Cómo te quiero, Raimi.
Raimi es de los pocos directores que hagan lo que hagan, los tendré en un pedestal. Por magnífica obra o pedazo de basura que hagan. 'Send Help', por desgracia, es una decepción esperada.
Y arranca bien, con gancho. Las primeras secuencias --las de oficina--, tienen buena postura: hay intención evidente funcional, hay ritmo (que me recuerda tanto a Zack Synder), hay una construcción sólida. Todo apunta a que va a ser una gran película en un principio. Pero llega el avión... y con él, una caída progresiva hasta acabar estrellándose.
Rachel McAdams es un cuestionable punto de interés. Se mueve en un terreno incómodo: se me hace pedante su personaje y, al mismo tiempo, es magnética en pantalla. Me genera calor y frío al mismo tiempo, lo cual tiene mucho valor. Nunca sé exactamente por qué caminos va a coger, aunque puedo hacerme algunas ideas. No es una actuación que me deslumbre, pero me hace sentir cosas. No me deja indiferente y eso es lo importante. Necesito ver ahora 'About Time', 'The Notebook' y 'Mean Girls' para saber si mi problema con ella es ella misma como actriz, o si es su personaje con la que mantengo una relación tóxica de amor-odio.
Con Dylan O'Brien me ocurre algo similar pero distinto. Siempre me ha parecido un actor, pero actor a secas. Nunca carismático. No trasciende. No dudo tampoco de sus capacidades, pero aquí siento de nuevo rechazo a su personaje. Imagino que en coherencia con la historia, es la intención. Cae mal de forma efectiva.
Donde la película decae es en su textura visual: el CGI. Me rompe la inmersión. Lo veo artificial, maleable como la plastilina, nada tiene peso real. Entiendo que simular un accidente de avión ha de costar hacerlo de verdad, pero si Nolan pudo estrellar un avión y simular una bomba atómica sin necesidad de efectos visuales, me hace pensar que de alguna forma, se pudo hacer de verdad. Quizá mi problema no sea el resultado de la película ni sus técnicas de producción, sino que me estoy volviendo demasiado exigente.
Quitando todo el falseo digital, es fácil de ver y no atosiga como el Super-Man de Snyder. Hay mucha intención en dónde colocar la mirada del espectador, y se subraya con fuego con los zooms. Este estilo tan extravagante de hacer cinematografía me recuerda mucho a 'Drag Me to Hell', una de esas películas que tratan --supongo-- de dar miedo, pero parece que son primas de 'Scary Movie'. Me acabo riendo más que asustando. Y es curioso que me ría, porque se me hace inesperado el gore y la explicitud sangrienta de Raimi. Me hace enderezar la espalda a veces y lo agradezco, porque no deja de ser estímulos, cosa que casi no me provoca esta película. Qué decir, me gusta el cine agresivo, así que punto positivo.
Ahora, también cojea de su predecible y cansina historia. La dinámica de empleada infravalorada frente al jefe arrogante, con el inevitable cambio de roles, es demasiado previsible. Sé cómo van a ser los últimos minutos nada más leer la sinopsis. El factor sorpresa no existe. Y, a ver, el principal problema está en la relación entre los dos personajes protagonistas: dos personajes que no se soportan obligadas a convivir en una situación límite. Es buena idea, pero la ejecución no ayuda.
Es una película muy peliculera. Todo está excesivamente construido. Claro, el cine siempre lo es, tenemos a Hitchcock y a Kubrick, dos directores que no dejaban detalle sin resolver. Pero es que aquí lo percibo mal. Exagerado. Y soy consciente de la contradicción: cuando una película es demasiado realista, exijo que vaya un poco más allá y aproveche las ventajas que ofrece el cine; cuando lo hace, le reprocho que es poco auténtica. También es un problema mío.
La peor película que he visto de Raimi hasta ahora. No esperaba mucho y menos mal, porque aunque sea decepcionante, no es como recibir una patada en la zona sensible. No la compro y eso me fastidia, porque es un gran director, pero incluso los mejores tiradores a veces fallan.