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Arturo Jr Hurtado
8 críticas
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3,5
Publicada el 18 de enero de 2026
Turno de guardia es una película que busca dar visibilidad al día a día de una profesión de la que, poco a poco, mucha gente se está bajando del barco. No desde el espectáculo ni desde la épica exagerada, sino desde el desgaste, el cansancio y la acumulación silenciosa de responsabilidades que nadie ve.
Para quienes venimos siguiendo The Pitt en HBO, la película resulta inevitablemente familiar. Ambas parten del mismo conflicto: afrontar una jornada laboral bajo una escasez alarmante de recursos humanos y una demanda constante de pacientes que necesitan ser atendidos, cuidados o directamente salvados. La diferencia es que Turno de guardia huye del género de la adrenalina y la acción, y apuesta por una mirada más realista sobre el trabajo de las enfermeras.
Aquí no hay heroísmo espectacular. Hay un hospital donde solo hay dos enfermeras por piso, decisiones tomadas a contrarreloj y consecuencias inevitables. La protagonista ni siquiera logra completar su turno, y la muerte de una paciente a la que no alcanzó a atender se convierte en el golpe emocional que define la película. En su último tramo, el relato se centra más en el sentir del personaje que en las acciones, dejando atrás el ritmo más activo de la primera hora. Ese cambio deriva en un final claramente melodramático, que puede no convencer a todos.
Aun así, la película funciona como una carta de auxilio dirigida al gremio sanitario. No solo como homenaje, sino como una súplica para que se queden. Los letreros finales con estadísticas reales sobre el abandono de la profesión refuerzan esa intención: Turno de guardia es una invitación a resistir, a permanecer en la vocación, pero también un reconocimiento a estos héroes silenciosos de la clase trabajadora.
La protagonista es clave para que el mensaje funcione. Es una figura tierna, carismática y cercana, alguien que se gana al espectador desde el primer minuto. Su presencia aporta humanidad y hace que el desgaste emocional se sienta genuino. El mensaje final es claro: resiliencia, paciencia y dignidad en un sector colapsado que sigue sosteniendo el sistema.