La decepción es tan fuerte como el dolor que tuvo que soportar Cristo.
La curiosidad y la distancia personal son las razones por las que veo esta película con tantas ansias. Lo último que esperaba era encontrarme con una reinterpretación tan terrenal de figuras tan asentadas en el imaginario colectivo. Scorsese deja claro rápidamente que no pretende ser una representación convencional tal como siempre me han contado en colegios, por ejemplo, o familiares, amigos e Internet. El enfoque aquí es la exploración del pecado, la duda y la tentación desde un lugar muy humano. Así que mi entrada no es sencilla. Los primeros minutos son confusos y me desorientan; me cuesta ubicarme emocional y narrativamente en lo que estoy viendo. Y esa sensación no se disipa, sino que me hace desconectarme progresivamente. El ritmo tampoco ayuda.
Gran parte de ese distanciamiento nace de mi propia relación con el discurso que propone la película. La insistencia en el amor como respuesta universal --como solución mística a cualquier conflicto-- es difícil de aceptar. Hay una distancia considerable entre lo que predica y lo que asimilo, y eso condiciona toda la experiencia. Aun así, encuentro interesante la manera en que Scorsese aborda el conflicto interno de su protagonista. Porque más que una figura inalcanzable, me lo presenta como alguien atravesado por la duda, las tentaciones y las contradicciones. Precisamente lo que he dicho antes. Lo bueno es que esa mente se cuestiona a sí misma constantemente, enfrentándose a visiones, a impulsos y a una lucha moral que no me parece resolverse del todo. Esa humanización me gusta, al menos. Willem Dafoe cumple con esa intención. Sabe construir un personaje frágil y dividido. Aunque no se me hace suficiente. Reconozco el valor de la interpretación, pero no conecto ni de lejos con él.
Viniendo recientemente de 'Ben-Hur', la propuesta visual de Scorsese es apagada y menos expresiva. Claro que no puedo compararla de ese modo y valorarla así, pero aun así, los colores poco saturados, parecen buscar una atmósfera de sufrimiento y conflicto, pero en mi caso es de monotonía visual. La iluminación, más funcional que expresiva, y un ritmo que no encuentra su cadencia emocional. Es aburrida de ver. Así que mi principal problema no es tanto lo que cuenta, sino cómo.
La idea de salvar al mundo puede ser un acto de arrogancia frente a la necesidad de salvarse a uno mismo. Una reflexión sugerente, pero que, llevada a tal punto, es contradictoria. ¿No hay ego en esa acción? A nivel personal, me posiciono agnósticamente y eso influye mucho en la lectura que hago de la película. Intento acercarme a su discurso, incluso lo llego a comprender, pero cuanto más insiste en sus postulados, más difícil es conectar con todo. No rechazo la fe como concepto, pero sí que me cuesta aceptar su aplicación como respuesta universal a realidades complejas como la violencia, el sufrimiento o la justicia.
Tampoco puedo negar que 'La última tentación de Cristo' tiene valor. No se limita a representar el dolor desde una perspectiva ritual o simbólica, sino que se adentra en la pelea íntima, en la lucha interna de un individuo que carga con algo que lo supera. Ahí encuentro su verdadera fuerza: no en lo divino, sino en lo humano. Ojo, que sigo refiriéndome a todo lo relacionado con lo moral y lo ético, con lo que piensa y cuestiona Cristo --Willem Dafoe--.
He estado distanciado y aburrido. No me falta contenido, porque es un guion completito en cuanto a lo que quiere contar, pero lo que siento no es algo positivo. Así que, en definitiva, es una buena película pero no de mi gusto. Es arriesgada y puede ser incómoda para algunos, pero no logra trascender el discurso para convertirse en algo puramente emocional. No es tanto cuestión de calidad, sino de sintonía.