad de Hiroshima, con uno de los pasados más mortales de las historia de la humanidad, visualmente recuperada gracias a la admirable resiliencia japonesa, pero que el sólo escuchar su nombre, nos lleva a aquél devastador 6 de agosto de 1945;y por último, la imagen de las manos de Yüsuke y Misaky saliendo del sunroof en el frio de la noche, cada una con el cigarro encendido.
En resumidas cuentas, “Drive my car” es la mejor película que he visto en estos primeros cuatro meses del 2022. Un protagonismo vigente del cine japonés en el que Hamaguchi, cumple bien su papel en el legado que nos dejó grandes maestros de su p
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