Una obra de arte allá donde las haya.
'Arco' me ha hecho sentir algo que pocas veces experimento al ver el género de animación, un tópico que nunca me ha llamado demasiado la atención: la certeza de haber contemplado algo verdaderamente especial. No lo digo a la ligera. De hecho, digo que es una de las mejores películas --y de animación--, que he visto en mi vida. Me encanta repetir cuando hablo de cine, "esta es una obra que me fascina más por cómo se ve que por lo que se ve". Aunque claro, también por lo que se ve.
Desde el inicio, la película me parece una auténtica barbaridad visual. Los escenarios, bañados en colores vivos y luces pictóricas, se sienten más cercanos a una galería de arte en movimiento que a un simple fondo de animación. Me paro a contemplar cada plano con una admiración que casi nunca aplico en el cine. Un asombro silencioso, como si estuviera frente a pinturas que respiran por sí solas. Un goce visual constante, una experiencia sensorial.
Hay un elemento estético que al principio me descoloca, y es la velocidad de animación. Ese efecto deliberado de animación con pocos fotogramas por segundo me resulta extraño al inicio. No es que lo rechace desde el principio, pero sí me produce una cierta incomodidad, en parte porque no estoy acostumbrado a este formato. Incluso llega a producirme sensación de mareo suave y de estar perdiendo información. Sin embargo, conforme se desarrolla todo, mi vista se adapta y la comienzo a disfrutar como un crío. El ritmo deja de ser como tal un estorbo y se convierte en su identidad estética.
Hacía tiempo que no experimentaba ese bienestar delante de una pantalla: la satisfacción de contemplar colores tan vivos y brillantes, de esa intensidad que me gusta a mí, que demuestra que el cine debería ser cine; encuadres elegantes y con formas pensadas para perderse en los abismos escenográficos a gusto; una puesta en escena diseñada para ser saboreada. Si tengo un recuerdo familiar en cuanto a esto, me remonto a la versión restaurada de 'Atormentada', de Hitchcock --realmente infravalorada--, y 'Train Dreams', de Clint Bentley.
La banda sonora no puede quedarse atrás en las menciones. Me ocurre algo poco frecuente: casi siempre salgo de una película sin una sola nota melódica en la memoria y, aquí, en cambio, soy plenamente consciente de ella durante todo el tiempo. No puedo tararear todo el tema, aunque hay notas que sí tengo en la cabeza, pero todo el rato pienso: qué maravilla de música, con su estilo tan hipnótico, tono tan onírico, con un trasfondo que me hace sentir que es incluso perturbadora. No puedo evitar pensar en 'Masked Ball', de 'Eyes Wide Shut'. No suenan igual, ni mucho menos, pero comparten esa sensación de misterio ceremonial, de belleza ligeramente inquietante. Es una canción que podría perfectamente escuchar yo durante mi vida cotidiana. Eso, nunca me ocurre.
Donde me deja sentimientos más tibios es en su historia. Cuando termino de ver una película nunca escribo mi opinión de ella hasta horas o incluso días después, para cocinar todo en mi cabeza y ser consciente de lo que he sentido, visto y experimentado. Porque mis opiniones pueden cambiar constantemente, y lo que pienso nada más terminar una obra, casi nunca suele coincidir con lo que pienso cuando medito. Y digo esto porque la primera vez que la veo me parece una historia bellísima, que me conquista con su tono emocional, orbitando en temas como el amor, la despedida, la pérdida, el momento inevitable de abandonar el hogar o un sitio querido, y los endulza hasta que llega el drama, que llega muy fuerte. Un golpe sentimental que deja marca. Una decisión arriesgada, especialmente para una historia que puede ser perfectamente vista por un público infantil. Y me remonto a todo esto, porque luego pienso que sí es cierto, el guion podría haber ido, en mi opinión, un poco más allá: la historia de cada personaje, sus motivaciones, algunas capas dramáticas que se me quedan un poco sueltas. Aunque incluso así, la dinámica de personajes me funciona a la perfección. Todos tienen su sitio en la historia, incluso los que encajarían con el rol de "antagonistas".
Empiezo a pensar que algunos momentos son más relleno que otra cosa, pero luego vuelvo a pensar, y creo que si se recortaran esos momentos, se perdería mucha historia. La película mira que dura poco, y si se quita ese "relleno", duraría casi nada. Y así sí que no funcionaría en absoluto.
Hace unos meses me sorprendió 'K-Pop Demon Hunters' porque no esperaba encontrar una película tan entretenida dentro de su propuesta. Pero 'Arco' tiene el mismo efecto en mí y causa mejor impresión. Me parece un paso más allá. Mucho más delicada, estética y emocional. Y lo más curioso, es que mirando el año en retrospectiva de las grandes superproducciones, siento que el cine de animación me está interesando más que muchas películas de carne y hueso --como siempre he llamado a ese cine de acción real--.