La Misteriosa Mirada Del Flamenco
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Christian Martínez
Christian Martínez

237 críticas Sigue sus publicaciones

3,0
Publicada el 24 de febrero de 2026
Tiene su punto.

Ha sido, una de esas experiencias extrañas que no terminan de acomodarse a un juicio claro. Es el debut en la cinematografía de Diego Céspedes, y se percibe una voz que intenta abrirse camino desde un lugar muy personal. Tengo una relación ambigua con esta película desde su inicio: hay tramos que me resultan interesantes y otros en los que me desconecto por completo. No es una obra que fluya naturalmente de forma constante; más bien avanza a impulsos, como si alternara momentos de lucidez con pausas dispersas.

Lo primero que me atrapa --y probablemente lo que más me sostiene dentro de todo esto-- es su forma visual. El formato 4:3 es una forma de visualizar las películas que me encanta. Aquí funciona con el objetivo de encerrar a los personajes, colocándolos dentro de un marco casi opresivo. La fotografía en sí misma, es lo que más me gusta de esta obra, y casi que lo único que realmente me fascina. Hay composiciones preciosas, colores que respiran intención, iluminaciones que convierten escenas sencillas en pequeños cuadros contemplativos. A ratos estoy más pendiente de la textura de la imagen que de lo que me cuentan. Un deleite visual que me invita a quedarme mirando, y que acepto cómodamente.

La música pasa casi desapercibida, de forma inconsciente. Simplemente acompaña cuando ha de hacerlo. Esa discreción sonora refuerza el carácter sensorial de la película, que parece más interesada en crear atmósferas que en explicar cosas. Y ahí se origina uno de mis principales conflictos con la obra: su narrativa. La sinopsis me resulta confusa, incluso después de leerla varias veces, y durante la proyección acumulo varias dudas. Conceptos dentro del marco narrativo que me generan incógnitas. Realmente hay ideas potentes, pero a mi gusto, es todo un poco demasiado abstracto. Consigo encontrar respuestas al meditar tras finalizar la película.

Aun así, me parece interesante la manera en que aborda la mirada social hacia las personas queer. Se observa la discriminación latente desde un lugar incómodo, mostrando cómo se construye la culpabilidad alrededor de quienes simplemente existen fuera de la norma general. Es profundamente triste ver cómo se persigue a alguien por su naturaleza, por cómo se viste, por cómo se siente. La cinta no ofrece discursos explícitos, pero deja claro que muchas veces lo que parece rechazo es, en realidad, miedo: miedo a lo diferente, miedo a reconocerse en el otro, miedo al supuesto "contagio". En ese sentido, la película funciona como una denuncia política y social a través de lo sensorial y casi experimental. Prefiere incomodar, sugerir, dejar que el espectador conecte puntos.

Tamara Cortés, en su debut, deja ver un potencial evidente frente a la cámara, con una presencia que resulta natural y prometedora. Me gustaría verla más a menudo. El resto del reparto cumple su función dentro del engranaje general: nadie destaca de forma arrolladora, pero todos sostienen el tono de la propuesta. Son piezas que hacen funcionar el mecanismo, aunque sin grandes picos emocionales. Paula Dinamarca también funciona, pero no destaca. Simplemente me dejan claro que es un personaje importante dándole minutos a ella sola en pantalla. Pero más allá de eso, nada. Ni siquiera tras su punto fuerte en la historia.

Todo logra sostenerme en una zona de interés moderado hasta que llega su último tramo, donde personalmente empiezo a desconectar. La última media hora se me hace pesada, mi atención decae y la experiencia comienza a convertirse en un suplicio. Es ahí donde siento el desgaste. Mi conclusión final es que la película me deja en un estado de indiferencia casi absoluto. No puedo decir que haya sido una mala experiencia, pero tampoco salgo plenamente satisfecho. Me quedo con su belleza visual, con su intención social... pero también con la sensación de que algo no termina de cuajar del todo. No me conquista, ni me deja pensando.
Arturo Jr Hurtado
Arturo Jr Hurtado

28 críticas Sigue sus publicaciones

4,0
Publicada el 19 de febrero de 2026
Nos dirigimos a un escenario poco común como lo es el norte de Chile en los años 80. La película nos adentra en pleno surgimiento de la crisis del sida y en medio del rechazo hacia las comunidades queer, y en ese entorno se construye una historia muy íntima que pretende evita cualquier panfleto y apuesta por la sensibilidad.

Conocemos a la familia queer de Lidia, una niña que fue abandonada y rescatada por los travestis que completan el elenco. Esta familia es acogedora, protectora y profundamente unida. Se nota desde el principio que ya saben coexistir con una sociedad que los repudia, pero dentro de su casa (que también es una cantina) nunca para irradiar el calor humano, la complicidad familiar y alegría. Este refugio contrasta con el desierto árido que sitúa al pueblo (si es que se le puede llamar así), mismo paisaje que en varios planos empequeñece a Lidia y refleja el naufragio en el que se encuentra por la incapacidad de defenderse y por la pérdida de Flamenco (su madrastra queer).

La calidad del filme se nota por como juega con varios géneros. Es un salpicón de western, drama, comedia y realismo mágico. El estilo visual vintage y el sonido poco intervenido en postproducción eliminan ciertas barreras artificiales y nos acercan a la intimidad de los personajes. Los diálogos susurrados o las voces a distancia, la jerga chilena rica y espontánea, y los silencios prolongados refuerzan dicha sensación.

Los momentos melodramáticos, casi teatrales, y los musicales son por muy lejos los mejores de la película, gracias a que la cinematografía prioriza la expresión de emociones por encima de hacer espectáculos. También adoro y agradezco a nuestros queridos cineastas que aún en nuestros tiempos sigan haciendo un cine pausado, sin sobredosis de tensión ni golpes efectistas. En esta época de estímulo constante y dopamina fácil, nunca va a ser malo darle algo de medicina al cuerpo.

Las secuencias a cámara estática y de larga duración de esta película cuentan pequeñas historias por sí mismas, tenemos ahí la del asesinato de Flamenco. Lo que parecía una escena pasional pasó a ser un crimen atravesado por la desesperación y el miedo a la enfermedad. Después, el posterior encuentro de Lidia con la madre de Yiovani invierte el cuento: la que pretendía ir a cobrar venganza termina haciendo un gesto de respeto y compasión. El espíritu de la película se encuentra en eso: Amor frente a la violencia.

El realismo mágico aparece con la fábula de “la Peste”, la que se usa para hablar del sida. La enfermedad, según el pueblo, se transmite a través de la mirada de los travestis y los gays, una leyenda disfrazada por el miedo de los ignorantes. La escena en la que el chico que parece ser el interesado romántico de Lidia cuenta la fábula, se mantiene con un tono poético hermoso. El cuidado de las palabras que se mantiene en todo el largometraje para nunca perder el sentido amoroso y familiar es impecable. Siempre se aporta una capa simbólica a cada secuencia y las sostiene sin romperles su intimidad.

Me gustó mucho que la película nunca se politiza de manera directa. No señala ideologías ni busca culpables explícitos; solo se asienta en una realidad, con un contexto hostil, y desde ese foco narra una historia de resistencia silenciosa, de la dignidad, del amor y de la familia.
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