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Arturo Jr Hurtado
44 críticas
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2,0
Publicada el 11 de julio de 2026
Michel Franco vuelve a hacer lo que mejor sabe: construir una película donde las respuestas fáciles nunca aparecen y donde el espectador tiene que completar los vacíos por su cuenta.
Dreams parte de una premisa bastante peculiar. Por un lado, está Jennifer, la hija de un filántropo estadounidense que trabaja con una fundación relacionada con jóvenes bailarines; por el otro, Fernando, un joven bailarín mexicano que cruza ilegalmente la frontera para reencontrarse con ella. La película nunca pierde tiempo explicando cómo nació esa relación. spoiler: Desde la primera escena entendemos que existe desde hace tiempo y que no es la primera vez que él arriesga todo para volver a verla.
Me gustó que los personajes rompieran algunos estereotipos habituales. No es común encontrarse con un protagonista migrante cuya identidad esté ligada al ballet, ni con una mujer poderosa, millonaria y bastante mayor que él ocupando el otro extremo de la relación. Esa combinación hace que la historia tenga una personalidad distinta desde el principio.
Sin embargo, donde la película empieza a perderme es en sus personajes. No porque estén mal interpretados, sino porque están escritos para ser deliberadamente fríos. Jessica Chastain e Isaac Hernández hacen un trabajo sólido, pero sus personajes apenas transmiten algo más allá del deseo, la pasión y la dependencia mutua. Me costó conectar emocionalmente con ellos porque sus personalidades terminan sintiéndose demasiado neutras y esquemáticas. Da la sensación de que había espacio para construir seres humanos mucho más complejos.
Jessica Chastain vuelve a demostrar por qué es una actriz tan interesante. Después de Memory decidió repetir con Michel Franco y aquí interpreta probablemente uno de los personajes más antipáticos de toda su carrera. Jennifer es posesiva, obsesiva, necesitada y profundamente contradictoria. Al mismo tiempo conserva una presencia seductora y un enorme poder económico que condiciona toda la relación. En contraste, Isaac Hernández sorprende bastante. No conocía su trayectoria y descubrir que ni siquiera es actor explica muchas decisiones del personaje. Franco aprovecha su formación como uno de los bailarines mexicanos más importantes del mundo para que el cuerpo comunique aquello que los diálogos nunca dicen.
Lo que más me interesa de Dreams no es realmente el tema de la inmigración. De hecho, creo que Michel Franco tampoco quería hablar únicamente de eso. La inmigración termina siendo el escenario donde explora asuntos mucho más universales: el privilegio, la dependencia, el deseo y, sobre todo, el poder dentro de una relación amorosa. Nunca intenta señalar quién tiene la razón. Tanto Jennifer como Fernando se equivocan constantemente. No son símbolos políticos, son personas imperfectas cuyas decisiones reflejan conflictos sociales más grandes.
La relación entre ambos funciona porque los dos se utilizan mutuamente. Jennifer posee el poder material: puede ofrecer estabilidad, dinero y una vida completamente distinta. Fernando, en cambio, tiene el poder emocional. Comprende que Jennifer depende de él de una manera que termina condicionando todas sus decisiones. Ese choque entre dos formas distintas de poder convierte lo que parecía un romance en una reflexión bastante amarga sobre quién puede permitirse amar sin pagar un precio.
También me parece interesante cómo la película plantea las presiones externas que rodean esa relación. No solo existen diferencias económicas, nacionales o de edad, sino también prejuicios familiares y sociales que terminan contaminando cualquier posibilidad de construir algo sano. Esa tensión está siempre presente, aunque nunca se verbalice de forma explícita.
Donde sí creo que la película tropieza es en su desenlace. Me sorprendió, pero también sentí que rompía parcialmente el tono que había construido durante toda la historia. La decisión final de Jennifer me pareció excesivamente cruel y, por momentos, rozando lo absurdo. No terminé de creer que existiera una evolución suficiente para justificar un cambio tan radical. La tragedia podía llegar igualmente sin necesidad de empujar el conflicto hasta un extremo que, al menos para mí, resulta algo forzado.
De Dreams admiro su valentía, la crítica que plantea sobre el privilegio estadounidense y la intención de incomodar constantemente al espectador. Pero esa misma frialdad emocional y unos personajes demasiado contenidos impiden que la historia termine de impactarme como podría haberlo hecho. Es una película muy representativa del cine de Michel Franco: provocadora y dispuesta a generar debate. Para mí cumple con lo que promete, aunque difícilmente será una de esas películas que permanezcan mucho tiempo en la memoria.