Me ha parecido un auténtico bodrio. De esas veces en las que no solo no entras en la historia, sino que además te preguntas constantemente cuánto queda para que se acabe. No me ha interesado ni la manera de contar el caso ni la forma en que intenta dosificar la información, y eso en un true crime es casi letal.
El gran problema es que no consigue que te importe de verdad nadie. Ni la víctima, ni el entorno, ni la investigación, ni siquiera el propio asesino como figura documental resultan lo bastante potentes como para sostener el conjunto. Todo está contado de una forma plana, sin pulso, sin tensión real y sin una mirada que justifique por qué esta historia debía convertirse en una miniserie.
Y luego está él, claro: el dichoso desdentado, convertido casi en presencia central de un documental que no sabe muy bien qué hacer con su figura. En vez de producir inquietud o fascinación, termina generando cansancio. Sale tanto, pesa tanto y está tratado de una forma tan torpe que más que reforzar el documental lo hunde todavía más.
Tampoco me ha gustado nada el tono general. No me parece especialmente profundo, ni especialmente revelador, ni especialmente hábil a la hora de construir suspense. Va avanzando como por inercia, confiando en que el mero hecho de tratar un crimen ya debería bastar para mantenerte mirando. Pero no. Aquí no hay atmósfera, no hay fuerza narrativa y no hay verdadera capacidad de atrapar.
Lo peor es que ni siquiera me provoca esa curiosidad morbosa que a veces salva documentales flojos. En lugar de dejarte pensando o removido, lo único que te deja es una sensación de tostón tremendo. Acabas más pendiente de terminarlo que de entender nada, y eso lo dice todo.
En conjunto, no me ha gustado nada. No entiendo demasiado que haya gente que lo valore positivamente porque a mí me ha parecido una miniserie torpe, aburrida y sin gancho alguno. Un true crime que no genera ni interés, ni impacto, ni emoción.