La maldición de Shelby Oaks
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Christian Martínez
Christian Martínez

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3,5
Publicada el 17 de febrero de 2026
Atrapar humo con las manos.

Tenía muchas ganas de ver 'Shelby Oaks' y cero expectativas. Ya las críticas negativas me iban advirtiendo de lo mala que podía ser y de lo decepcionante que resultaba. Una vez la he visto, entiendo el porqué de toda esa maraña de opiniones atacantes. Sin embargo, me gusta y me frustra a la vez.

Me ocurre algo especialmente incómodo como espectador: parto de una admiración inicial que poco a poco se va convirtiendo en frustración. Eso duele más que la decepción directa. Hay una idea de terror extremadamente potente. La película tiene material para ser inquietante, perturbadora, incluso memorable. Pero en lugar de decidirse a ser una de culto de su formato, decide quedarse a medio camino. Una obra que apunta alto y no llega, el golpe se siente el doble de fuerte.

El arranque es lo mejor --y único bueno-- del conjunto. El falso documental está bien construido: existe una sensación de profesionalidad cinematográfica, una edición cuidada, un diseño visual que no cae en el vacío. Todo se ve demasiado bien, sí, pero esa pulcritud a veces la siento como si fuera únicamente para compensar el vacío que deja la historia en sí. Se ve clara la intención de contar algo, de marcar un camino. Es una apertura que genera hambre narrativa: quieres seguir, quieres saber más, incluso cuando intuyes el tipo de viaje que te espera.

Algo que me echa un poco para atrás inicialmente es que se ve que es una historia con capas desde el principio. Nunca he sido demasiado fanático de esas historias que necesitan de otras historias más pequeñas para formarse. Suelo perderme y desconectar porque me cansa tanta información. A veces, lo último que espero es tener que memorizar detalles para entender el final de algo, para entender simplemente un punto guionizado o no perderme en los detallitos, que luego se me rompe todo. A veces, simplemente quiero me cuenten algo. Lo bueno es que Chris Stuckmann no se esfuerza en poner más de dos o tres capas de subtrama. Aparte de eso, existe una profundidad emocional, de trauma, de vínculos rotos. La esencia y esquema básico de un drama. El problema es que esa fuerza emotiva y triste solo la siente la protagonista, Camille Sullivan, yo no. No siento pena, pero me compadezco. Al menos, si no es por la historia, es por la ambientación, porque la cinematografía es casi que lo único que me gana por completo.

La estructura se apoya demasiado en el recurso del protagonista investigador: revisar vídeos, detectar detalles, excavar y reinterpretar recuerdos. En la práctica, todo ese proceso de investigación se me hace reiterativo. Tengo la sensación constante de estar caminando en círculos, de dar vueltas y vueltas sobre las mismas pistas haciéndose parecer todas distintas a cada momento. Se vuelve mecánico y empiezo a aburrirme. Siempre las mismas conclusiones, y yo quiero juego.

El ritmo emocional por supuesto se ve afectado. No hay descubrimiento, sino más bien confirmación. Echo en falta un cambio de perspectiva --que por suerte llega--. Necesito que se revitalice la experiencia. No quiero seguir viendo pistas, quiero que vaya al núcleo de todo y se pelee con quien sea. Y por fin llega, el golpe más fuerte --y más decepcionante-- es el tratamiento del elemento sobrenatural.

Me venden la idea de una entidad paranormal que acosa a la protagonista. Una presencia. Una amenaza que debería ser invisible. Eso, literalmente, queda en una idea de boceto. No hay desarrollo, no hay exploración profunda, no hay construcción del horror más allá de la superficialidad. La película tiene miedo de comprometerse con su propio monstruo. Esperaba que se convirtiera de repente todo en 'El exorcista', en 'El expediente Warren', en algo así. Pero no. Todo es tan difuso que ni veo la forma clara.

Lo más frustrante y lo que me pone de los nervios es que Chris Stuckmann parezca ser consciente de la potencialidad que tiene su película y decida permitir que todo se diluya en la nada pretenciosa. No se atreve a cruzar la línea, y es su mayor error. No veo lo que se me insinúa ni lo que espero. No experimento nada.

Los últimos veinte minutos son criminales. De las peores secuencias que he podido ver en pantalla. Todo es planicie absoluta, sequedad y apresuramiento. Se quedarían sin ideas para cerrar todo, o sin presupuesto. El clímax es artificial. No hay catarsis, no hay impacto --más allá del narrativo--. No deja huella, es imposible. O bueno, sí que la hay, la de la decepción. Se siente como que te quiten algo de las manos por lo que estabas ilusionado. Y mira que me estaba interesando, a pesar de todo. Pero pongo cara de ver algo extraño, porque no sé cómo tuvieron las agallas de cerrar de tal manera. La dirección es fuerte, lo que falla es el desarrollo de guion.

Lo más sorprendente: no es una mala película, no en lo absoluto.

Es terror básico. Tiene momentos de interés, atmósfera sólida y una dirección competente. Es el debut del director y quiero que siga haciendo cosas, pero sin miedo a irse por las nubes en sus historias. Se nota un amor por el género. El recorrido es malo, pero disfrutable en el fondo. Empieza muy fuerte y se va apagando poco a poco. Con un guion más afinado, un desarrollo ideal y con un tercer acto más valiente, podría haber sido una grandísima obra del terror. Es una premisa brillante, que además, dura poco. Me ha gustado, a pesar de lo decepcionado que me siento. Si es que no es falta de talento, sino el dar un paso más allá con tus propias ideas.
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