Lucija es una adolescente de 16 años reservada y observadora que encuentra en el coro femenino de su colegio religioso un espacio donde encajar por primera vez. Allí conoce a Ana-Marija, una compañera carismática y segura, muy distinta a ella, con quien establece un vínculo que oscila entre la admiración y la complicidad. Entre ensayos, normas estrictas y la disciplina del entorno católico, Lucija empieza a abrirse a nuevas sensaciones y a una forma distinta de relacionarse con los demás. La convivencia se intensifica durante una retirada de fin de semana en un convento situado en una zona rural aislada, donde las dinámicas del grupo se vuelven más cerradas y tensas. En ese ambiente apartado del mundo exterior, la presencia de un joven obrero de mirada penetrante despierta en Lucija una curiosidad inesperada que la desestabiliza emocionalmente y altera el equilibrio del grupo. A medida que explora sentimientos que no termina de comprender, Lucija se ve dividida entre la lealtad hacia su nueva amiga y el impulso de descubrir su propia identidad. Sus dudas, deseos y contradicciones comienzan a chocar con los valores en los que ha sido educada, generando una fractura silenciosa dentro del coro y poniendo en cuestión la aparente armonía del grupo.