Whalefall
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Raul C
Raul C

84 usuarios 216 críticas Sigue sus publicaciones

3,5
Publicada el 20 de octubre de 2026
Whalefall (2026).

"Cuando las ballenas mueren, de ellas brotan siglos de vida. Se le llama la 'caída de la ballena'".
Austin Abrams está de enhorabuena este año. Tras participar, a las órdenes de Zach Cregger, en la mejor versión de “Resident Evil” (aún en cartelera) y en la sorprendente “Weapons” justo el año pasado, protagoniza este angustioso thriller marino, donde interpreta a un joven aficionado al submarinismo que es engullido accidentalmente por un enorme cachalote.

La línea que separa una ocurrencia de una buena y original idea es a veces muy fina. En esta ocasión, el cineasta y guionista Brian Duffield, en colaboración con el escritor de la novela en la que se basa la historia, nos traen un guion de lo más atractivo y desasosegante. Nuestro protagonista, tras sumergirse en aguas californianas en busca de los restos de su fallecido padre (interpretado por Josh Brolin), se topa con un cachalote en el preciso momento en que está dando caza a una medusa gigante, acompañándola en tan inquietante situación.

Brolin, con el que el protagonista coincidió en la citada “Weapons”, aparece repetidas veces a lo largo de los 105 minutos que dura la película en diversas escenas retrospectivas que nos muestran la difícil relación padre e hijo que experimentaron en el pasado. Completan el reparto Elisabeth Shue, en el rol de la madre del chico, luciendo unos maravillosos 62 años (ya 63) y John Ortiz, un secundario habitual de thrillers y dramas estadounidenses.

“El mar siempre te da lo que necesitas”.
La creación de la criatura es responsabilidad de la neozelandesa Weta Workshop (trilogía de “El Señor de los Anillos”, “King Kong”), mientras que muchos de los efectos visuales que vemos están realizados por Industrial Light & Magic.
Los productores -y quizá el director de fotografía- tuvieron el impagable detalle de incluir medusas bioluminiscentes entre las presas engullidas por el veterano cachalote, de modo que nos permite ver durante la claustrofóbica aventura de nuestro submarinista cada momento de su particular cautiverio.

Raúl Cabral.
Puntuación personal: 7
Arturo Jr Hurtado
Arturo Jr Hurtado

60 críticas Sigue sus publicaciones

3,5
Publicada el 19 de octubre de 2026
Llegué para ver Whalefall con el escepticismo al mil por ciento. Cuando a mí me venden una premisa de "¿y qué pasa si a un hombre se lo traga una ballena?", la verdad me imaginaba otra Anaconda: una película de supervivencia absurda, llena de gore falso, ataques sin sentido y un melodrama que no hay por dónde agarrar. Pero qué equivocado estaba. Me encontré con una historia de supervivencia profunda, rara y, en cierto sentido, espiritual.

Si tiene la oportunidad de verla en IMAX, hágalo, porque la claustrofobia se le mete a uno en el cuerpo de verdad. El trabajo de diseño de producción y efectos visuales de Ramsey Avery y Guillaume Rocheron es una excelencia. El interior del cachalote se siente húmedo, hostil y asquerosamente real. Y digo "asquerosamente" con todo el sentido de la palabra: las paredes orgánicas, el ácido gástrico, la medusa y el peligro constante de terminar derretido o expulsado por el otro extremo producen un repudio físico tenaz. Lo bacano es que el horror corporal está muy bien manejado; no cae en la carnicería sangrienta exagerada de las típicas películas de tiburones, sino que todo ese ácido y esa opresión están al servicio del suspenso.

Ahora bien, lo que de verdad le da espíritu a esta historia es la carga que lleva el protagonista. Jay vuelve al mar buscando los restos de su papá, pero termina atrapado en una jaula orgánica que le exige procesar un duelo lleno de dolor, traumas y rencores. Austin Abrams hace un trabajo tremendo. Al tipo le toca sostener casi toda la peli encerrado, con el aire contado por su tanque y el diálogo limitado por el equipo de buceo. Aún así, le da una vida interior compleja a Jay: uno siente cómo piensa, recuerda, se desespera y pelea por su vida.

Y ahí entra Josh Brolin desde los recuerdos como Mitch, el papá. Brolin interpreta a un buzo respetado pero severo y controlador. Me pareció un acierto gigante que la película no intente suavizarlo ni volverlo un santo solo porque ya murió. La reconciliación no borra el daño que hizo, ni sus enseñanzas dejan de ser valiosas solo porque fue un tipo difícil. La gran idea que nos deja la peli es precisamente esa: uno puede heredar una lección de vida sin necesidad de heredar la identidad de quien se la dio.

Los flashbacks funcionan perfecto para evitar que esto sea solo un festival de carnicería. Cada prueba física dentro del animal obliga a Jay a poner en práctica, rechazar o entender algo de su pasado. La ballena deja de ser un monstruo y se convierte en la memoria viva de su padre, obligándolo a salir de su propio encierro mental. Además, el diseño de sonido es una salvajada: la respiración filtrada por la máscara, las vibraciones del agua y los ruidos de la criatura vuelven esa cuenta regresiva de oxígeno una experiencia puramente física.

Obviamente la película tiene sus límites. Repetir obstáculos dentro de un espacio tan reducido a ratos se siente redundante, y a veces la historia insiste en explicar con palabras lo que uno ya entendió emocionalmente en pantalla. Los secundarios quedan un poco en el aire y el tercer acto se pone tan interpretativo que se alarga un poquitico más de la cuenta.

Pero son detallitos que no le quitan mérito a semejante propuesta. Whalefall terminó siendo una gran sorpresa. Una aventura claustrofóbica que usa el horror físico para contar una historia íntima, humana y bellísima sobre lo que hacemos con el amor y el daño que heredamos.
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