Admitido es una de esas comedias que no aspiran a mucho más que a entretener durante hora y media, y eso se nota desde el principio. La idea de partida es simpática, incluso con cierto potencial satírico, pero la película prefiere ir por el camino fácil: chistes rápidos, situaciones absurdas y un tono constantemente ligero que nunca se complica la vida.
Durante el primer tramo funciona mejor. Hay ritmo, alguna ocurrencia con gracia y una sensación de comedia gamberra que, sin ser brillante, al menos resulta agradable. El problema llega cuando la historia empieza a estirarse y da la impresión de que no hay suficiente material para sostener todo el metraje. Ahí es donde la película se vuelve repetitiva y pierde frescura.
El humor es muy irregular. Algunos gags entran, otros se quedan a medio camino y muchos parecen pensados para un público bastante concreto. No es una comedia especialmente fina ni ingeniosa, y a ratos se apoya demasiado en lo obvio. Aun así, si conectas con su tono, puede sacarte alguna risa sin esfuerzo.
Los personajes funcionan más como excusa que como algo realmente desarrollado. Hay carisma y cierta energía juvenil, pero pocas ideas que se exploten de verdad. La película apunta a una crítica al sistema educativo y a la obsesión por el éxito académico, pero nunca se atreve a profundizar demasiado en ello.
En conjunto, Admitido es una comedia aceptable para pasar el rato, sin grandes pretensiones ni grandes decepciones. No deja huella ni sorprende, pero tampoco se hace especialmente pesada si entras en su juego. De esas películas que se ven, se olvidan y ya está.