Me ha parecido una película muy graciosa, pero de esas que no buscan caer simpáticas, sino incomodar un poco mientras te hacen reír. Tiene ese tono tan suyo de Álex de la Iglesia: personajes pasados de vueltas, situaciones cada vez más absurdas y una sensación constante de que todo está a un paso de estallar.
Lo que más me ha gustado es cómo convierte un entorno tan cotidiano como unos grandes almacenes en una especie de jungla grotesca. Todo está llevado al exceso, claro, pero funciona porque la película nunca intenta disimularlo. Va de frente con su humor negro, su mala baba y esa mirada bastante cruel sobre la ambición, la apariencia y la mediocridad.
Guillermo Toledo está muy bien en ese papel de tipo encantado de conocerse, ridículo y miserable al mismo tiempo. Y Mónica Cervera, para mí, se come la película. Su personaje tiene algo incómodo, exagerado y tristísimo a la vez, y precisamente por eso deja bastante huella.
También me gusta mucho el ritmo. La película va lanzada, casi sin darte respiro, y Álex de la Iglesia sabe mover la cámara, los cuerpos y el espacio con una energía que hace que incluso cuando todo se vuelve más disparatado siga habiendo sensación de control. Ahí se nota mucho su mano.
Sí creo que hay momentos en los que se pasa un poco de rosca, como suele ocurrirle, y no todo tiene exactamente el mismo nivel. Pero incluso cuando aprieta demasiado el acelerador, sigue habiendo una personalidad muy clara detrás. No es una comedia cualquiera ni busca serlo.
En conjunto, me parece una muy buena comedia negra, muy divertida, bastante retorcida y con un estilo visual y narrativo muy potente. No es sutil, desde luego, pero tampoco lo necesita. Cuando entra en su locura, funciona muy bien.