Willard
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decatur555
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2,5
Publicada el 29 de junio de 2026
Willard es una película rara. Rara de verdad. De esas en las que uno no sabe muy bien si el director ha hecho exactamente lo que quería o si simplemente a todo el mundo se le fue la pinza durante el rodaje. Tiene atmósfera, tiene personalidad y tiene a Crispin Glover en modo absoluto, pero también es una cosa tan torcida, tan incómoda y tan pasada de vueltas que cuesta saber si funciona como terror, como comedia negra, como drama de marginado o como delirio con ratas.

La historia sigue a Willard Stiles, un hombre solitario, reprimido y socialmente torpe que vive con una madre enferma y dominante, aguanta humillaciones en el trabajo y encuentra en las ratas de su casa la única forma de compañía y poder. A partir de ahí, la película construye una especie de descenso a la locura donde los roedores se convierten en amigos, ejército, venganza y reflejo de todo lo que el protagonista no puede controlar.

Crispin Glover es, sin duda, lo mejor de la película. Y también una de las razones por las que resulta tan extraña. Su interpretación parece venir de otro planeta: miradas desencajadas, gestos rígidos, voz quebrada, cuerpo encogido, una mezcla de niño asustado, adulto roto y psicópata en formación. No es una actuación “normal”, ni falta que le hace. Glover convierte a Willard en alguien desagradable, patético, inquietante y, por momentos, casi triste. Otra cosa es que la película sepa siempre qué hacer con esa intensidad.

Porque Willard tiene un problema claro: quiere ser muchas cosas a la vez y no todas encajan. Como película de terror, las ratas no dan tanto miedo como deberían. Incomodan, sí, y hay imágenes repulsivas, pero no terminan de generar verdadero pánico. Como drama psicológico, tiene una base interesante sobre humillación, soledad y resentimiento, pero todo está tan exagerado que la emoción queda medio sepultada bajo el artificio. Y como rareza de culto, ahí sí funciona mejor, porque la película tiene una personalidad difícil de confundir.

El tono es lo más desconcertante. Hay momentos que parecen buscar el horror clásico de casa vieja, sótano húmedo y criatura acechante. Otros parecen una fábula cruel sobre un hombre pisoteado que encuentra poder donde solo había miseria. Y otros directamente parecen una broma macabra que nadie se ha molestado en explicar. Esa mezcla puede resultar fascinante si entras en el juego, pero también puede dejarte fuera, mirando la pantalla y pensando: “¿qué demonios estoy viendo?”.

Visualmente, eso sí, tiene cierto gusto. La casa, la oficina, los colores apagados, la sensación de suciedad emocional y física, todo ayuda a crear un mundo cerrado y desagradable. Glen Morgan no hace una película plana. Hay intención estética, hay atmósfera y hay una voluntad clara de convertir la historia en algo más estilizado que un simple festival de ratas. El problema es que el argumento es bastante pobre y no siempre sostiene tanta extravagancia.

R. Lee Ermey funciona muy bien como jefe abusivo y desagradable, casi una caricatura de la autoridad cruel. Laura Harring aparece como posible presencia amable en la vida de Willard, aunque el personaje queda algo desaprovechado. En realidad, todo gira tanto alrededor de Glover y de las ratas que cualquier otra cosa parece secundaria.

Willard no me parece una buena película en sentido pleno, pero tampoco es una película vulgar. Es demasiado rara para ser olvidable. Al director y a Crispin Glover se les fue la pinza, sí, pero al menos se les fue con estilo. Tiene momentos inquietantes, otros ridículos, otros directamente fascinantes por lo torcidos que son. No da demasiado miedo, no emociona demasiado y narrativamente no es gran cosa, pero como objeto extraño tiene su gracia.

Una película para verla más por curiosidad que por auténtico placer. Si te apetece una rareza con ratas, mansión decadente y Crispin Glover haciendo de Crispin Glover elevado al cubo, puede tener cierto interés. Si buscas una película de terror realmente eficaz, probablemente se quede corta.
Elvis Del Valle
Elvis Del Valle

250 usuarios 768 críticas Sigue sus publicaciones

4,5
Publicada el 10 de febrero de 2025
La segunda adaptación de Ratman's Notebooks no solo vuelve a narrar la historia de Willard, sino que rinde homenaje a la película original y a una parte de su secuela. Hay unos cambios creativos y no hay tantos personajes como en la primera adaptación, pero esta película tiene la atmosfera intrigante y tensa que caracteriza a la novela. El excéntrico Crispin Glover brinda una excelente actuación como Willard y la película profundiza bastante en su psicología. Se puede sentir bastante la frustración y el dolor que él siente al tener una vida miserable y solo se siente aliviado con la compañía de Sócrates. Además, la película también muestra como toda esa frustración hace que Willard empiece a enloquecer y a ser dominado por la ira. A diferencia de la primera adaptación que le dio un buen desarrollo a Willard como personaje, aquí hay una mejor profundización y exploran los sentimientos de Willard. Su jefe Martin es mucho más desagradable en esta película que en el clásico original y eso hace uno se ponga del lado de Willard al ver como lo maltrata constantemente. Al igual que en las películas anteriores, hay un buen uso de ratas entrenadas con uso de efectos especiales en el momento adecuado. Mientras Sócrates es igual a su contraparte original, Ben es el que más antagonismo. En las películas anteriores, Ben no era un villano exactamente. Aquí decidieron que Ben fuera más antagónico por como desafía a Willard y lo hace sentir incómodo. En las películas anteriores Ben no desafiaba tanto a Willard y actuaba como las demás ratas. En esta película, Ben se muestra desafiante y Willard comete el error de subestimarlo demasiado. En la novela, lo que motiva a Ben son los celos que siente debido a que Willard le tiene más cariño a Sócrates, en esta película supieron plasmar eso bastante bien. La película no podía estar completa sin haber incluido la canción de Ben. Aunque la segunda película no es un clásico muy memorable, dejo buenos momentos como la amistad entre Ben y Danny y la canción de Ben interpretada por Michael Jackson. Al ser uno de los primeros éxitos de Jackson, merecía ser utilizada en esta película nuevamente. Crispin Glover incluso tuvo el honor de interpretar una nueva versión de la canción. La banda sonora de Shirley Walker también tiene su mérito por aportar en los momentos de tensión y humor. Aunque el final no es como el de la película original, es bastante acertado. La novela original tiene un final ambiguo en el que no se sabe si Willard muere o sobrevive, así que tanto esta película como la de 1971 hacen bien en usar las dos posibilidades. Willard (2003) es tanto una de las mejores películas de los años 2000 como la mejor de la saga de Willard y eso es gracias a la actuación de Crispin Glover que termina robándose toda la película. Mi calificación final para esta película es un 9/10.
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