Perfect Days
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muvifan
muvifan

9 usuarios 20 críticas Sigue sus publicaciones

4,0
Publicada el 17 de enero de 2024
Perfect Days es una de esas películas que desprenden sencillez, y un optimismo sosegado. Cómo enfrentarse a la rutina y estar en paz. Comprender lo indispensable y vivir con modestia, pero feliz con unas pequeñas plantas, unos libros, unos viejos casettes y una antigua cámara fotográfica.
Un actor que llena la pantalla, una fotografía que juega con las difuminaciones y las sombras y una música de épocas pasadas que sencillamente enamora.
Su enfoque repetitivo del día a día puede, sin embargo, llegar a cansar en la primera hora.
La película emite un mensaje de nostalgia a hábitos añejos que prescinde de la tecnología sin menoscabar el placer de respirar cada día y sin necesidad de un despertador.
Adrianrom 1977
Adrianrom 1977

1.541 usuarios 589 críticas Sigue sus publicaciones

5,0
Publicada el 24 de enero de 2024
2023 ha sido un año espectacular y memorable para la historia del cine. Hemos tenido sublimes películas de todos los géneros y de todos los países. En especial me gustaría mencionar el Festival de Cannes, en el cual se presentaron varios de los futuros clásicos de la historia del cine, tanto de directores promesas como podría ser Justine Triet y Alice Rohrwacher o de directores ya más que consolidados como el mismísimo Martin Scorsese, Kore-eda o Wim Wenders. Este el último estrena su nueva película Perfect Days la cual para mí es joya oculta de este año.
Wenders nos habla con su nuevo largometraje de la felicidad, y de cómo está misma se puede encontrar en los detalles más insignificantes. También nos habla de la vejez así como de la monotonía, narrando una historia con un mix de emociones alucinantes en donde una rutina puede ser la mayor de las felicidades.
A nivel artístico creo que no hace falta ya que diga nada, por el simple hecho de que el film sea dirigido por Wim Wenders, sinónimo de perfección artística. Pero es imposible resistirse a decir que la fotografía me parece sencillamente un espectáculo de principio a fin, con varios de los que para mí son los mejroes planos de lo que llevamos de década. Simplemente extraordinario.
El trabajo de dirección de Wenders es otra cosa que no le hace falta una mención pero solo me gustaría decir que la elección de música (aunque también entra en el ámbito artistico) es probablemente una de las mejores que he visto en mi vida.
Entrando en el ámbito interpretativo me gustaría enfocarme en el hombre que no solo se llevo por completo al personaje, si no que ganó más que merecidamente su palma de oro en Cannes. Koji Yakusho no solo da a un personaje mudo (casi sin líneas de diálogo) una historia apabullante con su interpretación, si no que encima logra expresarse y hacerse al personaje de una manera única.
La trama narra la historia de Hirayama (Koji Yakusho), un limpiador de baños publicos japonés el cual lleva una vida muy monótona y rutinaria. Aunque el es una persona completamente feliz con su vida, disfrutando de la naturaleza y la música.
Una obra apabullante, humana y extraordinaria la cual nos regala el cineasta alemán Wim Wenders, convirtiéndose sin duda en mia favoritas del año.
David Castedo
David Castedo

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5,0
Publicada el 7 de diciembre de 2024
No todos los días son buenos, pero todos los días son perfectos. Esta es la filosofía con la que Hirayama afronta su día a día y con la que a todos nos iría mejor si nos la aplicásemos.
Con un argumento tan minimalista como los quehaceres diarios de un limpiador de baños públicos en Tokyo, Wim Wenders consigue entregarnos una cinta cargada de calidez y cariño, una verdadera oda al día a día (cercano a esa "aurea mediocritas" tan recurrente en la historia del arte"), un homenaje a la belleza del mundo que nos rodea sin necesidad de viajar al Himalaya o al Amazonas. Hirayama se convierte así en un protagonista auténticamente estoico que acepta su cotidiana vida y la abraza como su más fiel amigo, sin reducirse a ser un simple abnegado cuya vida le pasa por encima y consume por dentro, sino alguien que encuentra en los detalles de una vida marcada por la rutina la verdadera belleza de estar vivo.
Todo esto se consigue transmitir sin la necesidad de recurrir a grandes dramas o hilarantes escenas de comedia, sino mostrando a través del ojo de este humilde limpiador una vida cargada de belleza precisamente por lo cercana que es a nosotros, aunque todos la dejemos pasar por alto.
Y es este punto de vista el que marca una puesta en escena donde el minimalismo antes mencionado es la piedra sobre la que se construye toda la estética. Así, el protagonista se convierte casi en un voyeur (como un James Stewart que lleva su cámara ya no solo en su apartamento sino allí donde vaya) que aprecia lo que ve y lo que le sucede, aunque esto sea el simple efecto de la luz del día filtrándose por las hojas de los árboles en movimiento (ese "komorebi" tan recurrente en sus sueños").
Así, nos encontramos ante una película tierna, conmovedora y absolutamente humana que nos hará mirar nuestra vida con nuevo y más optimistas ojos, comprendiendo que la costumbre no siempre es una pena ni la rutina una tortura de la que salir.
alicia lorenzo betancor
alicia lorenzo betancor

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4,0
Publicada el 16 de enero de 2024
Tanta sencillez en la vida del protagonista te va dando pistas de por donde va la felicidad de los dias perfectos. Un viaje al Japon actual
Rafa Escudero
Rafa Escudero

