Año 1755. Una joven llega a un aislado monasterio de clausura situado entre las montañas, donde varias novicias padecen una misteriosa dolencia que las debilita progresivamente y que desafía toda explicación conocida. La creciente preocupación dentro de la comunidad religiosa lleva a las autoridades eclesiásticas a intervenir para esclarecer unos acontecimientos cada vez más inquietantes. La investigación recae en un fraile franciscano de carácter heterodoxo, cuyas teorías y métodos se apartan de las corrientes racionalistas que comienzan a imponerse durante el Siglo de las Luces. A medida que profundiza en el caso, se enfrenta tanto al escepticismo de quienes buscan respuestas científicas como a la posibilidad de que tras los sucesos se oculte algo mucho más perturbador. Inspirada en los testimonios y documentos que recogen el que se considera el primer episodio de vampirismo registrado en la Península Ibérica, ocurrido en un convento de la localidad murciana de Calasparra, la película reconstruye una historia marcada por el misterio, la fe y el temor a lo desconocido.