Sirat. Trance en el desierto
Críticas
4,0
Muy buena
Sirat. Trance en el desierto

Por qué todo el mundo necesita hablar de 'Sirat'

por Sara Heredia

Nadie le puede negar a Oliver Laxe el habernos regalado una de las películas más sorprendentes de los últimos años. Sirat ha sido un fenómeno cinematográfico como pocos suceden en nuestro país. Una cinta marcadamente de autor que ha llegado a cinéfilos y no cinéfilos y que no ha dejado a nadie indiferente. Si ves Sirat después necesitas comentarla con alguien, esto es así.

Laxe venía de ganarse a la crítica con Todos vós sodes capitáns (2010), Mimosas (2016) y O que arde (2019), siendo esta última su película más popular fuera de los círculos de prensa por sus nominaciones en los Goya. El gallego gusta mucho en Cannes. Ahí es donde recibió el premio Fipresci con su primer largometraje en 2010, después el premio de la Semana de la Crítica de Cannes por su segunda producción en 2016 y el premio del jurado de la sección oficial Un certain regard para su tercera película en 2019. Sirat ha sido su guinda del pastel y, además de hacerse con el Premio del Jurado en el certamen francés, ha llegado a los BAFTA, los Globos de Oro y los Oscar. Ha hecho pleno al 15.

Sirat ha tenido un reconocimiento internacional digno de admiración, pero todos sabemos que los premios pueden funcionar para agrandar una taquilla, pero no debería ser algo grabado en piedra. ¿Merece tanto la pena Sirat

Un espectáculo visual que recompensa al que escarba la superficie

La película transcurre en el desierto de Marruecos, donde un padre y su hijo van de rave en rave buscando a su otra hija, que ha desaparecido. No podemos decir mucho más sin destripar la magia, pero lo que debes saber es que a mitad de metraje todo cambia para adquirir un tono mucho más peligroso, como de cinta bélica. Hasta ese momento, la historia se desarrolla de manera tradicional, pero el objetivo de Laxe es volar la cabeza a los espectadores.

Hay quien ha criticado a Laxe por dejarse llevar por el efectismo de lo que sucede en pantalla, pero quien rasque un poco más se verá recompensado. Lo que realmente nos quiere decir el director -aunque esto está abierto a interpretaciones- es que la vida es volátil y azarosa y nosotros, humanos, poco podemos hacer contra ello. Sus personajes se embarcan en un viaje físico y metafórico en el que reflexionan, y nos hacen reflexionar, acerca de nuestra existencia y lo cósmico.

Por encima de esto, Sirat es un espectáculo visual a la altura de Mad Max: Furia en la carretera. Las comparaciones están fundamentadas. Ese paso por el desierto a bordo de un autobús y un camión mastodónticos en mitad de una tormenta de arena con ninguna otra iluminación más que la de sus focos es puro cine. La película deja muchas imágenes icónicas de este estilo, algo que viene genial para una generación cada vez más visual. Pero no es solo eso. No solo es la estética por la estética. Como decimos, Sirat también provoca que quieras hablar de ella después de verla y, sinceramente, ¿cuántas películas consiguen eso en la actualidad?

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