Jugada maestra
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decatur555
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3,0
Publicada el 16 de septiembre de 2026
Me pareció entretenida e interesante de ver, sin más. No me voló la cabeza ni me pareció una comedia negra especialmente afilada, pero sí tiene un punto de mala leche, un reparto agradecido y una historia lo bastante retorcida como para seguirla con gusto. Es de esas películas que funcionan mejor como pasatiempo elegante que como gran sátira sobre la codicia.

La premisa tiene gracia: Becket Redfellow, apartado de una familia multimillonaria, descubre que todavía podría acercarse a la fortuna familiar si aparta del camino a los que van por delante en la línea de sucesión. Dicho así suena a una bomba de humor negro, una especie de plan criminal de ricos podridos, herencias absurdas y asesinatos con sonrisa. Y durante un rato la película se apoya bastante bien en esa idea.

Glen Powell sostiene mucho el conjunto. Tiene ese carisma fácil, de tipo que puede parecer simpático incluso cuando está haciendo barbaridades, y eso le va bien a Becket. El personaje necesita que entiendas su resentimiento sin comprar del todo su justificación, porque al final no deja de ser un trepa dispuesto a racionalizar lo que haga falta para conseguir lo que cree que le deben. Powell lo hace llevadero, aunque a veces la película parece demasiado cómoda con su encanto.

Margaret Qualley, como ya comentamos, vuelve a moverse en ese territorio de personaje con pinta de ir a liar alguna. Tiene mucha facilidad para parecer frágil, rara, fría o peligrosamente encantadora según la escena. Aquí funciona muy bien porque nunca sabes del todo si está acompañando a Becket, utilizándolo, deseándolo o esperando el momento de dejarlo caer. Y sí, otra vez le sale ese punto de hija de mala madre que le queda estupendamente.

Jessica Henwick, claro, suma mucho cada vez que aparece. Tiene una presencia que me gana enseguida, y por eso para mí hay una derrota sentimental añadida: que él no acabe con ella ya es perder, aunque la película lo plantee por otros caminos. Más allá de la broma, su personaje aporta otro tipo de energía, más limpia y más atractiva, y ayuda a que Becket parezca todavía más idiota cuando toma ciertas decisiones.

El reparto secundario también está bien aprovechado, con Ed Harris, Bill Camp, Zach Woods y Topher Grace aportando caras, rarezas y pequeños momentos. La película entiende que en una historia así los familiares ricos no necesitan ser personas profundísimas, pero sí figuras lo bastante reconocibles para que el juego de eliminación tenga ritmo. Algunos funcionan mejor que otros, pero el conjunto tiene gracia.

El problema es que la película no siempre encuentra el tono. A ratos quiere ser comedia negra venenosa, a ratos thriller criminal, a ratos sátira de los ricos y a ratos relato moral sobre la ambición. Todo eso podría convivir, pero aquí no siempre encaja con precisión. Le falta algo más de malicia, algo más de veneno. Parece que quiere ser cruel, pero no termina de atreverse a serlo de verdad.

También se nota que la crítica a la riqueza y a la codicia se queda un poco en superficie. La familia es horrible, el dinero corrompe, la herencia vuelve monstruosa a la gente, los privilegios son absurdos… vale, pero la película no va mucho más allá de eso. Tiene acidez, pero no muerde todo lo que podría. Suena más a chiste negro bien presentado que a una sátira realmente letal.

Aun así, se ve bien. El ritmo es razonable, la puesta en escena es pulida y hay suficientes giros y situaciones como para no aburrirse. No me pareció esa comedia tediosa que algunos han visto, pero tampoco una pieza brillante. Más bien una película correcta, con momentos disfrutables y una sensación constante de que podía haber sido más rápida, más incisiva y más salvaje.

El final me gustó porque tiene una crueldad bastante fina: no lo matan, pero le quitan todo. Y casi es peor. Becket se queda vivo para tragarse la derrota, sin dinero, sin posición, sin control y sin el futuro que había imaginado. Ese castigo prolongado encaja muy bien con el tono de comedia negra. Matarlo habría sido demasiado fácil; dejarlo derrotado tiene más gracia.

Además, Qualley sale reforzada en ese cierre. No necesita hacer una gran escena de villana; basta con que entiendas que ha leído mejor la partida. Ella sobrevive al juego, él no. Y eso le da al desenlace una satisfacción que la película necesitaba. No es un remate genial, pero sí está mejor pensado que otros tramos y deja buen sabor.

Al final, me queda como una película entretenida, interesante y bastante del montón en el buen sentido. Tiene actores, tiene una premisa jugosa, tiene a Jessica Henwick, tiene a Margaret Qualley haciendo de las suyas y tiene un castigo final con mala idea. Pero le falta más colmillo para ser una gran comedia negra. Se disfruta, se sigue con facilidad y luego probablemente se olvida. Correcta, cínica a ratos y agradable para ver sin pedirle una obra maestra.
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