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2,5
Publicada el 19 de enero de 2024
Me ha decepcionado un poco, hasta mitad de la película o más de la mitad cuenta lo mismo, no hace falta tantos minutos de rodaje para contar que el personaje tiene su vida rutinaria y muy metida en su mundo, le doy algo de puntuación porque me ha hecho pensar, ha removido algo mi mente
C Etcheverry
C Etcheverry

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4,5
Publicada el 25 de enero de 2026
Perfect days • 9 sobre 10
(Japón-Alemania, 2023, 123’) Director: Wim Wenders, con Kōji Yakusho, Tokio Emoto, Arisa Nakano
Sinopsis: No solo una historia, sino una muestra de cómo estar en el mundo.
Un hombre limpia baños públicos en Tokio. Se llama Hirayama. Vive solo en un apartamento mínimo, se despierta siempre a la misma hora, se lava, riega sus plantas, se sube a su furgoneta y va a trabajar. Limpia con esmero, con respeto, con una atención que roza lo ceremonial. Por las noches lee, escucha viejas cintas de música, fotografía árboles. Nada más. Nada menos. En manos menos delicadas, este argumento sería una anécdota o un ejercicio de exotismo. En manos de Wim Wenders se convierte en una meditación silenciosa sobre el tiempo, la dignidad y la felicidad no como circunstancia, sino como decisión.
Aquí no hay conflicto en el sentido clásico. No hay una trama que avance, ni un misterio que resolver, ni un pasado que deba ser revelado. Lo que hay es una sucesión de días, casi idénticos entre sí, en los que pequeñas variaciones —una visita inesperada, una conversación breve, un gesto de cansancio— introducen fisuras mínimas en una vida que parece deliberadamente contenida.
Wenders filma como quien no quiere molestar. La cámara observa desde una distancia respetuosa, sin subrayados, sin música invasiva, sin explicaciones psicológicas. Hirayama no se confiesa, no se analiza, no se justifica. Simplemente existe. Y en esa existencia callada se va dibujando, poco a poco, un retrato de una profundidad inesperada. Kōji Yakusho compone un personaje extraordinario desde la contención más absoluta. Su rostro, sus silencios, la forma en que sonríe apenas o baja los ojos, dicen más que páginas enteras de diálogo. Es un actor que entiende que, a veces, interpretar es desaparecer como persona para que solamente viva el personaje.
La película está hecha de rituales: abrir una persiana, elegir una cinta, limpiar un espejo, encuadrar una fotografía. Gestos repetidos que no pesan, que no alienan, que parecen sostener al personaje como una arquitectura invisible. No estamos ante la monotonía como condena, sino ante la repetición como refugio.
Ahí aparece, sin decirlo nunca, una de las preguntas centrales del film: ¿es esta una vida pequeña o puede ser una vida sabia? Porque Hirayama no parece infeliz. Tampoco parece especialmente feliz. Está, sencillamente, en paz. Y esa paz, en una época obsesionada con el éxito, el progreso y la exhibición constante, resulta casi subversiva. En ningún momento la cinta nos recuerda que Hirayama limpia el estiércol de otros. No es un placer, pero tampoco una degradación; hay en ello una forma de grandeza, la de aceptar sin rencor lo que se presenta como irremediable. Frente a su pobreza se recortan otros que viven una miseria de lamentaciones, teniéndolo todo y no teniendo a nadie con quien comparttirlo, ni siquiera con ellos mismos habitándose en paz.
La ciudad de Tokio, filmada lejos del vértigo habitual, se convierte en un fondo sereno, casi amable. Los famosos baños públicos diseñados por arquitectos de prestigio no son aquí objetos de diseño, sino lugares humanos, espacios de tránsito donde la limpieza adquiere un valor moral: cuidar lo que otros usan, ordenar lo que otros ensucian, dejar el mundo un poco mejor de como se lo encontró. Hay, además, una melancolía suave que recorre toda la película. Algo en el pasado de Hirayama parece haber quedado atrás, sin rencor pero sin olvido. La vida no siempre fue así. Pero ahora es así. Y eso basta.
La secuencia final —sin revelarla— es una de las más hermosas que ha filmado Wenders en muchos años: un rostro atravesado por emociones contradictorias, por la memoria, por el cansancio, por una alegría que no se atreve del todo a decir su nombre. Perfect Days no pretende enseñar nada. No ofrece moralejas ni recetas de vida. Se limita a mostrar, con una delicadeza extrema, que tal vez la felicidad no está en los grandes acontecimientos, sino en la manera de habitar los días.
Hay cine que entretiene. Hay cine que impresiona. Y hay un cine rarísimo, casi secreto, que simplemente acompaña. Este pertenece a ese linaje discreto y valioso de películas que, cuando terminan, no se aplauden por fuera, sino que se agradecen por dentro. Son pocas las películas que nos demoran cuando las luces se encienden y tenemos que abandonar ese mundo mágico en que nos habíamos sumido unos pocos momentos antes. No me llego hasta el 10 porque eso no es admirar, sería coronar, lo cual no deja margen a lo humano de los otros, precisamente lo contrario de lo que propone esta cinta. Un 9 propone, un 10, impone: no es frialdad ni soberbia, precisamente es respeto.
Se puede escribir una reseña como un resumen de uno mismo. O se puede hablar desde una película cuando ella misma pronuncia casi en silencio muchísimas cosas.
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