Midori se enfrenta a serios problemas: deudas que van a más y una casera que la presiona para pagar el alquiler que le debe. Su mejor amiga se niega a prestarle dinero, dejando a Midori entre la tentación de la intimidación o un pequeño robo, soluciones rápidas pero que no se sostienen.
Reflexionando sobre su situación, se da cuenta que conseguir un trabajo podría ser su solución, aunque eso reduciría el tiempo para sus divertidas aventuras en la gran ciudad, obligándola a elegir entre responsabilidad y libertad.
