A Descartes le habría encantado esta película.
Seguramente, esta película jamás la hubiera visto si fuera por intenciones propias, porque esta ocasión ha sido más por compromiso cinéfilo en cuanto a su nominación al Oscar, que por interés propio. Aun así, no me arrepiento de haberle dado una oportunidad, cual fuera que fuese la razón del visionado. Porque en apariencia no es una película que me interese o llame la atención, sin embargo, dar una oportunidad nunca deja de ser una opción, como ya digo.
Debo admitir que mi experiencia inicial ha sido un poco conflictiva. Como espectador, durante el visionado siento que muchas de las cosas que ocurren se me escapan entre los dedos. Al llegar a los créditos finales, tengo que detenerme a pensar, leer algunas interpretaciones, volver mentalmente a algunas escenas y ordenar lo que realmente he visto. No es una película que se entregue con toda la facilidad del mundo, y tampoco es complicadísima de entender, pero sí hay que comprender lo que quiere decir y yo no me enteré al inicio. Así que opino en cuanto a lo que he entendido y he leído sobre las interpretaciones.
En esencia, irónicamente me remite a la filosofía de Descartes, a aquellos estudios realizados en bachillerato hace años en cuanto a las reflexiones de los sentidos y nuestra relación con la realidad. Se nos presenta a Amélie, en su estado primitivo como ser humano: recién nacida, habitando el mundo sin ser consciente de su existencia. Está ahí, respira, vive.. pero todavía no ha despertado del todo a su propia conciencia. Es cuando sus sentidos empiezan a despertarse, cuando ella empieza realmente a vivir.
Es un proceso de descubrimiento del mundo: la textura de las cosas, los estímulos, las emociones que nacen de ellos. Pasa de ser metafóricamente un tubo, a alguien conectando con la realidad. Con las ideas del mundo tangible. Ese tránsito --de la pura existencia a la experiencia consciente-- es lo que sostiene todo el relato.
En ese despertar surge un vínculo --que me encanta y es especialmente bonito--: su relación con su niñera, Nishio-san. Es su primera relación profundamente humana. Se desarrolla una ternura especial. Es fácil empatizar con ambas figuras, y cada vez que comparten escena se percibe conexión, calidez, luminosidad. Es reconfortante ver cómo la película retrata el encuentro entre una niña y una adulta desde un punto de vista sano y optimista, con sensibilidad.
Otro elemento con el que tengo problemas es la lluvia y el agua, símbolos con los que Amélie parece conectar de una forma especial. Confieso que durante el visionado no termino de comprender exactamente del todo esa relación. Es más sensorial que racional --supongo--. Sí he pillado que mientras se muestran planos del agua, Amélie habla sobre la fugacidad de las cosas y dejar todo atrás porque así es la vida. Supongo que la conexión que siente con lo acuático es eso: presencia cambiante.
No puedo evitar pensar en Descartes y su poca fe en los sentidos. La idea de que lo que percibimos puede ser todo una falacia, todo insuficiente para comprender la realidad. Curiosamente, esta película abraza lo contrario: los sentidos son el camino, la puerta a la conciencia.
Ojo, la película no se limita a lo bonito de descubrir el mundo, sino al golpe de realidad que supone el cambio. Darse cuenta de que no todo es como uno quiere y ha de aprender a aceptar cosas que no son cómodas, pero que las impone la realidad. Es una revelación delicada pero cruel a la vez. Es un paso crucial en su crecimiento, que duele más de lo que parece.
Y no esperaba conectar tanto personalmente con esta obra. No puedo decir que me haya fascinado por completo, pero sí toca sentimientos propios. Especialmente porque durante mi vida, he tenido que afrontar cambios difíciles, pero que a veces, son lo mejor que puede pasar, aunque la transición no sea fácil.
Visualmente es agradable de ver, aunque no sea un fanático de este formato de textura. Donde sí me conquista es en su música y el desarrollo de las escenas, es decir, la puesta en escena. Todo crea una atmósfera muy particular que roza un poco el surrealismo pero que es efectivo, aunque bueno, no haya funcionado del todo conmigo porque no he entendido algunas partes.
No es una película que me haya fascinado, pero que sospecho que recodaré. No siempre entiendo bien las películas, pero ya también es mi responsabilidad como espectador querer enterarme de lo que ocurre, y si algo diferencia esta obra de otras que tampoco entiendo, es que esta al menos me da razones para querer comprender sus motivos.