Salva, muchacho a punto de la soltería que trabaja como vigilante nocturno en uno de los mayores polígonos industriales de Madrid, conoce en circunstancias extrañas a Leo, chica que en apariencia se gana la vida recogiendo cartones por las calles de ese mismo polígono. Atraído irremediablemente por Leo, que a su vez arrastra un pasado turbio del cual no consigue liberarse, Salva acepta la única condición impuesta por ella para corresponderle: apartar al hombre que encarna aquel pasado (un extranjero llamado Gabo), viejo maestro en artes marciales con quien la muchacha ha mantenido una relación erótica casi desde la misma infancia.