Mejores críticasÚltimas críticasUsuarios que han publicado más críticasUsuarios con más seguidores
Filtrar por:
Todas
Martin Oaks
164 usuarios
220 críticas
Sigue sus publicaciones
1,5
Publicada el 20 de julio de 2026
La nueva (y enésima) versión de "Emmanuelle", dirigida por la joven Audrey Diwan, se presenta ante este público contemporáneo como un flagrante monumento a la modernidad y sofisticación sexual, pero el hedor del puritanismo santurrón actual se manifiesta con un pánico casi clínico hacia la carne, prefiriendo en su lugar una puesta en escena estéril que confunde la elegancia con la inhibición.
La autocensura no se limita a lo visual, también infecta un guion absurdo a través de un lenguaje domesticado y timorato que rehúye sistemáticamente cualquier atisbo de naturalidad verbal. En lugar de llamar a las cosas por su nombre y emplear palabras reales, naturales, lascivas y desinhibidas como "coño" o "bragas", la película se sumerge en una marea de eufemismos ridículamente pulcros como "entrepierna" o "ropa interior", evidenciando un temor reverencial a incomodar a una audiencia con un índice de tolerancia ya atrofiado.
Al contrastar este ejercicio de contención neurótica con el auténtico cine erótico de los años ochenta, la desconexión generacional y artística se vuelve insostenible. En aquella década dorada, creadores de la talla de Jesús Franco, Bruno Mattei, Erwin C. Dietrich, Gerard Damiano o Joe D'Amato concebían ficciones magnéticas donde, incluso sin la necesidad de caer en la pornografía explícita, el sexo palpitaba como una fuerza motriz e intrínseca de la narrativa cinematográfica.
Aquellos directores y sus elencos mantenían un compromiso tácito y valiente con la producción; no existía el sonrojo ni la mirada esquiva, sino una entrega honesta al juego de la seducción en un contexto plenamente erótico y respetuoso con la naturaleza humana. Nadie se protegía detrás de discursos intelectualizados para justificar la timidez de la cámara, porque el cuerpo no era un tabú, sino una verdad anatómica y artística.
La versión actual de Diwan no es sino un ejemplo más del rechazo a progresar, a evolucionar artísticamente, mientras nos encerramos todos en una burbuja de corrección política y mojigatería que acaba asfixiando el deseo. Esta "Emmanuelle" se convierte en el reflejo de una sociedad que ha dejado de ser libre, que se coarta y se repliega cobardemente sobre sí misma, transformando las audacias de antaño en un frío y desapasionado trámite burocrático que no transmite absolutamente nada.