Poderosamente buena.
No quiero reconocerlo, pero es un pequeño desafío personal el ver esta película en 2026. Más de dos horas de metraje, cine mudo, blanco y negro, y un trasfondo religioso que, de entrada, nunca conecta especialmente conmigo. Esperaba una experiencia densa y muy distante. Sin embargo, lo que encuentro es algo mucho más vivo de lo imaginado. Y sin tener mucho conocimiento del contexto histórico (narrativo), siento que aprendo mientras veo todo, como si Fred Niblo me mostrase una puerta de entrada a una época de la que desconozco mucho. No es un documental tampoco, sino una reconstrucción que, al menos desde lo sensorial, es coherente y envolvente. Por ejemplo, la representación de la esclavitud emerge con una crudeza que es incómoda y reveladora.
Tiene una fuerza hipnótica visual. No hablo solo de belleza, sino de una especie de conciencia estética muy adelantada a su tiempo: encuadres que saben perfectamente qué mostrar, imágenes que parecen pensadas para quedarse en la memoria del espectador... me es fácil imaginar que, en una futura revisión, esa dimensión gráfica vuelva a sorprenderme. Aunque lo que más me descoloca --para bien--, es su ritmo. Contra todo pronóstico, no siento el peso del tiempo. Tampoco la vivo fragmentada o irregular. Todo está medido al detalle. Eso no quiere decir que no haya momentos en los que me reacomode en el asiento. Simplemente nunca pienso que sea algo denso.
Mención aparte para la escenografía y los vestuarios --de nuevo, desde lo visual y valorándolo desde el diseño de producción--. Hay una ambición en la producción que es impresionante. Me sorprendente la sensación de veracidad que transmite. En un presente donde la gran mayoría de cine cae en lo falso, aquí la materialidad es tangible. Cuesta recordar que esto pertenece a 1925, una etapa donde el cine aún está conociéndose a sí mismo.
Como ya me ocurrió con la de 1907, aquí el tema sigue sin ser de mi puro interés personal, pero lo que me gusta es la forma de contarlo. Es más el "cómo" que el "qué". La historia, en sí misma, no se me hace fascinante como digo, pero sí lo suficientemente entretenida como para mantenerme atento, implicado en su desarrollo. Ahí es donde la película gana terreno y puntos. Y porque las interpretaciones también rompen mis expectativas. Hay una fuerza, una credibilidad, que cierto es que a veces tienen ápices demasiado teatrales, pero la gestualidad es más pura de la que tienen los actores de hoy en día. Consigo creer en ellos, en sus conflictos y en sus miradas, cosa en que fallará por completo el remake del 2016.
Lo malo es que en las elipsis espaciales y temporales me pierdo un poco porque las siento como saltos demasiado grandes, pero la película me permite reencontrarme fácilmente. Nunca me voy del todo. Logra ser accesible sin renunciar a la complejidad. Incluso en los momentos más esperados, como la carrera de cuadrigas, espero una cosa y veo otra. No es que falle, pero esperaba creo algo más grande. Sí, es muy grande, pero me da la sensación como de que podría haber llegado a un poco más. Igualmente, sigue teniendo mérito la forma de llevar todo a cabo por parte de Niblo.
No es una película que me haya encantado, pero tampoco necesitaba que me entusiasmara. La disfruto de principio a fin, incluso tratándose del terreno temático. Y eso tiene un valor enorme, porque aunque no conecto con ella desde la ideología --sino desde la historia--, es como si estuviese observando el pasado reconstruido. El cómo mostrar la figura de Jesús de Nazaret, es un detalle que aprecio: es una presencia que conecta, que da sentido y sin necesidad prácticamente de mostrarse explícitamente. Su peso es innegable. Quizá por eso, siendo alguien que se sitúa fuera de lo religioso, encuentro aquí algo inesperado. No desde la fe, sino desde la curiosidad. Desde la historia. Desde el mismo cine.
No me voy con las manos vacías, sino con la sensación de haber experimentado una obra que, más allá del gusto personal, se impone por todo lo demás. No es mi referencia en el cine de venganza, pero sí que es difícil salir de esta historia con un sabor de boca amargo.