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La Misteriosa Mirada Del Flamenco
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Arturo Jr Hurtado
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4,0
Publicada el 19 de febrero de 2026
Nos dirigimos a un escenario poco común como lo es el norte de Chile en los años 80. La película nos adentra en pleno surgimiento de la crisis del sida y en medio del rechazo hacia las comunidades queer, y en ese entorno se construye una historia muy íntima que pretende evita cualquier panfleto y apuesta por la sensibilidad.
Conocemos a la familia queer de Lidia, una niña que fue abandonada y rescatada por los travestis que completan el elenco. Esta familia es acogedora, protectora y profundamente unida. Se nota desde el principio que ya saben coexistir con una sociedad que los repudia, pero dentro de su casa (que también es una cantina) nunca para irradiar el calor humano, la complicidad familiar y alegría. Este refugio contrasta con el desierto árido que sitúa al pueblo (si es que se le puede llamar así), mismo paisaje que en varios planos empequeñece a Lidia y refleja el naufragio en el que se encuentra por la incapacidad de defenderse y por la pérdida de Flamenco (su madrastra queer).
La calidad del filme se nota por como juega con varios géneros. Es un salpicón de western, drama, comedia y realismo mágico. El estilo visual vintage y el sonido poco intervenido en postproducción eliminan ciertas barreras artificiales y nos acercan a la intimidad de los personajes. Los diálogos susurrados o las voces a distancia, la jerga chilena rica y espontánea, y los silencios prolongados refuerzan dicha sensación.
Los momentos melodramáticos, casi teatrales, y los musicales son por muy lejos los mejores de la película, gracias a que la cinematografía prioriza la expresión de emociones por encima de hacer espectáculos. También adoro y agradezco a nuestros queridos cineastas que aún en nuestros tiempos sigan haciendo un cine pausado, sin sobredosis de tensión ni golpes efectistas. En esta época de estímulo constante y dopamina fácil, nunca va a ser malo darle algo de medicina al cuerpo.
Las secuencias a cámara estática y de larga duración de esta película cuentan pequeñas historias por sí mismas, tenemos ahí la del asesinato de Flamenco. Lo que parecía una escena pasional pasó a ser un crimen atravesado por la desesperación y el miedo a la enfermedad. Después, el posterior encuentro de Lidia con la madre de Yiovani invierte el cuento: la que pretendía ir a cobrar venganza termina haciendo un gesto de respeto y compasión. El espíritu de la película se encuentra en eso: Amor frente a la violencia.
El realismo mágico aparece con la fábula de “la Peste”, la que se usa para hablar del sida. La enfermedad, según el pueblo, se transmite a través de la mirada de los travestis y los gays, una leyenda disfrazada por el miedo de los ignorantes. La escena en la que el chico que parece ser el interesado romántico de Lidia cuenta la fábula, se mantiene con un tono poético hermoso. El cuidado de las palabras que se mantiene en todo el largometraje para nunca perder el sentido amoroso y familiar es impecable. Siempre se aporta una capa simbólica a cada secuencia y las sostiene sin romperles su intimidad.
Me gustó mucho que la película nunca se politiza de manera directa. No señala ideologías ni busca culpables explícitos; solo se asienta en una realidad, con un contexto hostil, y desde ese foco narra una historia de resistencia silenciosa, de la dignidad, del amor y de la familia.