La niña de la comunión
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Adolfo Garcia Gonzalez
Adolfo Garcia Gonzalez

82.001 usuarios 783 críticas Sigue sus publicaciones

3,0
Publicada el 27 de abril de 2023
Se deja ver pero muy topica y tipica.
Lo mejor, en los años que se mueve la trama y la ambientación .
Lo peor, cuando ya parece todo resuelto, surge un giro de trama, carente de explicación y cuya única función es dejar la puerta abierta a una segunda parte ‍♂️
..PICARD..
..PICARD..

47.510 usuarios 1.250 críticas Sigue sus publicaciones

2,0
Publicada el 14 de abril de 2023
Truculento cine de terror español de ambientación ochentera y con vocación de las "Expedientes Warren" y "Annabelle", pero que no inquieta demasiado. Los impactos asustadizos son medianamente aceptables y el suspense y la trama del largo, de condición moderada. Encargo de la multimodal Atresmedia para que Víctor García controle tiempos y secuencias, y no es que el celuloide sea malo... pero tampoco figura como muy destacable. APROBADA, sin alharacas. .2️⃣/5. ..PICARD..
Heliana Burau
Heliana Burau

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1,0
Publicada el 18 de mayo de 2024
una perdida de tiempo total, pelicula sin sentido estupida sin historia y sin final el creador de esta porqueria coño pendejo que estabas pensado ni la pilicula de lo 70 son tan mala como esta cochinada
decatur555
decatur555

3 usuarios 917 críticas Sigue sus publicaciones

3,5
Publicada el 3 de octubre de 2026
La niña de la comunión se apoya en elementos muy conocidos del terror español reciente: pueblo pequeño, adolescencia, una presencia infantil inquietante, una muñeca y un pasado que parece no haberse cerrado del todo. Sobre el papel no hay demasiada novedad, pero Víctor García consigue que la película funcione mejor de lo que parece al principio gracias a una atmósfera eficaz y a varias escenas donde la amenaza deja de ser un simple sobresalto.

Lo primero que me llamó la atención, para mal, fue la recreación musical. La historia está situada en 1987, pero la banda sonora mezcla referencias que no encajan bien ni cronológicamente ni como lógica de personaje. El bakalao asociado a una época posterior ya chirría, pero todavía más cuando alguien presentado dentro de ese ambiente musical cambia de registro sin que parezca responder a nada. La sensación es la de una selección hecha desde el presente con canciones reconocibles de los ochenta y primeros noventa.

Eso no arruina la película, pero sí rompe un poco una ambientación que por lo demás está conseguida. El pueblo, las carreteras y los interiores funcionan bien, sin convertir la España de finales de los ochenta en una postal nostálgica.

Carla Campra sostiene bien el centro del relato, pero quien más me sorprendió fue Aina Quiñones como Rebe. Hay momentos en los que su reacción al miedo resulta muy natural, sin el exceso habitual del terror juvenil. Se le nota confusión, incredulidad y pánico de una manera creíble. Cuando una película de terror consigue que me crea a la persona asustada, el efecto funciona mucho mejor que cualquier aparición diseñada solo para hacer saltar de la butaca.

Y ahí está una de las virtudes de la película. Sus mejores momentos no son los sustos más obvios, sino aquellos en los que construye una situación aparentemente normal, introduce un detalle extraño y deja que la amenaza se desplace de donde uno esperaba encontrarla. En alguna secuencia consiguió acojonarme de verdad, precisamente porque administraba bien la espera y no dependía solo del golpe de sonido.

También acierta cuando convierte lo sobrenatural en algo que deja huella. No parece simplemente una sucesión de visiones que podrían explicarse con sugestión, miedo o drogas. Existe la sensación de que quienes entran en contacto con aquello que no comprenden quedan afectados de una manera más profunda. Esa idea da continuidad a la amenaza y evita que cada escena de terror parezca independiente.

También funciona la vulnerabilidad de sus personajes jóvenes. Alrededor hay familias complicadas, adultos poco fiables y violencia cotidiana. Ese contexto hace que el terror no dependa exclusivamente de una criatura o una maldición: ya había cosas rotas antes de que apareciera nada extraño.

El problema llega cuando la película empieza a querer explicarse demasiado. Mientras la historia funciona como leyenda, aparición, muñeca y preguntas sin respuesta, tiene una cualidad bastante inquietante. Cuanto más intenta ordenar su mitología y dar una causa concreta a cada elemento, menos espacio deja a la imaginación. No llega a destruir el miedo por completo, pero sí lo domestica.

Es una limitación frecuente en este tipo de terror: lo desconocido suele dar más miedo que su manual de instrucciones. Aquí se nota especialmente porque las imágenes más eficaces son muy sencillas. Una figura infantil, un objeto cotidiano convertido en algo amenazante, un ruido fuera de lugar o alguien que reacciona como si estuviera viendo algo imposible tienen más fuerza que buena parte de las explicaciones posteriores.

También hay clichés. El grupo de jóvenes, la incredulidad inicial, la investigación sobre un pasado oscuro y ciertos mecanismos de la amenaza resultan familiares. Víctor García no reinventa el género, pero dirige con oficio suficiente para que esos elementos funcionen. Hay buenas decisiones de puesta en escena, una fotografía adecuada al tono y una utilización del sonido que en sus mejores momentos consigue tensión real.

La niña de la comunión me ha ido ganando según avanzaba. Empezó pareciéndome un terror español bastante convencional, con una ambientación musical que me sacaba de la película, pero terminó teniendo escenas realmente efectivas y una actriz secundaria que me sorprendió mucho. No todo encaja, la mitología acaba explicándose más de la cuenta y no hay demasiada originalidad, pero sí hay miedo de verdad en algunos momentos.

No está entre lo mejor del terror español, pero tampoco la metería en el saco de productos olvidables. Tiene una identidad visual reconocible, una buena atmósfera de pueblo y varias secuencias que funcionan porque entienden algo básico: el miedo entra mejor cuando primero creemos a quien lo está sintiendo. Cuando deja de preocuparse por explicar y se concentra en inquietar, acierta bastante.
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