Resurrection
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Christian Martínez
Christian Martínez

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4,5
Publicada el 28 de abril de 2026
El 'Cinema Paradiso' moderno; una carta de amor al cine.

Soy un firme defensor de esa idea de que ya no se hace cine como antes. Y lo digo a pesar de haber visto poco cine clásico en comparación a la cantidad del moderno que he visionado. Quiero decir, en el sentido de grandes proyectos ambiciosos, arriesgados, complejos de levantar y con una identidad tan marcada. Hace tiempo que no encontraba una película del calibre de 'Resurrection'. Estoy acostumbrado a ver todo tipo de cine: géneros, estilos, producciones pequeñas o enormes, guiones más o menos convencionales. Y aun así, Bi Gan --un director que descubro ahora-- me coloca delante de un cine que siempre me ha gustado y me deja completamente descolocado.

Una obra maestra que respira cine en todas direcciones y en todas sus formas. Una oda al propio lenguaje cinematográfico, con una línea narrativa y un enfoque direccional que me recuerda constantemente a 'Cinema Paradiso', pero llevada a un terreno mucho más abstracto, filosófico y profundamente simbólico. Un conjunto de reflexiones sobre la eternidad, la identidad, el amor y la ensoñación como estado permanente. De vivir entre una mentira realista y bonita, o una realidad que se comporta como un sueño. El guion es tan denso y complejo --a veces-- que se recomendable por mi parte verla, al menos, dos veces. No precisamente por su complejidad, sino por la cantidad de capas que supone la narrativa.

Es un producto largo, lento y exigente. Sin duda, un enemigo de quien busque consumo fácil o tenga poca paciencia. Lo bueno es que la dirección de Bi Gan es magistral. No solo funciona en su discurso, sino también como palabras de amor al cine. Un intento --más que logrado-- de explorar varias formas dentro de una misma experiencia, sin limitarse a una sola estructura ni a una sola manera de contar.

Cada segmento se siente como una variación del lenguaje cinematográfico. No lo vivo como una simple mezcla de estilos, sino como si cada bloque me estuviera enseñando una forma distinta de entender el cine: cambian las ambientaciones, los tonos, las emociones, pero hay algo que se mantiene constante, y es esa esencia humanística. En ningún momento lo percibo como algo disperso o caprichoso; al contrario, siento que hay una intención muy clara de explorar cómo se puede contar una vida desde múltiples caras, capas y formas, incluso contradictorias entre sí. Es como si cada forma de cine que aparece me estuviera revelando una cara distinta de lo que somos.

Tampoco siento la imperiosa necesidad --ni la capacidad, siendo sincero-- de desmenuzar todo lo que propone Bi Gan. Mentiría si dijera que he entendido todo a la primera, porque no es así. Hay muchas cosas que se me escapan, y creo que es normal: la película se mueve en un terreno muy abstracto, muy metafórico, que pide tiempo, reposo y más de un visionado, como dije antes. Aun así, también creo que hay algo que no debería explicarse del todo. A mí, personalmente, me gusta que ciertas películas conserven ese misterio del entendimiento incompleto, esa parte que no termino de descifrar. También me fastidia, pero es una especie de forma de sufrir disfrutable. Prefiero que cada uno se enfrente a ella sin demasiadas guías, que la viva a su manera y a su forma de entender las cosas. Por ello, mi crítica no está orientada tanto a la explicación de la película, sino más bien, a lo que me parece, como siempre hago.

Si tuviera que quedarme con una idea general, con lo que yo he entendido y según lo que pienso en este primer visionado, diría que 'Resurrection' plantea una relación muy directa entre el cine y la vida. Yo la he sentido como una especie de reflexión (repito tanto el término porque es necesario para explicarme) sobre el cine como memoria, como sueño, como espacio donde se guardan emociones y recuerdos, pero también donde se transforman, se distorsionan o incluso se mortifican. El amor, por ejemplo, un tema que se manifiesta en una de las historias que se plantean. Me encanta cómo se trata, cómo se narra y cómo se construye. Me quedo atolondrado viendo a Jackson Yee y a Li Gengxi, porque son dos personas que funcionan perfectamente combinando sus actitudes y personalidades en pantalla. Se conocen de toda la vida y, al mismo tiempo, se ven por primera vez ahí.

No hay una conexión lineal "clara" entre las historias, pero la intención y los sentimientos siguen ahí siempre. Todo funciona asociando elementos. Es una película que me ha exigido implicación: no basta con verla, sino que hay que pensar bien en ella, reconstruirla después y darle vueltas. Entiendo perfectamente que haya gente que se niegue a entrar en ese juego, pero para mí ahí está gran parte de su valor.

El diseño de producción es algo fundamental para que todo funcione. Todo está cuidado con un nivel de detalle increíble: la puesta en escena, la música, las transiciones, la forma en la que los espacios se conectan --la escenografía se me antoja a veces subliminal, como de estética backroom--. Incluso cómo historias que no tienen nada que ver entre ellas se conectan sin que sean tan bruscos los saltos. Es compleja, pero no caótica, y eso tiene mérito. El sonido es también una locura. Se nota que hay un trabajo enorme detrás. Hay un cuidado que da miedo. Un sonido que va de la mano siempre con lo que se ve. Pocas veces se ve tanto empeño en hacer las cosas realmente bien. Eso sí, aunque visualmente sea una bestialidad, no quita el hecho de que sin esa fotografía ni ese estilo fotográfico, sería una película completamente distinta y probablemente no tan satisfactoria.

Y no solo es la forma de ver, sino también la forma de representar. Jackson Yee es un monstruo. Un actor como pocos. Un descubrimiento total. Impresionante. No solo por el cambio físico entre personajes, sino por cómo cambia su forma de estar en pantalla. Cada personaje suyo es una actitud, una personalidad y una persona completamente distinta. Simplemente brillante.

La volveré a ver, pero la dejaré reposar un tiempo para también evitar la fatiga. Pura admiración.
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