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decatur555
3 usuarios
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4,5
Publicada el 4 de agosto de 2026
Hay películas románticas que envejecen mal porque estaban demasiado atadas a su época. Say Anything pertenece al grupo contrario: es muy de finales de los ochenta, sí, pero sigue funcionando porque entiende algo que no caduca, la mezcla de ilusión, miedo, torpeza y valentía que supone enamorarse de verdad.
John Cusack está perfecto como Lloyd Dobler. No es el típico triunfador, ni el chico popular, ni alguien que tenga su futuro perfectamente decidido. Es más bien un joven que todavía está intentando descubrir quién es, pero que tiene clarísimo lo que siente por Diane. Esa sinceridad lo convierte en uno de los grandes personajes románticos del cine de aquellos años.
Ione Skye también está magnífica. Diane podría haber sido simplemente la chica brillante, guapa e inalcanzable de la que se enamora el protagonista, pero la película le da mucho más. Es inteligente, sensible, insegura y vive atrapada entre lo que quiere hacer con su vida y la influencia de un padre al que admira demasiado como para verlo con claridad.
La relación entre ambos funciona porque no parece una fantasía perfecta. Lloyd está mucho más seguro de sus sentimientos que Diane. Ella avanza y retrocede, se deja llevar y después se asusta. Él puede ser intenso, pero nunca deja de resultar humano. La película entiende que enamorarse no significa que los dos lleguen al mismo lugar al mismo tiempo.
Cameron Crowe escribe a los jóvenes sin tratarlos como idiotas. Sus conversaciones tienen humor, nervios, silencios y esa sensación de estar intentando parecer más maduros de lo que realmente son. Pero también escribe muy bien a los adultos. El padre de Diane no aparece como un simple obstáculo, sino como alguien complejo, cariñoso y controlador al mismo tiempo.
Ese conflicto familiar da a la película mucho más peso del que tendría una comedia romántica convencional. Diane no solo debe decidir qué siente por Lloyd. También tiene que descubrir hasta qué punto ha construido su vida alrededor de la imagen de su padre y qué ocurre cuando esa imagen empieza a romperse.
John Cusack consigue que Lloyd sea divertido, romántico y vulnerable sin convertirlo en un personaje empalagoso. Hay algo muy auténtico en su forma de insistir, de equivocarse y de quedarse sin saber qué hacer cuando las cosas no salen como esperaba.
Y luego está la escena del radiocasete. Una de esas imágenes que forman parte de la memoria colectiva incluso para quienes no han visto la película. Lloyd bajo la ventana, levantando el aparato mientras suena “In Your Eyes”, se ha convertido en una de las escenas románticas más famosas del cine. Pero funciona porque no es solo una imagen bonita: llega cuando él ya no sabe cómo expresar lo que siente.
También resulta curioso ver la cantidad de secundarios que pocos años después serían rostros muy conocidos de Hollywood. Muchos aparecen en papeles pequeños, pero ayudan a crear la sensación de que Lloyd y Diane viven dentro de un mundo real, rodeados de amigos, familiares y compañeros con personalidad propia.
La película tiene humor, pero nunca necesita burlarse de sus personajes. Hay situaciones incómodas, conversaciones absurdas y momentos muy divertidos, aunque siempre existe cariño hacia todos ellos. Incluso cuando se equivocan, la película intenta comprenderlos.
Es verdad que algunos elementos pertenecen claramente a su época. La manera de comunicarse, las expectativas sobre el futuro o ciertos códigos románticos han cambiado mucho. Sin embargo, la emoción central permanece intacta: querer a alguien cuando todavía no sabes qué vas a hacer con tu propia vida.
Say Anything es una película sobre el primer amor, pero también sobre crecer, desconfiar de las certezas y descubrir que los adultos pueden estar tan perdidos como los jóvenes. Tiene escenas inolvidables, dos protagonistas magníficos y una sensibilidad que muchas comedias románticas posteriores han intentado copiar sin conseguirlo.
Un clásico de finales de los ochenta y un peliculón como pocos.